Sobre el duelo: Aprender a caminar/vivir de nuevo…


Este artículo se lee en: 6 minutos

Dos días antes de la muerte de mi papá soñé que había un temblor muy fuerte y el techo se me caía encima, entonces yo rezaba y le suplicaba a Dios que me dejara vivir…

Recuerdo que me rescataban y que terminaba en el hospital, donde los doctores me decían que debían cortarme las piernas de la rodilla para abajo… Yo lloraba, pero lo aceptaba y agradecía que al menos podía seguir viviendo. “Amo la vida”, dije. Y entonces, unas semanas después compraba unas prótesis y me las probaba, tenía que aprender a caminar de nuevo…

Dos días después perdí al hombre que más amo en el mundo (y digo “amo”, porque no he dejado de amarlo).

Quería vivir, sí, amo la vida, sí, pero a veces el costo es demasiado… Creo que mi amor por él y por mi familia, además de este gran amor por la vida son lo que me ha mantenido a flote…

Pasar por esto era sin duda mi más grande temor… Si bien es cierto que intrínsecamente sabemos que algún día tendremos que enterrar o decir adiós a nuestros padres, nadie nunca espera que sea tan pronto, cuando no estamos listos.

De entrada, sentí que no iba a poder con tanto dolor, poco a poco te das cuenta de que es cierto eso de que nunca tienes más de lo que puedes soportar.

“Esto te hará más fuerte”, dicen, y sí, hay una sensación ahora de que si puedes superar esto, puedes superar cualquier cosa, pero yo no necesitaba más fuerza, sólo a él. Se lo dije incluso: “Si algo llega a pasarte, el resto del mundo me va a valer”, pero no, no es taaan así, más bien siento que ya nada me importa tanto, le doy su verdadero valor a las cosas y ya no me clavo en los problemas cotidianos, que han llegado a ser para mí meras tonterías.

Me rodeé de personas que habían pasado por lo mismo que yo, algunas pláticas fueron enriquecedoras, la gran mayoría me contó que se centró en el trabajo (terapia ocupacional), otros se deprimieron. Tomé un poco de todo. Guardé el dolor adentro y respiré hondo, porque desde el momento uno fui la responsable de todo y tenía que ocuparme de sus asuntos, ocuparme ahora de mi familia, ocuparme de mí y de no caer en lo que uno siempre cae en los duelos: odiar la vida, deprimirme, dejar mi vida y a mí de lado…

Me han recomendado terapia y cursos de tanatología, supongo que ya llegará el momento para eso.

Una plática que me ayudó a comprender un poco más, la tuve con Mr. B (mantengámoslo en el anonimato). Él perdió a su mamá hace unos 5 años, víctima de cáncer y me explicaba que trató de evadir el dolor, pero éste terminó por arruinar sus relaciones amorosas posteriores y salió tarde o temprano a borbotones.

Él dice que el duelo es como cuando tienes un accidente. Tu cerebro sigue una vida normal y de repente no acaba de comprender lo que pasa, es un choque, un estallido, se apaga… Entra en shock y le toma tiempo reiniciarse… Como cuando le sucede lo mismo a una computadora durante un choque eléctrico.

Luego, es como si estuvieras en un hospital, tienes que adaptarte al dolor, a esta nueva forma de vida, a comprender qué sigue a partir de aquí, qué terapias tomar, qué medicamentos y en qué dosis.

Después, puedes empezar de nuevo, pero siempre tendrás secuelas, recuerdos, ese accidente en tu historial médico…

Todo esto me pareció muy ad hoc con el sueño que tuve antes de la muerte de mi papá y muy atinado.

Leí sobre las etapas de duelo también y otros artículos sobre la muerte de los padres. También muy atinados.

Si bien es cierto que ya soy una mujer adulta, mi papá era el hombre fuerte que me cuidaba, me ayudaba, me protegía y simplemente el toparme con el hecho de que ya no esté, me hace sentir muchas veces ccomo una niña abandonada y desprotegida.

Recordemos que las etapas del duelo son: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Yo no tuve tiempo para la negación, tomé las riendas de todo muy rápido, pues la situación lo requería así. Mi hermana se quedó en la etapa de la ira, contra Dios, la vida, el mundo… Mi mamá y yo oscilamos entre la depresión y la aceptación.

“Resignación”, te dicen todos. No te resignas, pero lo aceptas, esa es exactamente la palabra.

“¿Cómo estás?”, preguntan todos, pero uno sabe después de estas cosas que ya nunca estarás bien al 100% y no es para que te tengan lástima o para que piensen que vives en depresión, simplemente es un hecho. Alguien, que era responsable de gran parte de mi identidad, en quien yo descargaba gran parte de mi ternura y a quien yo amaba, admiraba y adoraba con todo mi ser, me falta a partir de ahora y me hará falta el resto de mi vida.

Ahora podía yo entender a Mr. B cuando decía que estaba “Bien de salud” al hacerle la misma pregunta. Es una respuesta que te salva de dar mayores explicaciones y no sonar sufrido. Y sin embargo, las vueltas de la vida…

A sus treinta y tantos años de edad, Mr. B sufrió recientemente de fuertes dolores que lo llevaron hasta una clínica, donde le diagnosticaron una hernia discal en una de las últimas vértebras de la columna, misma que lo ha obligado a permanecer en cama y ahora a iniciar terapias.

Una persona que hacía ejercicio diario, se alimentaba bien y casi no bebía, que está acostumbrado a vivir solo y hacerlo todo en su casa, además de llevar una vida completamente activa, independiente, autosuficiente y con cierto éxito profesional… Otro shock, diferente a un accidente o a una muerte: una enfermedad que te deja inmóvil de la noche a la mañana. ¿Evitable? Tal vez, pero difícilmente. Una hernia es el resultado de un cúmulo de años.

Entiendo ese sentimiento de buscar razones: “¿por qué pasó? ¿por qué a mí?”, pero recuerdo cuando le dije a un amigo que acababa de romper con su novia que, a veces simplemente las cosas pasan, no se necesitan de razones y no ayuda en nada que nos achaquemos las culpas que tendemos muchas veces a buscar y rebuscar.

Mr. B pasó también por todas las etapas del duelo, ahora, a iniciar de nuevo, otra vez a aprender a caminar y poco a poco retomar la vida que dejó.

“Es como si me hubieran quitado mi vida y me hubieran puesto en otra totalmente diferente”, me dijo.

Pasas por la negación pensando que no te puede estar pasando a ti, que mañana estarás bien, que no es posible que esto te pase. Luego es la ira por no poder hacer lo que antes hacías, porque dejas una vida inconclusa a fin de cuentas y tienes que depender de los demás. Tienes que pedir ayuda y aceptar esa ayuda. Pasas por la depresión y después te das cuenta que tienes que ocuparte de ello, no dejarte, ni dejar atrás tu vida, si no hacer cosas que te ayuden a retomarla.

La realidad de las cosas es que sólo es una parte de la vida, que es como una montaña rusa o una ruleta rusa…

Por eso me propuse a ayudar a Mr. B en esta transición, en lo que me deje, sin invadirlo, simplemente porque eso también me ayuda a mí, es una parte importante y debería ser integral para todos: ayudar a otros ayuda a sanar el alma. En realidad, ayudando a otros, te ayudas a ti mismo y en comprender que hay situaciones mucho más difíciles por las que los demás llegan a atravesar, también.

Lejos de lo que se pudiera pensar, lo que me hace levantarme cada mañana es que siempre hay cosas que agradecer, de las que debo ocuparme. Sigo buscando, leyendo, he iniciado un plan nutrimental (que me ayude a cuidar de mí, de mi mamá y de que no se me olvide comer), he empezado a hacer ejercicio (que me ayude con mi salud y energía) e intento llevar sanamente mis espacios de dolor y de duelo.

Agradezco cada día el llevarlo conmigo, a mis amigos y sobre todo a mi familia, el tener el trabajo que tengo y ser la persona que soy. También hay que ejercitar eso a diario: agradecer, siempre hay algo.

RECOMENDACIONES

La meditación es muy buena, dicen. Mr. B me recomendó un documental en Netflix: Yoga, la arquitectura de la paz. Yo recomiendo las películas de La Cabaña o, de un género diametralmente distinto, la de Doctor Strange. Además, le regalé un libro de mandalas y le presté unos cuantos para que leyera también. Mi amiga Jime me envió por pdf el libro de Jorge Bucay: El camino de las lágrimas…

En fin, ya sea un accidente, salud, una muerte o una ruptura, uno tiene que aprender a aceptar que todo es parte de la vida, comprometerse con uno mismo para salir adelante sin abandonarse (somos lo único que realmente tenemos) y aprender a caminar de nuevo, paso a paso, un día a la vez…

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

Tal vez te gustaría leer