¿Contactarme con mi niña interior? No, gracias.


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Una de las razones por las que creo que soy tan feliz de adulta es porque, según he reflexionado últimamente, de niña y de adolescente no lo fui tanto. A pesar de tener un ambiente familiar más o menos sano, contrario a lo que la mayoría piensa por ser la única mujer de los hijos y ser la menor, jamás fui el centro de atención ni la consentida. De hecho, por años me sentí discriminada por las actitudes de mi padre que siempre elegía a mis hermanos para muchas cosas. No importa si mis sentimientos eran justificados o no, simplemente así me sentía.

Por otro lado, en la casa de los abuelos paternos nunca me sentí totalmente en confianza en virtud de que algunos de mis parientes siempre se burlaban de mis chinos, de mi sensibilidad o de que me parezco muchísimo a mi madre; a quien aprecian poco por robarse el “príncipe” de la familia. Tal vez por eso la casa de los abuelos maternos fue el oasis donde me refugié durante años y donde yo siempre era importante, me enseñaban cosas con mucha paciencia y, hasta que me hicieran cooperar en el trabajo del hogar, me hacía sentir útil; cosa que en casa nunca tuve. Además, era terriblemente “bulleada”, o como se escriba, por mis hermanos y nadie me defendía jamás… eso me hizo darme cuenta que tenía que aprender a defenderme sola. Nunca lo olvidé.

Y bueno, para rematar. Mi madre, preocupada muchísimo por nuestra educación, nos inscribió en una escuela para ricos cuando nuestra situación económica distaba mucho de la de los compañeros. Sin embargo, durante la primaria pude sobrevivir y hacer buenos amigos, sobre todo por mis habilidades para el deporte, por lo que me la pasaba corriendo por todos lados con los niños, cosa que me parecía genial, viniendo de una familia donde el deporte estaba siempre presente.

El terror llegó en la secundaria, cuando una bola de niños fresitas de otras escuelas llegó a lo que antes fue mi cómodo círculo. Una de esos engendros, de quien no tolero aún hoy escuchar su nombre, se encargó de hacerme la vida de cuadritos, alejarme de mis “amigos” y hacerme sentir menos porque yo era la naca que no cabía en su mundo de riquillos. Aunque hice nuevos y muy buenos amigos y pude sobrevivir por dos años más, antes de mudarme a satélitelandia, nunca superé la mirada de desprecio de aquélla niña que solo pensaba en verse perfecta y que me criticaba como si yo fuera “white trash”. Creo que de ahí empecé mi lucha en contra de las frivolidades de la imagen.

En fin, esa bitchesota aún sigue por ahí, juntándose con los amigos que un día hizo que me “desinvitaran” a una fiesta y, por casualidad, lo juro, de pronto me he topado con las fotos de sus reuniones recientes (tenemos amigos en común) y me pregunto cómo no puedo perdonar lo que me hizo cuando tenía yo 13 años, y por qué no lo supero cuando ella sigue tan campante por el mundo del dinero sin siquiera saber el daño que me causó.

En fin, lo único que agradezco es que, efectivamente, el tiempo pasó rápido y hoy tengo la fortaleza para ignorar a quien me intenta dañar, que no es casi nadie, y solo me he rodeado de gente amorosa, amable y comprensiva. ¡Ah! y de aquellos familiares que siempre me hacían sentir mal, olvídenlos; yo ya lo hice y ni me paro en donde puedan estar. Ya les dediqué demasiado

 

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Luna
Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.
Luna

Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.

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