Carta de una hija mal agradecida


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A mi padre

A tu afán de imponer, con el talento de manipular, por tu necesidad de grandeza.
Tu doble moral enfermiza, con la máscara de hipocresía, ocultando tus ganas de ser amado y alabado por todos, logrando que te rechazaran a los que más amaste y por los que más viviste.
Y al final solo te queda tu fragilidad física y mental…sin perder tu maldita esencia.

 


 

A MI PADRE

Dedicado al primer hombre que rompió mi corazón cientos de veces. A ti que no supiste ganarte mi confianza en 24 años, que siempre esperaste más de mí y no lo logré, tal vez estés orgulloso de lo poco o mucho que hayas podido ver en mí con la poca lucidez que te queda.

Por desgracia saqué tu maldito carácter, crecí creyendo que estaba bien en muchas cosas que hacia o decía. Hasta que comencé a lastimar a los demás, muchas veces sin darme cuenta, otras… ya era porque me lo proponía, o por venganza. Me empeñaba tanto en lastimar a quien me hiciera algo.

Me educaste a la defensiva, enseñándome a que me tragara las lágrimas para demostrar que era una “cabrona”. A soportar tus malos tratos hacia mi mamá, juzgándote, perdonándote pero al final odiándote un poco, y rechazando todo tipo de chantaje emocional por disimular que todo estaba bien.

Dicen bien que los hijos no somos quién para juzgar a los padres, pero hay tipos de males que no son simples de digerir.

Cuando era pequeña me dijiste… después de pelear con mamá, cruzando los límites como de costumbre, “que cuando fuera adulta entendería muchas cosas”. Y las entendí el día en que comencé a repetir los patrones como dice la maldita psicología. Lastimándome y lastimando. No importaba cuánto me lastimara por dentro, mientras los demás no se dieran cuenta de lo podrida que estaba por dentro, así me daría a respetar, pero no me enseñaste como debía de respetarme  y sobre todo a quererme.

Siempre creando una buena imagen de ti viviendo con tu (alter ego) con los demás, pero en casa conocimos tu (yo) el verdadero monstruo, a pesar de lo débil que estés en estos momentos, quisiera perdonarte y no puedo. Siempre es una cosa por otra y así parece ser la ley de la vida, decías que todo lo que habías logrado, era por nosotros, pero fue más por tu ego.

Ni la enfermedad te quita la esencia… Tu maldito carácter que por años fue una tortura, una inspiración y de la mala. Conmigo no puedes mentir a pesar de que nunca fuimos cercanos…

La esencia de tu doble y enfermiza moral, tu manía de poder, por tu afán de querer ser alabado , tu gran don de manipulación con quien te funcionara, y si no utilizar los chantajes u amenazas que tan bien te salían, y ahora solo te quedo tu mal humor junto con la debilidad de tu cuerpo.

A ti te debo , mi inspiración de la mala.

Comentarios
LJ
Inspiración de la mala...
De sentimientos inestables.
Especialista en arruinar momentos románticos.

Inspiración de la mala... De sentimientos inestables. Especialista en arruinar momentos románticos.

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