Corazones rotos y actos de fe


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Para los que no me han leído antes, les platicaré brevemente la historia de mi vida: Fui diagnosticada con trastorno bipolar a los 25 años y de los 27 a los 32 la pasé muy mal, perdí esos años de mi vida entre episodios depresivos y subidas que si bien me llevaron a tener varios logros, no los pude disfrutar plenamente. Contaba con pocos amigos y mi mamá, que también era bipolar la estaba pasando muy mal. Me sentía una carga para mi familia y aunque recibí ayuda, no la pedí tanto como la necesitaba, además no entendía que me estaba pasando. Fueron años de sentirme literalmente muerta.  A los 32 intenté suicidarme, puedes leer un poco más de esa experiencia aquí. Lo sobreviví y decidí tener fe porque ya no podía más.

Así empezó mi camino a la recuperación. No ha sido fácil, de hecho todavía sigo en ello pero me siento muy cercana a la meta.  Mi punto más débil son las relaciones de pareja, pero también va mejorando ese aspecto.

En estos momentos, las cosas en el plano romántico parecen no estar saliendo como deseo. A veces me encantaría no tener expectativas y comprendo que el amor verdadero no demanda nada a cambio,  pero tenerlas es parte de la vida también. Los últimos 10 días he tenido el reto de participar en el juego del amor sin temor a morir en el intento. No me puedo quejar, la he pasado bien y aunque quizá este ciclo este por terminar y eso me duela, me han dado el regalo de unos días maravillosos.

Hace 10 días, fui a NY y ahí empecé a sentirme fuera de control.  Me empezaron a atormentar pensamientos negativos y me empezaron a salir  mal las cosas. Estaba tan estresada que olvidé mi laptop en el autobús.  El viernes pasado perdí la voz, y supe que algo estaba pasando dentro de mí y que era hora de contactar mis sentimientos.

Hoy fue un día difícil. Pensamientos funestos como “el amor no es para mí “, “no importa que haga, nadie se quedará conmigo”, y “no soy suficiente” me vienen a la mente y me lastiman, pero ahora puedo entender que hay que luchar por mantenerse positivo sin importar lo que nuestra mente quiera dictarnos.

Ahora sé que tengo que hacer cosas para ayudarme, porque ese ir y venir va a rondarme algunos días, y aunque ya no sufro lo que sufría antes, sigue habiendo momentos muy dolorosos. Hoy, en uno de esos momentos, sentí que ya no podía más y decidí ir a una iglesia y rezar. No soy católica, soy librepensadora, pero definitivamente tengo fe y sé que el universo me escucha. Decidí ir a la catedral de St. Matthew’s.  Me derrumbé, me hinqué y estuve llorando amargamente por una hora en el altar de San Antonio de Padua, santo de los casos imposibles. ​En medio de mi dolor, pedí que mi sufrimiento se aliviara, que la suerte estuviera de mi lado y que la fuerza y la luz me permitan aceptar prontamente y sin dolor lo que no está destinado a ser como yo quisiera.

Después del medio día, cada que me venía un pensamiento negativo, decidí no analizarlo y sustituirlo por la frase “el amor es para mí”. En este momento no importa porque no están saliendo las cosas como me gustaría o las razones por las que no se está dando lo que espero, no tiene caso analizarlo porque solo lastima mas, así que cada vez que pienso algo que me duele,  solo me repito esa frase, como un mantra.

Y aquí viene el propósito de este post, y para esto te contaré el acto milagroso de hoy: Saliendo de la iglesia, en la mera puerta, recibí una llamada en la que me dijeron que mi laptop había aparecido, en este momento escribo desde ella para celebrar el hecho.

Hay muchas formas de verlo, y veo muchos mensajes en esto que paso: el mensaje de que alguien te escucha y te ayuda, el mensaje de que no todo está perdido, el mensaje de que aquello  que está destinado a estar conmigo lo estará, como mi bella computadora. También puedo ver lo que este mensaje no me está diciendo, y eso es parte del mensaje también: Hay cosas que nos encantaría escuchar, pero no están siendo dichas y no podemos cambiar ese hecho, pero con fe y dedicación podemos ir en busca de cosas nuevas para llenar esos vacíos, y para eso hay que ser fuerte y optimista.

Esto es para ti, para los que les cuesta trabajo creer, para los que pierden la esperanza o tienen un gran sufrimiento. He tocado lo más profundo del dolor y eso me ha llevado a ser quien soy y a conquistar poco a poco un nivel superior de paz  y de amor.

Todo pasa, incluso el dolor más insoportable. La vida es dura, se mueren nuestros seres queridos, a veces trágicamente, nos abandonan en alguna relación, nos divorciamos, somos víctimas de nuestras debilidades, perdemos estabilidad o dinero, perdemos un hijo e incluso cosas peores, pero la vida es más que eso. Entrégate a creer porque también nos amamos, nos casamos,  ganamos dinero, tenemos hijos, somos felices sin ellos, a veces no nos importa el dinero o quizá tuvimos un amante con el cual pasamos tiempo de calidad, nos enseño su jardín que tanto le emociona e hicimos cosas tontas como jugar luchitas. Y no importa que  haya sido solo por unas cuantas noches y que el corazón haya dolido tarde o temprano.

 

Comentarios
Andrea Velázquez
¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.

En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.

Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.

Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.

Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.

¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.