Confesiones de una Todosmíos Rehabilitada


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Siempre fui una chica de muchos novios durante la adolescencia. Relaciones fugaces de no más de un par de meses en las que juraba y perjuraba que ese era el “amor verdadero”, siempre me veía ya vestida de blanco y en el altar con cada uno de los muchachos solo por unas cuantas mariposas en el estómago. En el verano del 2005, me di cuenta de que todo eso era puro juego, me enamoré por primera vez…

Fue el martes de mi primera semana como universitaria, estábamos en clase de Procesos Psicológicos Básicos y 20 minutos después de haber iniciado la clase tocaron la puerta. Volví la mirada para ver quién era y ahí, parado en el marco, estaba el príncipe de los cuentos que mi mamá me contaba cuando era chiquita, recuerdo perfecto que le dije a mi amiga del pupitre de al lado que ese hombre iba a ser el padre de mis hijos.

Me costó casi un semestre que Juanjo me volteara a ver, pero al final me pidió que fuera su novia, fue el año y cachito más maravilloso de toda mi vida… Desafortunadamente se fue a vivir a otro estado, las cosas a larga distancia no funcionaron y terminamos con la promesa de volver a estar juntos algún día.

Fue ahí donde empezó mi historia…

Me gustaría decir que todo lo hice de manera inconsciente, pero estaría mintiendo. Con el afán de cumplir esa promesa del “y vivieron felices para siempre” me dediqué a hacerme de un montón de recuerdos con un sinfin de chicos, desde los besos casuales con desconocidos y el enamoramiento fugaz con uno de los amigos de mi hermanito, hasta las aventuras con hombres increíbles cuando yo estaba de novia con alguien más (en más de un par de ocasiones o.O). El terrible punto era que yo no quería estar solamente con uno. Yo quería estar con TODOS y los quería a todos 100% para mí, me provocaba una sensación terrible que alguien “se me saliera del corral”, pero cuando alguno quería “acorralarme” salía corriendo en dirección contraria.

No solamente era salir con varios, también tenía un enfermo problema de territorialidad con “mis mejores amigos” que OBVIO estaban metidísimos en el friendzone desde el origen de los tiempos y con quienes por supuesto tuve un par de noches de fiesta que acabaron en besotes que seguían de un “hay que intentarlo, quiero estar contigo”, a lo que respondía con el mejor de los pretextos para zafarme, nunca fue un NO rotundo porque no quería que se fueran (cu-cú).

No conforme con este descague, la tensión, las lágrimas, el coraje y el estar a punto de perderlos en diversas ocasiones y aunque yo no quería estar con ellos, me ponía súper loca cada que decidían salir con alguien o tener novia (evidentemente todas sus mujeres me odiaron) y casi casi les hacía pipí en las piernas como mi conejo lo hace conmigo cuando estoy por salir de la casa para que el mundo se dé cuenta de que SOY SUYA.

La onda era muy simple (y bastante neurótica), todos eran míos pero yo no era de nadie, probablemente “de Juanjo” pero sigo teniendo mis dudas.

Conforme fueron pasando los años fueron pasando los hombres, hubo veces incluso que tuve queveres, con grupos de amigos casi completos (aunque fueran mínimos mis fruncimientos de pupila).

Considero importante recalcar, que nunca fue un tema de sexo (eso ya no sería ser todosmíos, eso ya sería ser otra cosa), lo que yo buscaba eran besos, eran abrazos, era cariñito… Era el escenario de película romántica, con los besos bajo la lluvia, con las llamadas telefónicas de horas, con las travesuras que hacíamos juntos, con las emociones a flor de piel, en lo que esperaba a que mi príncipe de cuento viniera por mí al final.

Me rompieron el corazón (la neta, el ego) en varias ocasiones, claro que el karma es cabrón y algo tenía que tocarme, hubo cuatro que aplicaron la Houdini, uno más que es el hombre con menos huevos que conozco y dos guapillos que me dejaron porque me pasé de lanza, uno de ellos acabó siendo el “mejor amigo”, de esos como los que yo tenía, de la que en ese entonces era como una hermana para mí (Karma is a bitch!)

Después de lágrimas, cicatrices y pataleos, concluí con esta etapa desde su raíz: decidí dejar a Juanjo en mi vida, más como una persona que como una promesa….

Fue así como mis sabores del mes cesaron y aunque unos dejaron más huella que otros, todos fueron maestros al final. Maestros que me permitieron vivir una historia a su lado, historias juntas me enseñaron a dejar de ser pequeños pedazos para muchos y CONVERTIRME EN UN TODO PARA Mí, ese todo que dejé ir a Querétaro con la promesa de que algún día regresaría y que por fin recuperé.

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Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.


Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.


@_loquepensamos


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