El accidente que cambió mi forma de pensar…


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Chocar el coche era una nimiedad de la que pensé que podría salir bien librada. Como todo accidente sucedió en dos segundos que, si bien salimos mi amiga y yo sólo con algunos golpes, jamás imaginamos que nos cambiaría la vida…

Hay tres grandes verdades que corroboré ante este suceso: 1. Cuando esto sucede, piensas en una cantidad de personas muy pequeña para llamarles y avisarles. Tal vez, las personas más importantes, en las que más confías, con las que más te sientes segura y en las que piensas que puedes resguardarte. Sólo son de 3 a 5. Después, conforme pasan las semanas y cuentas el acontecimiento, los demás te dicen: “Me hubieras llamado”; pero la realidad es que no lo piensas. No es como que veas toda tu lista de contactos en la mente. El cerebro recurre a aquéllos que tienes más presentes, creo. 2. En sucesos como este, descubres a quienes son tus verdaderos amigos. 3. Los cambios nunca vienen solos, siempre lo he dicho, incluso con ironía. Cuando el mundo de mis personas cercanas se pone de cabeza, siempre les digo: “temporada de cambios, ¿qué te digo?”

Después del accidente, he debido asumir las consecuencias de mis actos y, siendo que soy una persona muy positiva, he encontrado que hay cosas buenas y malas de todos estos cambios.

¿El auto? Pérdida total. Lo cual me envolvió en un sinnúmero de preocupaciones, debido a los trámites que había que hacer y una pequeña deuda que me acarreó.

Alguna vez, alguien me dijo que los cambios los causamos nosotros mismos, a veces, todo aquello de “las cosas pasan por algo”, no es más que un complot inconsciente de nosotros mismos con el universo. Y yo… Yo había querido cambiar el coche este año, pero sabía que no me atrevería por mis deudas y porque a pesar de ellas quería viajar lo más que pudiera, a donde fuera…

Entonces, sucedió el accidente. Ahora ando en metro, lo cual me ha traído un poco más de humildad, paz, he retomado mi fe en la gente con la generosidad de mucha de ella, personas que no conozco, que hace mucho no veía, que no pensé que fueran a ayudarme o que no había visto más que una vez en mi vida y que nunca me han pedido nada a cambio… He afianzado lazos con mis amigos, mis verdaderos amigos, quienes están ahí dispuestos a ayudar, a escuchar, a estar conmigo. He cambiado mi manera de pensar.

Descubrí que aquéllas personas que por meses consideré mis amigos, me dieron la espalda en aquéllos momentos. Sí, admiraron mi fortaleza ante la adversidad, pero sin coche, sin dinero y cambiando la temporada, cuando tuvieron nuevas conquistas o cuando empecé a dar problemas o a tenerlos, o yo qué sé, dejé de ser importante para ellos. Hay gente que sólo cuando hay fiesta, sabe ser amiga.

Claro que mis cambios no sólo se debieron a la falta de dinero, nuevos proyectos en el trabajo y el accidente o la amistad o hasta mi familia (en la que mi hermana embarazada dará a luz pronto), sino también al desamor… A entender que hay personas que no son para ti y debes aprender a quererte más a ti. Todo al mismo tiempo (“¡paren el mundo, me quiero bajar!”)…

Dado que ahora no tengo mucho dinero y que me he aumentado una o dos deudas, ya no salgo tanto y he recortado mis gastos a lo realmente importante. Además de que creo que he bajado de peso entre preocupaciones, caminatas y dieta por no poder zamparme todo lo que quiero.

Estoy cambiando y trabajando en mí. Buscando un libro, redescubriendo la pasión que había perdido, buscando qué hacer y dejando atrás toda esa ansiedad que me producía el no salir un viernes o un sábado por la noche.

Cuando no tengo dinero, salgo a caminar al parque. Me gusta. Retomé el placer de leer en un café, de estar sola, de probarme a mí misma cuánto aguantan mis pies y veo todo de diferente perspectiva al tener que recorrer las calles. Obviamente, tuve que terminar con las largas jornadas en el trabajo, porque es peligroso salirme tan tarde de la oficina. Descanso mejor y me levanto más temprano. Veo más a uno de mis mejores amigos y a alguien que jamás imaginé que volvería a ver tan cerca. Cambié un poco de look. Quiero hacer cambios en casa y participar en nuevos proyectos, me entusiasman muchas posibilidades y siento que ahora pongo más los pies en la tierra.

Muy por aparte del “pude haber muerto”, también empecé a valorar más mi vida y he prometido no volver a ponerme en riesgo.

Entre todos los cambios, me acordé una noche que en uno de los exámenes psicológicos de la asignatura de Introducción a la Psicología en la prepa, me realizaron uno que trataba de hacer un dibujo sobre cómo me veía en 10 años. Curioso: Me vi en pareja, viajando, trabajando, fuerte y plena. Ni los hijos ni el matrimonio figuraban, de hecho, nada más…  Y entonces pensé: ¿qué pasaría si ese dinero que me darán por la pérdida total del coche lo invirtiera mejor en viajar y ser feliz yo sola? Me vino a la cabeza un meme que decía: “Vende tu auto y viaja”, sí, es real, el auto es quizás lo más grande, materialmente hablando que tengo, no hay más bienes, pero desprenderme de él también me trajo cierta libertad… “Desprenderse de los bienes”, como dicen en varias religiones, varios pensadores, aunque creo que más bien se refiere a nivel emocional. Con estas ideas revoloteando en mi cabeza cual mariposas, de repente me llegó una más, una frase de una serie que estoy viendo: “¿Por qué los seres humanos siempre nos enfocamos más en lo que nos falta, en lugar de voltear a ver lo que tenemos?” Entonces, me pregunté: ¿Qué tengo? Si hablamos de cosas materiales, sólo el auto. ¿En qué afectaría si me desaparezco unos meses? ¿A quién? Todos seguirían su vida, naturalmente, igual que yo podría vivir cosas que me enriquecerían mucho como persona, no hay nada que me ate. Pero entonces… ¿Qué tengo? Tengo a mi mamá y a mi hermana. Aquéllas personas con quienes vivo no se opondrían, como nunca se oponen a mis decisiones o arrebatos, me aman como soy, a pesar de cómo soy… Incondicionalmente, como yo las amo a ellas… Pero hay algo muy importante: mi mamá no está sana y mi hermana dará a luz en pocos meses, por lo que además de ellas, ahora también habrá una nueva personita a la que amaré con toda mi alma y por quien quiero empezar a abrir el camino y dejar entrar nuevas cosas en casa.

Así es que decidí seguir cambiando… aquí… Desde adentro. Tal vez mucha gente opine lo contrario. Para mí lo importante son ellas, es lo que realmente tengo, lo que no quiero perder. No es necesario que me vaya de viaje tantos meses, puedo hacer viajes cortos cuando tenga las posibilidades. Además, lo más importante es que ¡me tengo a mí! Por eso decidí comprar otro auto, invertir en eso para mí. Algo que me guste, en mi color favorito, que me motive a seguirlo pagando y a cuidarlo.

Mis deudas no desaparecerán, tengo un trabajo que, aunque me da dolores de cabeza, también me da retos constantes y me entusiasma con nuevos proyectos en ocasiones, además de que me da ciertas libertades.

Vida sólo hay una y esta ya me la sé, por eso desaparecer unos meses podrían constituir una gran aventura, pero todo traería consecuencias… Serían esos mismos meses que me perdería de las vidas de mi madre y mi sobrino… Y el tiempo es tan implacable que jamás me permitiría volver atrás… ¿Me lo perdonaría? Quién sabe.

Por eso, no se trata de vivir una vida diferente o cambiarla, se trata de crear una nueva, empezando por mí…

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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