8 cosas que detesto hablar con otras mujeres


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Algo bueno debí haber hecho en mi vida pasada, porque en ésta me topé no solo con excelentes amigas, sino con mujeres ejemplares en muchos sentidos que me han formado más o menos como soy ahorita. Ellas me han enseñado a maquillarme sin que parezca que lo hizo un payaso con síndrome de abstinencia, a no mal viajarme cuando las tachas están muy fuertes,  a solo pensar cosas impecables, a que lo práctico quita lo romántico,  a ser paciente y a tratar de ser mejor persona mientras esté en esta tierra. Entre otras cosas.

Quizá sea porque tengo las amigas más cool del planeta que me cuesta mucho trabajo hacer nuevas amigas cuando llego a un lugar nuevo, especialmente a un trabajo. O quizá sólo me estoy volviendo inmamable.

Lo cierto es que hay vicios y actitudes que las mujeres deberíamos de dejar por el bien de la humanidad. Y no se, quizá podríamos concentrarnos en nuestro crecimiento espiritual, en cultivar una carrera profesional o recordar villanos en telenovelas de los 90s. Just a thought.

Ahí les van, personalmente, los pet peeves que no tolero en conversaciones con otra mujer:

 

Hombres

Entiendo que sea más fácil preguntar “tienes-novio-estás-casada-para-cuando-los-hijos” que no sé…¿cuáles son tus sueños y ambiciones en la vida? o ¿cuál es tu postura en el conflicto Israel-Palestina?

La respuesta al primer set de preguntas siempre es más corta y es TAN FÁCIL como hablar de un terremoto con un extraño justo cuando acaba de temblar. La reacción que sigue a estas preguntas es lo realmente detestable. Cada vez que alguien responde a esa pregunta con un “no, ahorita no”, es como si le hubieran presentado a la mamá de la interlocutora y la hubiera bajado por los chescos. Eso o un silencio incómodo.

1En el mejor de los casos.

Para algunas mujeres es difícil concebir un futuro sin marido y niños sin imaginarse inmediatamente a Diana Bracho en Cadenas de Amargura; pero eso no significa que no puedan poner juntos todos sus dones histriónicos y fingir -por lo menos y por educación- indiferencia.  Lo cual me lleva al siguiente punto.

 

Tic Tac

Como si uno no tuviera suficientes tías que se aseguran de que no se te olvide tu edad y exactamente cuántos óvulos te quedan, un día te ves discutiendo en el baño con una perfecta desconocida el por qué ahorita no quieres tener hijos (true story, más de tres veces).

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Según la última Convención de Estocolmo de Buenas Maneras, ya es perfectamente aceptable contestar a todas estas inquisiciones con un te-vale-verga-no? Es totalmente invasivo cuestionar las razones de un ser humano por no reproducirse, sin mencionar el hecho que podrías de paso herir sentimientos, susceptibilidades o ganarte un zape.

 

 En que se parece un hombre a …

Años de lucha contra el sexismo y por la igualdad de género  para que venga Lupis, la ardida de Contabilidad a contar chistes sobre qué tan inanes/detestables/inservibles/ratadedospatas le parecen los hombres.

Y no hay que ser un brillante médico forense para deducir que:

a)      A Lupis no le ha ido bien en el departamento del amor

b)      Lupis compartirá imágenes con estos chistes escritos en comic sans, lo subirá a Facebook y te taggeará. Tú te destaggearás rezando porque nadie haya visto eso, y probablemente no le vuelvas a hablar a Lupis.

c)       Sorprendentemente, a los hombres no les emociona la idea de salir con Lupis, un estandarte viviente de la misandria pura.

Como Lupis hay miles de otras Lupis que sentirán cierta satisfacción ridiculizando los shortcomings (pun intended) de hombres. Hombres que terminan pensando que odiar a los hombres es señal de feminismo. Y por lo anterior, y en nombre de todas las mujeres en el mundo, gracias Lupis!

 

 

La palabra P.

En primera, no concibo a una mujer con la superioridad moral para llamar otra mujer puta (excepto 
quizá, Diana Bracho en Cadenas de Amargura).

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Pero OK, imaginando que un montón de Dianas Brachos te acusarán de andar de pronta, SO FUCKING WHAT? Tener sexo (premarital, homosexual, casual, oral o intralaboral) es  lo-de-me-nos hoy en día, a sabiendas que allá afuera hay misiles en manos de torpes rebeldes ucranianos, volátiles líderes Norcoreanos o gente que aún recuerda a Diana Bracho en Cadenas de Amargura.

Lo único triste de la situación es que las mujeres han peleado (a veces con uñas y dientes) por desmitificar su sexualidad y dejar de ser tratadas como objetos. Y cada vez que una mujer le dice a otra puta, le está dando permiso a un tanto cuanto de hombres para tratarlas así. Y honestamente, la que no haya abierto las piernas después de una botella de vino, que tire la primera piedra…

 

La otra palabra P.

True story: tenía esta roomate que andaba por la vida paseándose con una actitud muy “perra” y me decía que debía ser más “perra” y se refería a todas sus amigas como “perras” y a todos nos parecía que, salvo por el indiscriminado uso de la palabra “perras”, la tipa era funcional y tenía una personalidad un tanto fuerte, pero una personalidad nevertheless.

Hasta que un día, nos dimos cuenta que ser “perra” incluía tomar ventaja de tus amigos, tratar de humillar al impávido que se deje, tener un colapso que derivaría en paredes graffiteadas con pitos gigantes y el eventual aislamiento por parte de todas tus amistades. Y eso, es lo que pasa cuando una se los da de “perra”.

En resumen, señoritas,  dártelas de muy salsita casi siempre implica que no eres NADA salsita y tratas, más bien, de compensar ciertas inseguridades pisoteado y maltratado a alguien más. Para más información sobre “perras”, véase el tratado que escribí aquí.

 

El que quiere azul celeste, que le cueste.

Cuando mi hermana y yo íbamos en primaria, mi mamá decidió que como no tenía carrera universitaria, estudiaría una. Cuando se lo contó a sus amigas, una le preguntó escandalizada: “¿Pero por qué? ¡Si ya nos casamos!”

Eso me parece aún más honesto que andar por la vida subiendo videos de Beyoncé  y pavoneándose sobre cierta emancipación económica que una no piensa usar.  En el fondo, muchas mujeres solo quieren ser mantenidas. Y está bien, mientras sean claras como la pícara y descarada amiga de mi mamá. Hacerlo a modo robo hormiga y convertir a tu novio en tu proveedor y benefactor anónimo, es casi como ponerle una roofie a tu cita en su bebida  y robarle la cartera.

 

Ex novias

Dependiendo del estado de una relación, la percepción sobre la exnovia varía. Por ejemplo, cuando una está engatusada, lo más probable es que se imagine a la exnovia como una hermosa pero mortal máquina de sexo que podría o no intentar arrebatarte a tu hombre.

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Hola, vengo por mi exnovio.

La ex es una naquísima/una piruja/muerta de hambre  cuando nos sentimos inseguras/borrachas/en una telenovela respectivamente. Pero  finalmente, cuando cortamos empezamos a entender un poquiiiito más de la compleja personalidad que nos formamos de la ex, y quizá hasta consideremos tenerle un poco de empatía.

La realidad es que  todas hemos sido exes y nuestras mamás han sido exes y nuestras abuelitas han sido exes y nuestras madrinas de bautizo… bueno, ya.  Probablemente, no todas seamos inestables roba hombres con una sed insaciable por el sexo. Probablemente solo hayamos tenido parejas en la que rara vez pensamos pero recordaremos con cierto grado de afecto. Y excepto por todos los casos documentados en Laura en América, casi todo el drama alrededor de la exnovia, existe solo en nuestra imaginación.

 

…pero ella está más gorda.

Hasta hace poco, la entrada de Wikipedia en español sobre Elba Esther Gordillo obviaba muchos de los logros y desatinos de Elba Esther, pero mencionaba que era considerada la mujer más fea de México. Poco importó que la tipa hiciera ver a Berlusconi como Martin Luther King… la tipa era fea y ESO era imperdonable. Hay un corto circuito en la psique colectiva, cuyo primer instinto es concebir a la mujer como decoración. Eso podríiiiiaaaa tener sentido para un hombre, cuyos instintos animales lo llevarán a escoger a la hembra más fecundable (y por ende, más sabrosa). ¿Pero entre nosotras?

Digo, en el mero supuesto que hubiera un love child entre Monica Belucci y Kate Upton emitiendo juicios por ahí; creo que hablo por todas cuando digo que un día la piel, la báscula, la elasticidad y la gravedad nos traicionarán. Y es mejor tratar a las demás como quisieras ser tratada cuando la talla 5 no te quede.

Comentarios
Janet Aguilar
A los veinte quería ser detective y periodista de nota roja. Me metí a unas clases y al final del semestre, el profesor me dijo que no podía acompañarlos al examen final porque llamaba mucho la atención. Una forma sutil de decir que mi altura y boobs podían hacer que mataran a toda mi clase. A partir de eso, hice las dos cosas que podía hacer con lo que me dio la vida: modelar y escribir cosas que no fueran nota roja.
Diez años después, soy un personaje de reparto de una novela de Salinger. Me gusta fumar cuando salgo de bañarme y guardar mis cigarros en las bolsas de mi bata. Y estoy convencida que Paul McCartney es mi papá.

A los veinte quería ser detective y periodista de nota roja. Me metí a unas clases y al final del semestre, el profesor me dijo que no podía acompañarlos al examen final porque llamaba mucho la atención. Una forma sutil de decir que mi altura y boobs podían hacer que mataran a toda mi clase. A partir de eso, hice las dos cosas que podía hacer con lo que me dio la vida: modelar y escribir cosas que no fueran nota roja. Diez años después, soy un personaje de reparto de una novela de Salinger. Me gusta fumar cuando salgo de bañarme y guardar mis cigarros en las bolsas de mi bata. Y estoy convencida que Paul McCartney es mi papá.