Adiós, amor…


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Siempre cuando dicen que “enfrentemos nuestros miedos”, uno se imagina saltando al vacío o poniéndose frente a grandes monstruos… Pero no todo tiene que ser tan literal. Yo, por ejemplo, pensé que uno de mis más grandes miedos era perderte y para superarlo tengo que enfrentar eso. ¿Perderte?, pero si ni siquiera te tengo, ni te tuve realmente alguna vez…

En fin, es por mí que hago esto. Mi límite para quererte termina donde empieza mi amor por mí.

No se trata de “dejarte ir”, porque nunca pedirás mi permiso, si tienes que irte, te irás sin más, sin importarte, como pareciera que no te importa ahora que me aleje.

Es gracioso cómo pensé que nuestra historia era única y encontré cercanas a mí, personas que se debatían entre los mismos demonios que yo, aquéllos que les impedían dejar este tipo de relaciones donde el hombre no se compromete y nosotras siempre pensamos: “pero me quiere”, “pero también para mí es cómodo”, “pero me trata bien, me presentó con su familia, estuvimos el fin de semana juntos”, pero, pero, pero… Pero he aprendido que son excusas y justificaciones que nos damos nosotras mismas para no ver el panorama completo: ¿qué te impide estar conmigo de lleno o comprometerte? Nada. Sólo tú. Igual que aquéllos otros personajes.

“Comprometerte”, suena complicado, pero no lo es. Si pudiera, te invitaría yo a una relación libre y sana, acompañándonos, sin perder nuestra individualidad ni nuestra autonomía… Tal vez como estábamos, pero dándole un verdadero lugar el uno al otro. ¿Pensar en el futuro? No, ¿para qué? El chiste sería disfrutar nuestro presente y ver a dónde nos va llevando día a día.

Pero, ¿qué pasó en las demás historias? Tal como yo estoy haciendo ahora, decidieron moverse, irse, sufrir un duelo antes de que fuera demasiado tarde. Porque hay un momento en el que nos damos cuenta de que todas esas excusas (al igual que ustedes) alimentan una fantasía, la fantasía de: “algún día me querrá en serio” (¿En serio? ¿En verdad? Repítetelo hasta que te lo creas, querida).

Hay una canción que dice: “Say something I´m giving up on you”, y me hace pensar que muchas veces las mujeres queremos correr y que alguien vaya tras nosotras, pero ¿sabes qué? Nunca es así.

¿Otra de nuestras grandes mentiras? Fingir que todo está bien cuando un hombre dice que “no quiere nada serio”, ella a lo mejor tampoco lo quiere, ¡hasta que realmente lo quiere! Hasta que comienzas a clavarte… Eso justo lo platicaba con unos amigos que no entendían el por qué del proceder de las chicas con las que salían… Es la verdad, a veces verdaderamente creemos estar bien con eso, para “estar”, tal vez no en todos los casos, pero sí en la inmensa mayoría, o tal vez no es así al principio, dicen que “es de sabios cambiar de opinión”, pero ustedes no cambian de opinión y eso es lo que nos decepciona, porque creemos que sienten lo mismo, que algo puede germinar a pesar de esa premisa, pero no es así.

Ustedes también a veces mienten y quizá dicen lo que no sienten o lo que creen que queremos escuchar, para conservarnos, para tenernos como “su velita encendida”. Yo era tu “velita encendida”, aprendí a reconocerlo. Alguien que está ahí a pesar de todo, incondicionalmente. Te vayas cuando te vayas y regreses cuando regreses, a quien ves cuando quieres y cuando no, no. Sí, ya sé que según tú, muchas veces las cosas se hicieron a mi forma, te vi cuando yo quería, pero ¿sabes por qué? Porque también era muy cómodo para ti que yo llegara a tu casa cuando quería verte.

Lo que hay que entender es que no hay víctimas, ni victimarios. Yo inicié esta pseudorelación  a sabiendas de que no podías ofrecerme nada más, sin más expectativas de que pasaras por mi vida y listo, así sin más y retirarme cabalmente, pero cuando me cambiaste la jugada y pensé que podíamos ser algo más, ahí fue donde todo empezó a valer gorro. Después fue la convivencia: comencé a quererte y preferí quedarme, viviendo de esa cercanía y alimentando mis fantasías con esos momentos de locura tuya, de esos “te quieros”, de esos “te necesito”, “te adoro”, “mi amor”, “tú eres la única”, “quiero estar contigo”, “quiero todo contigo”, “quiero vivir contigo”… Haciendo caso omiso de muchos de tus actos, que me demostraban lo contrario.

Pero tampoco son ustedes los que nos ponen en este puesto, somos nosotras mismas las que nos colocamos ahí y lo aceptamos tal cual. Algunas pueden ser felices, yo no, perdón. Puedo ser feliz por momentos, pero me doy cuenta del tipo de mujer que soy y la realidad es que sí tengo expectativas, no como las que tú crees, nunca he querido cambiarte, lo sabes, te quiero y te acepto tal cual. No espero más de ti de lo que sé y me has enseñado que puedes dar, pero deja tú eso, lo que espero realmente del hombre al que quiero es que me de un título y un lugar en su vida.

-“Tengo muchas amigas, pero nada más. No pretendo y mucho menos quiero tener novia, menos ahorita, porque estoy bien como estoy y quiero sanar mis miedos solo, no depender de nadie”, fue tu discurso, muy aceptable.

-“Lo sé y por lo mismo pondré todo de mi parte para ya no buscarte, no puedo seguir lastimándome yo sola”, fue mi respuesta.

He respetado tus decisiones desde el primer instante, es por eso que llevo meses a tu lado, a oscuras, sin que nadie sepa que estamos “juntos” y no me lo merezco. Tolerando el que busques siempre razones distintas por las cuales no estar conmigo: “tengo miedo”, “estoy muy lastimado”, “somos muy diferentes”, “somos muy iguales”, “no tengo tiempo”, “sigo pensando en mi ex”, “eres muy intensa para mí”… Tú me demuestras día con día que me quieres alejar y buscas cualquier pretexto, haces caso de los chismes de la gente y buscas entre líneas.

Sí, sé desde hace tiempo que tienes que estar solo (pero solo también significa sin mí), que tienes miedos y yo no puedo quitarte el miedo, ni encaminar todas mis acciones a que te sientas a gusto conmigo, sólo puedo hablarte de frente. Tampoco puedo ni debo cambiar por ti, ni dejar mis sentimientos o lo que soy a un lado, ni ponerte a ti primero que a mí, a sabiendas de que esto que tenemos no es enteramente lo que quiero y que no va a ninguna parte.

Yo no te puedo obligar a querer estar conmigo, ni voy a rogarte y tampoco, mucho menos voy a tolerar ser una más del montón. Y al ser “tu amiga”, por lógica gramatical, soy como las demás, sin ningún otro distintivo, porque no usas ninguna otra palabra para referirte a mí y porque vivo en el mismo campo semántico que las demás “amigas”.

Si me presentas como una “amiga” y luego me dices que “tienes muchas amigas”, ¿cómo pretendes que no me sienta como una más? Me pregunto si ¿serás con todas tus amigas como eres conmigo? ¿A todas les dirás lo mismo? No me lo tomes a mal, pero ¿no pensarías lo mismo de estar en mi lugar?

No puedo contigo y con estos sentimientos contradictorios e incongruentes, en donde un día me dices que quieres vivir conmigo y al otro me dices que no estás listo para estar con nadie. Tampoco me voy a esperar a que un día seas tú el que me abandone sin que yo me entere, porque “como no somos nada”, supongo que no merecería ninguna explicación.

Valoro y agradezco todo lo que has hecho por mí, todo lo que me has aguantado y ayudado. Te quiero bien, por eso no puedo tratarte como a cualquier otra persona que haya entrado y salido de mi vida así sin más, porque no es así, no te daré un lugar que no te corresponde. Aún cuando no lo entiendas, yo te respeto como la persona que quiero. Te soy leal y te soy fiel, aunque esto cambiará en algún momento.

Siempre me dijiste que quería controlarte y hacer las cosas a mi modo, sólo hasta hace poco me di cuenta que ese control te lo cedí hace mucho tiempo, quise ser justa y probar siendo amigos, amigos cariñosos o todo aquéllo que proponías. No quise limitarme, pero no me funcionó, ¿sabes por qué? Porque me di cuenta de que el que quería controlar todo eras tú. Que en tu miedo por sufrir y por perder, decidiste un día no perder nada: ni a mí, ni a tus “amigas”, ni tu libertad, ni tu soltería, ni tu zona de confort, ni tu fantasía de volver al pasado, ni nada. Yo te hice sentir inseguro y tú inconscientemente me quitaste el piso, haciéndome sentir igual.

Sé que esa química que nos une es única, que no sentirás lo mismo con alguna otra persona (y no por ser ególatra, lo sabes, y me pasa igual, por lo mismo no deseo estar con nadie). Sé también que no todo ha sido fingido, ni “sin querer”, por cómo me mirabas a los ojos, por cómo me decías las cosas y por cómo me hacías sentir. Sé que dentro de ti hay una parte que me ama y otra que me odia por lo mismo.

Agradezco sobre todo tu honestidad, no voy a presionarte, forzarte u obligarte, no quiero nada de eso para ti, sólo quiero, igual que tú, pensar en mí primero, tengo que ser más justa conmigo y es por eso que no puedo aferrarme más a estar a tu lado… ¿Qué más da irme? Si nunca has estado conmigo realmente…

Todo irá bien, como sabemos, como te dije, y quisiera quedarme con lo bueno y hacer a un lado el dolor, pero a veces no sabemos cómo evitar que duela aquello que no va a volver. Sólo me queda prepararme para no sufrir lo que está por venir.

Y aunque continúes diciendo que seguirás siendo mi “amigo”, eso es como la canción de Gianluca Grignani: “¿Amigos para qué? Maldita sea. A un amigo lo perdono, pero a ti te amo”…

Te lo he dado todo, menos mi lejanía, mi ausencia y mi distancia…

A lo mejor piensas que esta es una vez más de todas aquéllas que me he querido ir y no he podido, tal como yo misma quiero creerlo, pero no, mi amor, esta vez sí tengo que decir adiós.

Secretamente, sabemos que me he estado preparando para esto por meses. Que he albergado en mi corazón aquello que mi cabeza no para de repetir, que debo seguir mi vida sin ti y encontrar más adelante lo que quiero en otra parte.

Dime: ¿Te acordarás de mí en una semana? ¿En un mes?  ¿Volverás como los demás cuando ya todo esté perdido? No… Mejor no me digas nada, mejor déjame ir así, con la ilusión de que no te interesa detenerme, de que no sientes nada por mí. Eso me lo hará más fácil.

¿Cuánto tiempo te tomará encontrar a alguien y que yo me entere por Facebook de que ella sí pudo enamorarte? Sí, es un pensamiento que antes me atormentaba más, ahora sé que es más posible y ese será quizás el segundo miedo que tendré que enfrentar cuando pase…

Comentarios
Gin Caballero

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista… Viviendo el aquí y el ahora…


Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...