Cuando nos ahogamos en un grito


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Observo mucho y si estoy muy concentrada en algo, escucho también, es como si mis sentidos estuvieran alerta siempre para notar aquello, que casi nadie percibe o simplemente no les interesa.

Estaba clavadísima leyendo mi libro a la orilla de la alberca. Éramos pocos los que estábamos ahí. De pronto vi cómo pasó caminando un señor de unos 70 años, no sé su nombre, pero lo ubico perfecto, sé que jugaba tenis, que todos los domingos come en la cafetería del club con su esposa y que no se dirigen la palabra por más de una hora.

Sé quienes son sus hijos, sus nietos, que es un hombre más bien callado, reservado y serio. Lo primero que me llamó la atención fue ver lo delgado que estaba. Mi mirada lo siguió mientras sus pasos avanzaban, sus manos, quizá hasta con los puños cerrados se refugiaban en sus bolsillos del pantalón y su cabeza apuntaba hacia el piso.

Dio unas tres vueltas alrededor de la alberca, pero no como ejercicio, transpiraba ansiedad, inquietud, de esas que no sabes hacía donde lanzar. Al final de la tercera vuelta se sentó en una banca. Yo medio seguía con mi lectura y medio lo vigilaba. Volteó su cabeza hacía ambos lados, no venía nadie, pero habíamos varias personas más o menos cerca de él, unos 40 metros quizá.

Hizo una especie de embudo con ambas manos y las llevó hacía su boca. Comenzó a decir cosas, después incluso a gritarlas, era imperceptible lo que decía. Por más atención que puse no pude escuchar con claridad, sus palabras se ahogaban en sus manos. Hizo eso durante varios minutos, se paró dio una vuelta más, volvió a sentarse y lo mismo. Nadie se dio cuenta. Esta vez, cuando termino de gritar dolor seguro, sacó un pañuelo blanco de la bolsa de su camisa gris y limpió sus lágrimas. Un par en cado ojo. Se levantó y se dirigió a la cafetería, seguramente su esposa ya lo estaba esperando.

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Gina
Soñadora incansable, alma con inquietudes de primavera, formo acuarelas con mis días, capturista amateur de instantes, grito los silencios, no sé reírme quedito, colecciono cielos, melancólica hasta la médula, pido deseos cuando soplo dientes de león, de pronto le hago al teatro, abrazo fuerte las verdades, me da por escribir versos, soy experta en saltar olas, platico con la luna, no tengo alas y vuelo.
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Gina Cardoso

Soñadora incansable, alma con inquietudes de primavera, formo acuarelas con mis días, capturista amateur de instantes, grito los silencios, no sé reírme quedito, colecciono cielos, melancólica hasta la médula, pido deseos cuando soplo dientes de león, de pronto le hago al teatro, abrazo fuerte las verdades, me da por escribir versos, soy experta en saltar olas, platico con la luna, no tengo alas y vuelo.