A punto de un aborto


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De esas veces que observas la vida desde tu cerebro, con permanencia voluntaria en pequeños fragmentos de video con un poco de audio y te dices a ti misma…

Decidí escribir del lugar donde vivo… Playa del Carmen. Después de una larga introspección y reflexión llegué a una serie de fórmulas completamente retorcidas. Hasta hace un mes, tenía una idea diferente de Playa del Carmen o como otros la llamarían “Playa del Karma”. Cuando pensé que lo sabía todo, me abofeteó la realidad. Como dicen “cada quién habla como le fue en la feria”, pero en el poco tiempo que llevo aquí, me he dado cuenta que cada historia y personaje en cada historia, parte desde el mismo punto pero de diferente estado de la república o país.

Dicen que Playa del Carmen es el manicomio más grande: saturado, bonito y con vista al mar, donde si tu alma es débil, regresarás a tu lugar de origen con la cola entre las patas. Todo eso, es verdad. Dos meses después de haber llegado, Playa me abortó, por un momento llegué a pensar que no podía pertenecer. Al regresar al D.F. entré en un estado de antesala de un huracán categoría “El haraquiri me sienta bien ” y añoraba regresar.

Pareciera que al llegar, lo primero que tienes que hacer es escoger un papel, o seguir un guión. Y es que Playa del Carmen está llena de personajes únicos, pero a la vez de historias idénticas.

Llegué hace un año y meses, todo lo que me ha enseñado este lugar ha sido en un curso intensivo de 4 semanas.

¿Por qué?

Hace un año y medio decidí que necesitaba un “brake”, tenía que empezar en algún lado y la playa siempre es un buen lugar para hacerlo. Llegué con la vida un poco resuelta: casa, roomies y trabajo. Si bien no era un trabajo soñado, era en uno que con solo dos meses de negreó, aprendí más que en cualquier otro lugar. Trabajando literal bajo el rayo del sol de 9 de la mañana a 11 de la noche, vendiendo en un lugar apodado como “el imperio de las Cremitas” y aunque suene como el título de colaboradora de una empresa “enorme”, no era más que una simple vendedora que estaba en una de las avenidas principales de Playa: La Quinta, preguntándole a gente desconocida si sus uñas eran naturales.

Servía de nada vivir en uno de los depas más bonitos de Playa. Llegué con una premisa: crecer y olvidarme del parrandeo, la primera va en proceso, la segunda se esfumó. No todo era playa, fiesta y turistas, la realidad es que estar en un trabajo que te exige tanto emocional como físicamente cansa el alma, pero tenía un método para no olvidar lo que vine hacer aquí: Al final del día, venir a un paradisiaco lugar y matarme por vender cremitas no era mi meta en la vida. Me iba todas las noches, o casi todas, a la playa a meter mis pies en arena y decir “todo vale la pena por que estoy aquí”.

Después de un tiempo, aprendes que la vida en la playa y sobre todo aquí en mi Playita del Carmen, es muy rápida, la gente va y viene, no por nada dicen que playa te adopta o te aborta, y aunque suene obscuro, resulta claro y obvio. Es un lugar en el que muchos vienen a crecer, pero la mayoría solo lo usa para saltar a otro lado o para darse un brake y la mayoría se queda en el camino. Es un lugar que va creciendo a pasos agigantados, la demanda es mucha y eso normalmente suele ser contraproducente, poco a poco se va agotando ese folklore para modernizarse.

En agosto del año antepasado me abortó, supe que algo estaba haciendo mal.  Regresé por terca, como a todo lo que me manda a volar en un principio. Vine con una premisa de comenzar de cero, y la realidad es que a sólo dos meses de haber llegado era una Jessica versión playense, algo así como Barbie Malibu.

A 5 meses de cumplir 2 años, he creado un lazo con Playa que es inexplicable hasta ahora. Hay algo de mí que me mantiene aquí. Entendí en todo ese tiempo que Playa tiene un modus operandi particular, ya no creo tanto en el “te aborta o te adopta” sino más bien, ella decide tu plazo de estancia. Un plazo en el que tendrás que arreglar tus issues existenciales para avanzar. La mayoría de la gente viene huyendo, y playa no es un lugar de retiro o guarida, Playa te enfrenta a ti mismo, por algo se le conoce como “Playa del Karma”.

Comentarios
Jessica Orellana
Conocí a una perra que se llama como yo y fue cuando entendí que la vida me manda señales de formas poco ortodoxas. Pasamos la vida tratando de definirnos y al final solo somos puros garabatos. Eso soy, un garabato que a lo lejos se ve como un hermoso universo con sus propios hoyos negros.

Me gusta dibujar, pero mi privilegiada mala memoria olvida como realizar los trazos que traigo en mi mente. Así que opte por fotografiar, esos son los dibujos más bonitos que tengo.

Soy mala haciendo planes a corto plazo y eso se lo debo a mi espíritu soñador que se dedica planear mi vida millonaria. Llevo poco más de un año viviendo en Playa de Carmen, la elegí al azar, no sabía por donde empezar, así que decidí que la playa era un buen lugar para hacerlo.

@hongui
Jess Orellana

Conocí a una perra que se llama como yo y fue cuando entendí que la vida me manda señales de formas poco ortodoxas. Pasamos la vida tratando de definirnos y al final solo somos puros garabatos. Eso soy, un garabato que a lo lejos se ve como un hermoso universo con sus propios hoyos negros. Me gusta dibujar, pero mi privilegiada mala memoria olvida como realizar los trazos que traigo en mi mente. Así que opte por fotografiar, esos son los dibujos más bonitos que tengo. Soy mala haciendo planes a corto plazo y eso se lo debo a mi espíritu soñador que se dedica planear mi vida millonaria. Llevo poco más de un año viviendo en Playa de Carmen, la elegí al azar, no sabía por donde empezar, así que decidí que la playa era un buen lugar para hacerlo. @hongui

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