De cómo pedir ayuda y cómo agradecerla


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Hace algunos días, por primera vez en mi vida me atreví a poner una foto en Facebook, para colmo una selfie, donde explicaba que me sentía completamente fuera de mí y que necesitaba ayuda de mis amigos. Que si me encontraban en la calle, ni preguntaran, que nomás me abrazaran.

Jamás había hecho algo así, pedir ayuda tan abiertamente, pedir cariño tan descaradamente. Se siente raro, debo decirlo, me sentí impúdica, ególatra. Pero de verdad lo necesitaba. He visto fotos así de famosos, o de otras personas en FB y TW -no forzosamente mis amigos. Y siento que hay una línea muy delgada entre querer la atención del otro a como dé lugar, y pedir ayuda. Tuve varias ventajas para creo, no cruzar esa línea:

  1. Toda la gente que está en FB es gente que conozco físicamente. Con quien en algún punto de mi vida me he sentado a hablar al menos 20 minutos.
  2. Por lo tanto, por poco que sepan de mí, saben que vivo con muchos animales, me dedico a escribir y a social media y padezco distimia.
  3. Nunca he ocultado que vivo con diagnósticos psiquiátricos y que tomo medicinas para ayudar a que la sintomatología no me joda.

Todas esas cosas ayudaron muchísimo a que la respuesta de cada una de las personas que vieron el post fuera absolutamente perfecta. Hubo gente que me escribió por messenger, que me platicó su vida y escuchó la mía; otra que me buscó físicamente; otra que me llamó por teléfono; otros tantos me vieron por previos compromisos e hicieron justo lo que pedí: no preguntar, abrazar.

Ese día fue muy complicado de vivir, la sensación era como si mi cuerpo estuviera al 100, perfectamente sano y fuerte y adecuado para atender los compromisos laborales, pero amarrado al pie, como cuando te dejas un papel de baño que ni te enteras de donde agarraste, estaba otra parte de mí, muy pesada y densa, que no hacía nada más que pesar y arrastrarse. Y no, no dolía, pero me provocaba mucha lata, incomodidad, vergüenza, lástima, y si por dos segundos la mencionaba, unas ganas de llorar me invadían sin que pudiera sacar ni una lágrima.

El día siguió y terminó y así continuaron varios más. Sin embargo, durante los días subsecuentes no recibí más que señales de apoyo inteligente y amoroso. Nunca como en estas semanas comprobé que tengo los amigos correctos, la familia correcta, los amores adecuados. Los integrantes de mi vida, me recibían con lo que necesitaba, me sorprendían incluso con respuestas nuevas a mis peticiones.

Conforme han pasado los días pude ver de qué estaba hecho ese pedazo de María que iba arrastrando. Sé que se lee muy… literario, muy realismo mágico, muy incluso cuento de Guillermo del Toro; pero les aseguro que en muchos momentos, la locura de la depresión, de verdad me hace sentir como varias personas que van pegadas a mí sin que ninguna pueda dominar la situación por completo.

Cuando por fin pude atenderme, escucharme y ver qué demonios me traía disconexa, recibí la mejor sorpresa: un amigo de recién adquisición, una persona nueva en el casting de mi vida, supo entender mi dolor más grande, y acompañarme a desmenuzarlo, entenderlo y consolarme.

Gracias, gracias, gracias Bonito. Desde entonces me siento yo otra vez.

Gracias a todos los que contestaron a ese post, porque cada una de las palabras que me han dado me han hecho sentir parte de algo, de un grupo de gente brutalmente asombrosa, en quien sé me puedo recargar cuando lo necesito.

Gracias a esa otra parte de mí que siempre ha sido rebelde y jamás ha sentido vergüenza por hablar de las cosas que me pasan, de la depresión como una enfermedad tan común y tratable como el síndrome de colon irritable.

Gracias a mi Comadre, cuya dulzura, sabiduría y capacidad de mostrarme las cosas más bellas y sabrosas del mundo, me recordaron que no necesito ser feliz para estar bien.

Gracias a mi familia extendida, que llena de jarabe mi vida, por darme una rutina que me mantenga en el carril.

Gracias a mi familia biológica, que mágicamente coincidió en mi agenda para recordarme que sin importar de dónde venimos, siempre podemos coincidir en el futuro, libres de los lastres que nos vieron crecer.

Gracias a los cachos de amor, a los besos y abrazos de mis animales, a la paciencia y generosidad que me tienen quienes ahora hacen posible que haya comida en mi refrigerador.

Gracias, gracias, gracias infinitas.

Y a ti, que lees esto y te has sentido solo, deprimido, sin solución, recuerda: la honestidad contigo mismo, aceptar que estás dolido, que algo te falta, y decirlo en voz alta, puede doler mucho más de lo que crees, pero lo que recibirás a cambio, es absolutamente lo que necesitas.

Pide ayuda. Siempre que puedas, pide ayuda.

 

Post original en Echar el chal, publicado el 10 de marzo de 2016
Comentarios
Maríaisabel Mota
Content Creator. Vivo en eterno Social (Media) Rehab. Creo en la Revolución Fiscal. Surfeo el caos. Investigo usando @ComamosPalabras. Estoy escribiendo @ElDepreBook
MariaisabelMota

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