Día del padre sin papá…


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Él se fue y con él todas las respuestas a las preguntas que jamás quise hacerle…

 

Lo vi llorar contadas veces en toda mi vida… Un par de veces al ver los regalos que mi hermana y yo preparábamos para él en Día del padre o en nuestro cumpleaños, cuando me gradué y me dijo que me amaba, cuando en una de mis depresiones adolescentes pensó que me dejaría morir y suplicó que no quería perderme, cuando me vio una vez en el hospital y vendió su celular para pagarlo, cuando nos despedimos en el hospital sin saber si saldría o no de la operación dos semanas antes de su muerte, cuando murió su padre… A eso quería llegar…

 

Derramaba también algunas lágrimas cuando se acordaba de su papá, cuando sonaba la canción de “Perfume de Gardenias” que le había dedicado éste a su madre…

 

Estoy segura que lloró en su lecho de muerte, al saber que no volveríamos a vernos, al pronunciar sus últimas palabras pensando en nosotras… Mi hermana y yo fuimos los grandes amores de su vida, sin lugar a dudas, siempre nos los hizo saber. Ese era mi padre…

 

Yo lloraba con sólo pensar que era un ser mortal, que podría perderlo algún día… y de pronto, mi peor temor se hizo realidad… Y yo nunca le pregunté cómo se sobrepuso al duelo de su papá… Lo amaba tanto que no me gustaba preguntar cosas que le dolieran, nunca quise lastimarlo… Quizás él amaba a su padre con la misma intensidad que yo a él, pero cuando su papá se fue, él ya era un adulto, tenía una familia por la cual velar y más experiencia, más años a cuestas, aunque realmente nunca estás preparado para estas pérdidas.

 

Cuando murió mi abuelo, intenté no separarme de mi papá, aunque él se hizo cargo de todo, como yo cuando éste murió… Y debo admitir que me dolía mucho más su dolor que la pérdida de su padre…

 

Los hijos siempre nos sentimos culpables por algo… ¿y si yo me hubiera levantado antes el día de su muerte, podría haberlo alcanzado con vida? ¿y si hubiera ido a verlo un día antes? ¿y si lo hubiera llamado más?

Él también se sintió culpable cuando cayó sobre él la decisión de desconectar a su padre, cuando se despidió de él en el hospital tras ser diagnosticado con muerte cerebral y vio a un hombre completamente desconocido en lugar del titán que había sido para él…

 

Para mí, él era mi Superman y mi kriptonita, él lo sabía, se lo dije: “si te pasara algo, el mundo entero se puede ir a la mierda y a mí me vale madres”, pero no pudo ser así, porque amo la vida y porque tengo una madre y una hermana y una sobrina y una abuela, que es madre suya y que él me encargó… Y a quienes amo demasiado…

 

La primera vez que se fue, yo lo corrí de la casa, le dije que era lo mejor, ya no aguantaba a mi mamá y a él peleando siempre. Él me propuso que me fuera a vivir con él, pero le dije que ambos éramos iguales: “somos independientes, sé que tú estarás bien, pero mi mamá me necesita más que tú”, eso también me lo inculcó él. En el hospital, muchos años después, me pidió que no me sintiera culpable por no haber querido nunca vivir con él, tomé la decisión correcta, dijo.

 

“¿Defenderías a tu mamá, aún de mí?”, preguntaba. “Si te pasas de lanza sí, claro que sí, pero no por esas ideas tuyas de que la prefiero a ella, si no porque tú y yo somos iguales. Tú también defendías a tu mamá de tu papá y no significaba que lo amaras menos. Es eso, yo soy tu reflejo, soy igual a ti”.

 

La vida me lo prestó dos semanas más después de que nos despedimos y me dejó todas las instrucciones que debía seguir ante su muerte (“¿Qué clase de padre sería si no te preparara para cuando yo falte?”, dicen en la película de “Black Panther”, de Marvel). Esas dos semanas fui a visitarlo, nos tomábamos de la mano, veíamos TV o una peli, hablábamos de todo y de todos, de nuestros planes futuros, los viajes que queríamos hacer, nuestras preocupaciones…

 

Una vez me pregunto: “¿Por qué me quieres?” “Porque eres mi papá”, respondí. “¿Sólo porque soy tu papá?” “No, porque eres mi amigo, mi guía, porque me amas y puedo contártelo todo y eres un hombre íntegro y honesto y generoso y yo te admiro mucho”.

 

Cuando murió su papá, encontró un diario con pensamientos, esos mismos los pasamos a computadora, los ilustramos con fotos viejas, hicimos algunas ediciones y armamos un engargolado con una portada con la imagen de mi abuelo: “Para vivir, hay que morir”, decía de título. Nos embarcamos en ese proyecto juntos para honrarlo y entregamos una copia a sus hermanos y a sus primos y a la familia… Ese era mi padre…

 

A veces he tenido que lidiar con el odio de mi mamá por parecerme tanto a él (gajes del oficio), pero siempre me he sentido orgullosa de ser su hija, ¿recuerdan la película de “El Rey León”? Esa frase tan característica para Simba: “Él vive en ti”, así lo siento, porque “Somos iguales”, decíamos siempre… “Te amo”, decíamos más…

 

“Amo a mis padres, porque bueno o malo, ellos me hicieron lo que soy y por eso les estaré eternamente agradecido y en deuda”, me decía. Yo pienso lo mismo.

 

“Piensa, analiza y ejecuta”, me decía siempre, pero no sólo me enseñó a eso, sino también a defenderme y a ser fuerte.

 

Días antes de su muerte, él extrañaba mucho a mi abuelo, intentaba hablar con él en medio de rezos, y finalmente, la creencia popular es que su papá fue quien vino por él… Le pedí que, llegado mi momento, haga lo mismo conmigo… Que me tome de la mano, como siempre hacíamos, y me conduzca a su lado… ¡Qué bello sería ¿no?! Como en la película de “Coco”, de Pixar.

 

Tuve la maravillosa fortuna de ser hija de un gran hombre, gran hijo y gran padre, me encantaría que mis hijos tuvieran a alguien así… Quién sabe si alguna vez los tenga, pero sería magnífico que experimentaran todo el amor que yo tuve y sentí con él y por él…

 

No todos tienen las agallas ni el corazón ni la valentía  ni la paciencia para ser padres…

No todos entienden la belleza ni la importancia de ser padres…

No todos son agradecidos con sus padres…

No todos pueden o saben ser padres…

Y aunque suene trillado… Siempre debemos ser agradecidos y valorar lo que tenemos, hablar, preguntar, compartir mientras podamos, porque a veces pasa que, tal como me ocurrió, el destino nos sorprende de repente con la novedad de que vivirás el resto de tu vida sin él… Siendo los años que sean o meses o días, cada uno de ellos me hará una inmensa falta…

 

Feliz Día del padre hasta donde quiera que estés, Daddy… Te amo para siempre…

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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