Amores fríos y personas de papel…


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No sé si sean los tiempos o las personas que hemos perdido la sensibilidad con las innovaciones tecnológicas o el vacío que hay a nuestro alrededor. No sé si fue que durante mucho tiempo tal vez viví en una burbuja, lo que sí sé es que no encuentro un espacio cálido que dure lo suficiente en este mundo tan frío, que irónicamente sufre el derretimiento de los polos por el calentamiento global.

¿Es que acaso vivimos en una sociedad de papel, donde existe gente de papel y sin sentimientos? Gente que vive un rol, que se la cree, que se la compra, que va por ahí sin importarle lo que sientan o piensen los demás, egoísta y narcisista al extremo… No, yo no puedo con eso.

Y sí, hago un poco de énfasis en la película de Ciudades de papel, por dos cosas: el protagonista de la historia se la pasa suponiendo e idealizando lo que no es, como todos; y porque una de las chicas hace énfasis en algo que me pasa mucho: ¿qué es lo primero que ven en mí? Que soy guapa, que soy sexy, que pues ahí 2, 2, ¿no? Pero sólo mis verdaderos amigos saben lo que siento, lo que me gusta, cuáles son mis valores, qué pienso realmente, qué quiero, que soy noble, que soy inteligente, que estoy ahí para ellos siempre, que soy fuerte, que soy independiente, que he salido adelante por mí misma, que prefiero lastimarme yo antes que lastimar a alguien a quien quiero, que me gusta hacer feliz a la gente, que soy muy abierta, que no juzgo, que no me gustan las mentiras, que soy muy empática, que me encanta que me abracen, que prefiero mil veces algo real a un compromiso ficticio, que veo lo mejor de todas las personas, que siempre encuentro el lado positivo de todo, que soy insegura, que soy muy sensible, que quiero hacer muchas cosas y tengo muchos talentos y capacidades, pero no, todos los demás se quedan siempre con la primera imagen y no van más allá.

¿Dónde empezó todo? ¡Ah sí! Creo que sobre todo el amor fue siempre para mí de otro color. Eso de a los 3 años tener novio en el kínder y darnos kikos frente a nuestros papás; o a los 14 años tener un novio que me demostraba su amor públicamente con una canción en una reunión de la escuela, con cartitas, con un oso de peluche gigante esperándome en la banca de la secundaria; o mi primera vez con rosas y cerezas en una suite, con un hombre que me amaba y al que yo amaba; o a mis diecitantos con los chicos que me gustaban y me regalaban un globo o me invitaban al cine y me tomaban de la mano; o a mis 19, cuando conocí a la persona con la que pensé que me casaría…

En nuestra primera cita, nos quedamos de ver en Bellas Artes, llevé mi cámara fotográfica y caminamos mucho por el centro, mucho… Terminamos en la Zona Rosa, entramos a un bar y me robó un beso, poco después se arrodilló frente a mí y me pidió que fuera su novia. Yo fui muy feliz entonces…

No sé si durante toda la relación en realidad vivimos en una burbuja, lo que sí descubrimos al final de ésta es que las cosas no eran como siempre lo pensamos.

Yo siempre he sido muy independiente, libre, incluso estando con él, salía la mayoría de las ocasiones sola con mis amigos. Había cosas que no nos gustaban el uno del otro. A él le disgustaba mi impulsividad, mi manera de decir las cosas en ocasiones cuando algo no me parecía, que me gustara salir tanto y beber (ya que él no lo hacía), que yo quisiera vivir con él antes de pensar en casarme, que no estuviera lista cuando él llegaba a mi casa (porque realmente se hacía hora y media de camino), que todo se me hiciera tan fácil cuando él pasaba por dificultades… Pero todo eso eran detalles, no soy perfecta, y sé que le demandé más atención cuando las cosas cambiaron de verlo 3 veces a la semana a verlo sólo una, en la que además, siempre estaba muy cansado… Cuando pensé que había dejado de ser detallista… Pero no, eso no fue. Mi primer golpe con la realidad, con la dura realidad fue cuando pensé que esto sería para siempre, que podríamos sortear todas las dificultades juntos, ¿y qué creen? NADA es para siempre. Todo tiene un final. Y me despedí de ser la prometida, de mis planes de ser la esposa, de tener hijos, etc.

Mi segundo golpe con la realidad fue el toparme con hombres que teniendo novia o esposa, y que en Facebook o en persona se les ve taaaaan “felices”, me buscan para estar conmigo. ¡Tómala! ¿Y el amor? ¿Y la fidelidad?

Mi tercer golpe con la realidad fue creo que a los 27 y 28, cuando descubrí lo bien y fríamente que me podían mentir hombres que decían quererme tanto, mentirme descaradamente cuando pedían toda la sinceridad y honestidad y se jactaban de toda la sinceridad y honestidad que daban. ¡Ja!

El cuarto fue con una persona a la que yo quería mucho, no, no éramos pareja, sin embargo nuestras constantes salidas, sus constantes “te quiero” y “te extraño”, su forma de decirme “querida”, me hacían sentir que había algo más… Ahí fue cuando entendí que un “te quiero” no significa nada. Que un “te quiero” puede ser cierto, pero tiene distintos significados en la vida. ¿Dónde quedó la ilusión? Tal vez la clave es preguntar: ¿me quieres para qué? O ¿me quieres cómo?

Un día me dijo mi amigo Gonzo: “Sí, te dice que te quiere ¿y? Yo te quiero y no por eso vamos a ser novios. Te dice que le encantas ¿y? ¿Crees que sólo tú le encantas? Eso se lo puede decir a cualquiera”. Es cierto, totalmente.

Mis amigos me quieren, me aceptan con mis defectos, mis locuras, mis virtudes y le dan tijerazo a los hombres que conozco o con los que salgo (los critican, ¡vamos!). Me gusta contar con ellos, porque me regresan a la realidad, porque según mi amiga Karell, yo “soy demasiado buena”, pero tal como le respondo yo: “llevas 2 años de conocerme y esos mismos 2 años sigo siendo igual, así que creo que no cambiaré”…

Hoy en día el acostarte con alguien ya no es nada, el que te presente a su familia tampoco, “todos mis amigos conocen a mi mamá a fin de cuentas”; cuando antes eran dos de las cosas más íntimas y más hermosas que podías compartir con alguien. Por eso necesito de mis amigos, porque me dicen las cosas que yo no veo, porque aunque mi cerebro es lógico y funciona cabalmente, el corazón y el impulso siempre me ganan, porque aunque me de frentazos, yo no sé querer a medias. Cuando me gusta alguien, cuando quiero a alguien, me encanta con todo y sus defectos, porque los defectos lo hacen ser un ser humano, porque soy apasionada en todo lo que hago, no concibo un amor o un romance o un “algo”, sin entregarme por completo. No soy tonta, he aprendido que la gente usa, se hace pendeja, que todos quieren ser libres y sin compromisos, porque son egoístas, porque no quieren compartir o ser “juzgados” ante una sociedad que es igual de vana, porque no quieren “tener problemas”, porque son cobardes y prefieren decir un: “te dije que yo no quería nada” a cortar con alguien si algo no funciona; porque eligen no ser lastimados nuevamente o correr al primer problema que solucionarlo y ver cómo va todo después de la reconciliación, porque la misma gente ya no cree en la gente…

Algunos amigos me comentan: “Es que si ella siente celos ahora, ¡imagínate de novia! No mames,  mejor no”. Yo lo que pienso es: “¿Cómo sabes si va a reaccionar igual? Hasta que no la pongas en ese contexto no vas a saber cómo va a reaccionar a ciencia cierta. ¿Por qué no hablar con ella? No me gusta que me celen ¿eres así siempre? A lo mejor ella sólo te preguntó a dónde ibas o con quién ibas por hacerte la plática, porque no sabía qué más decirte y tú ya lo tomaste como que te está celando. Ahora, por ejemplo, yo soy celosa cuando me gusta una persona mucho y no la tengo, ¿por qué? Porque a fin de cuentas ¿qué son los celos? Inseguridad, y yo no tengo la seguridad de que esa persona realmente me quiera, en cualquier momento se puede dar media vuelta y largarse con alguien más, pero cuando somos novios ¿para qué celarlo? Él sabe lo que hace, yo ya soy su novia, ya tengo esa seguridad, así que lo que haga es rollo suyo, si me pone el cuerno, el culero es él”. El rollo es que aquí nadie dice: “sólo la estoy usando, es mi ‘mientras tanto’”, no, porque NADIE quiere ser culero, prefieren decir que son honestos: “yo le dije desde el principio que no quería nada serio”. ¡Ajá!

Ahora, no, no es culpa de las personas que usan, eso es otra de las grandes realidades, sino de las personas que lo permiten. Como dice de nuevo Gonzo: “Este güey no va a cambiar de parecer, entonces, tienes dos opciones: o ser feliz con lo que tienes en este momento o mandarlo a la chingada”. Ahora, ¿por qué permitimos lo que permitimos a veces? Pues también no es de hacerse tontos: porque a nosotros también nos conviene y también porque a nadie le gusta perder, perder nada o ser “al que mandaron a la chingada”… Somos hipócritas, somos de papel…

Sí, se ha perdido la bonita costumbre de decir: ¿quieres ser mi novia? O de dar detalles por miedo a que no sean bien recibidos o por verse como pendejo o por dar a notar que alguien nos gusta tanto. Y entonces, me recuerdan a estas canciones de “¿Qué somos?” de Playa Limbo o la de “¿Y entonces qué somos?”, sí, esa de banda…

Y hablando de banda, hay una que no trago pero para nada: “Hombre libre”. ¿Por qué? Bueno, la letra dice algo como: “lamento que tuviera que olvidarte, a que sufrieras por ignorarte (¡no, pues gracias, cabrón!), lamento ser un hombre normal, que nadie me pudiera reemplazar (sí te crees un chingo ¿no?); lamento no poder ser tu domingo, aunque me quieras un chingo, ya no debes agendarme, lo siento, pero soy un hombre libre, la mujer mi combustible” y el video trata de lo mismo, o sea, una vieja buena (como de costumbre en estos videos), que se desvive por un güey que la usa y anda con varias. O sea, ¿es neta? Creo que ninguna mujer debería sentirse así, es más, ¡ninguna persona! El tipo se da cuenta de que la usa y de que ella lo quiere, está totalmente consciente, pero es hasta que se cansa de ella que se aleja, ya que se acostó con ella y que le hizo jaladas al por mayor. Sí, no niego que a veces nos cegamos, porque sí, queremos a las personas, pero ¿es neta? Ese tipo de canciones no deberían cantárselas a nadie. ¿Así de efímero es todo ya? ¿De dónde salió esa tremenda incapacidad de amar y dejarse amar? Bueno, no sé, tal vez deba escuchar a diario este tipo de canciones para de una vez dejarme de sentimentalismos y entender, a lo mejor yo soy la que estoy mal.

Pero otra de las cosas es que así van por la vida creyéndose machines, tratando a la gente que los trata bien como si fuera de lo peor, como en la canción y de repente se topan con una chava que es más cabrona, más infiel, más celosa, más demandante, ¿y qué hacen? ¡Se enamoran y le lloran! No, pues ¡wow! ¡Bravo! Y no, llegué a la conclusión de que no puedo ser así… No puedo fingir que alguien me vale madres, que no me gusta, que no me interesa, tratarlo mal, no querer verlo, salir con veinte al mismo tiempo, no, no, no, perdón, pero no…

Esta realidad no me gusta, estos tipos de amor de un día tampoco, de frialdad, de falta de huevos, de no saber cuando alguien te quiere bien o no te quiere, de no saber cuándo va en serio y cuándo no, de tener miedo a dejarte fluir, a conocer bien, a dejar de especular y realmente conocer a la persona en otro ámbito, de suponer en vez de conocer, de preguntar…

Esto no es para mí y es que supongo que es porque no he encontrado a la persona para mí, pero estoy segura de que no se siente así, de que debe ser algo recíproco y sin miedo a intentar.

Es como le digo a una amiga: “Si yo no le soy grata ¿para qué le llamo?, si no me ha invitado a su casa ¿para qué voy?, si tiene a alguien más, pues que se quede con ella, yo me hago a un lado; si voy con él, ¿qué voy a andar volteando a ver a otro? No manches, ¡respeto!; ¿Por qué le voy a andar demandando algo? Si no quiere verme, pues no y ya, no me meto con su libertad, a veces tampoco quiero verlo yo, tengo cosas que hacer e interfiere con mis planes; ¿Por qué voy a andar buscando lo que ya tengo en otra parte?; ¿y para qué le deseo buenos días si me va a dejar en visto?”, etc., etc.,…

Pero también soy de vivir el momento, si soy feliz y estoy feliz, ¿para qué pienso en mañana? Mañana no me voy a arrepentir, pero ya sé que mañana todo puede cambiar, que hoy puede ser un príncipe que me conquiste con cada cosa que hace y mañana un ogro que me puede decir cosas que me duelan hasta el túetano… Por eso aprendí a tomar las cosas de quien vienen, a no tomarme las cosas personalmente, sí en serio, pero no a personal. Hay personas que no miden daños, que se escudan en que “bebieron” y dijeron cosas que en realidad no querían decir… Pero una vez alguien me dijo: “Si lo dices borracho, es porque lo pensaste sobrio”. Y sí, en efecto. Ahora, ¿se quieren escudar en esas mentiras para no quedar mal consigo mismos o para no arrepentirse después? Adelante, be my guests. Háganse tan pendejos como lo quieran, yo lo digo con alcohol o sin alcohol, si te extraño es porque te extraño y punto. Si te quiero es porque sí te quiero. Si me encantas es porque me encantas hoy y mañana. Sino… pues no lo digo… Una cosa es estar alcoholizado y otra estar pendejo o tener Alz Heimer o estar inconsciente, en cuyo caso, no dices nada ¿no? Y yo, cuando la persona me interesa, me acuerdo de toooodo lo que dice o hace, TODO, o al menos casi todo. Y me doy cuenta cuando me quieren decir algo y se lo callan…

Hay un meme que dice que te quedes con la persona que quiera compartir contigo sus sábados por la mañana y no sólo sus viernes en la noche. ¡Claro! ¿Creen que las personas somos tontas?   

Un día dijo Susana Zabaleta: “Yo cuando amo, me entrego, ¿hay acaso otra forma de amar?”… Así es, así soy, habemos especímenes que sabemos que el duro golpe contra la realidad va a venir y nos vale madres, porque disfrutamos más, queremos más, vivimos, experimentamos, aprendemos y comprendemos más, crecemos más, y porque a fin de cuentas, siempre la persona de papel es la otra, no nosotros…

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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