BDSM and Tinder…


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Nos quedamos de ver en un café cerca de la casa (por aquello de la desconfianza), él estaba sentado en las mesitas de la terraza. Cuando llegué, traté de esconderme un poco pare verlo sin que notara que había llegado.

Me paré frente a él, le ordené que se hincara y me besara el pie. Inmediatamente lo hizo, noté un esbozo de felicidad en su cara cuando se percató de mis tacones.

Me contó un par de anécdotas durante su estancia en México (era francés) estaba aquí por 10 días, por alguna razón pregunté si era casado, lo era.

Pedimos la cuenta, le ordené que la pagara y nos fuéramos inmediatamente.

Durante el camino al hotel no podía parar de pensar en todo lo que habíamos platicado previamente (por Tinder) y estaba nerviosísima, nunca antes había jugado ese rol, pero me sentía lista.

Abrió la habitación, en la cama, había una vasta colección de artilugios de los cuales previamente habíamos hablado. En ese momento dudé de poder hacerlo, pero nunca lo notó, no podía decepcionarlo.

Empecé por ordenarle que me quitara la ropa y me preguntó si le daba permiso de hacerme un masaje en los pies, le dije que sí pero que antes preparara la tina porque me sentía cansada. Él sin dudarlo corrió al baño y puso a llenar la tina, en cuanto me metí le ordené que me bañara, podía ver el placer sexual que esto le causaba, no sabía en qué momento tendría una erección, si es que la iba a tener.

Cuando terminó de bañarme, me enredó en una toalla, le pedí que me cepillara y secara el cabello, siempre contestaba “lo que ordenes”.

Durante una de nuestras conversaciones, le pregunté si todos sus encuentros culminaban en sexo, a lo que contestó que si era mi deseo él tendría que cumplirlo.

Para ese momento, aún no sentía mi líbido aumentar…

Habían pasado 40 min, podía ver su erección a través del pantalón, empecé a sentir cosquillas en mi sexo. Por momentos pensaba que sólo era sugestión pero lo que estaba sintiendo parecía muy real.

Le pedí que me diera sexo oral, pero le advertí que tendría que hacerlo perfecto o me iría… no se lo tuve que decir 2 veces, estaba ahí para servirme.

Cuando estaba a punto de venirme, le dije que se quitara, que tenía que castigarlo por no hacerlo bien (él no sabía que sólo quería retardar mi orgasmo), tomé un látigo y le pedí que se quitarla la ropa (¡vaya cuerpo!) , y pusiera sus manos sobre la cama. Al primer latigazo sentí mi vagina contraerse, no sabía exactamente lo que significaba. Cuando iba de camino al café, dudé de poder humillar a alguien, de poder golpearlo, tal vez sentiría “feo”, pero en el momento en que notas la excitación en los ojos, esa excitación se contagia, era lo único que quería, lo único que necesitaba.

Seguí golpeándolo, notaba sus nalgas ardiendo, pero sus gemidos eran de placer puro. Cuando sentí que podía seguir, le ordené que me penetrara.

Le ordené que llegara al fondo, que lo hiciera lento y profundo, él sólo asentía con la cabeza (¡vaya movimientos!) no puedo negar que tuve 3 orgasmos antes de que se enterara del 4to. Me besaba como si no existiera el tiempo, olía y mordisqueaba mi cuello, yo ya no podía más, iba a explotar. Me pidió que lo golpeara mientras estaba arriba, ¡lo hice, qué poder más excitante! Después de 3 bofetadas me preguntó si podía terminar, le dije que sólo cuando yo lo ordenara, para cuando me sentí satisfecha, le ordené que lamiera mi clítoris antes de que él pudiera terminar. Lo hizo,  ahora tendría que terminar por su propia mano, era su castigo (no sé porqué).

Le ordené que me pusiera mi ropa, con gusto lo hizo delicadamente.

Para cuando nos despedimos, él seguía oliendo delicioso y no podía ocultar su (aún) erección.

 

 

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Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.


Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.


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