El adicto a la heroína y mi yo feliz


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Es viernes por la noche y me dirijo de regreso a mi casa. Mientras bajo las escaleras eléctricas me doy cuenta de lo tarde que es y de lo mucho que odio ese momento que estoy viviendo. En realidad no lo odio. La verdad es que estoy aburrida y tengo la fuerte necesidad de ponerle algo de emoción a mi vida.

“Las personas como yo, tan dependientes de pasiones, 
no saben que hacer cuando la vida no es un cerillo”

Yo solía ser muy bien versada en el arte de arruinar mi circunstancia en turno, al punto de hacerme la existencia tan insoportable hasta quedar acorralada en el dilema de quitarme la vida o hacer algo radical para moverme a un lugar mas feliz y estimulante.

Mi tarjeta del metro no estaba funcionando así que tuve que pedirle ayuda al guardia de seguridad. Mientras esperaba el metro, un chico pasó y me dijo “Me encanta tu cabello”. Sonreí y le dije “gracias”. Inmediatamente me puse los audífonos y empecé a escuchar música, no estaba de humor de iniciar una conversación amigable con nadie.

Pasaron un par de minutos y volteé a verlo. Sentí que tenía que hacerlo. Había algo especial en el. El me estaba mirando también. Decidí ser abierta. Se me acercó y sentí un gran alivio al darme cuenta de que era gay y que no se había acercado para coquetear conmigo. Es bonito cuando alguien se te acerca porque realmente lo necesita, como descubrí mas tarde. Yo estaba en la necesidad de tener momentos de mas proximidad y humanidad, y el me me dio ese regalo. Me hizo sentir como su mejor amiga en nuestro corto viaje de seis paradas.

Se dirigía a la parada Gallery Place – China Town. Yo pensé que estaba medio borracho, era viernes en la noche y eso no sería inusual. Me preguntó de donde era yo y todas esas cosas que uno pregunta en una plática introductoria. El metro llegó y se sentó en la fila opuesta de asientos. Cuando volteé a verlo con la cara mas amigable que pude poner tuvo la confianza de sentarse a mi lado de nuevo.

Y ahí estaba el, super joven con su ojo izquierdo perdido en el espacio, con esa ternura que me hace sentir la gente mas joven que yo cuando se acerca a mi con confianza, como buscando consejo.

Ahí estaba el con toda su vulnerabilidad a cuestas diciéndome que estaba high. Le pregunté qué se había metido, me contestó: “heroína, la conoces?” Dije: “la conozco, pero no la he probado”. “Te inyectas o solo la fumas?, pregunté. Quería que me dijera que solo le entraba a las versiones light, pero no era el caso. “Lo hago todos los días, se que estoy mal, pero me gusta, me deja seguir funcionando”. Le dije que lo entendía, que a veces, nuestro espíritu elige caminos oscuros para el desarrollo personal. Casi llora. Yo tuve que contenerme porque no le daría un buen ejemplo si me rompía ahí mismo y me ponía a llorar junto con el. Solo tenía un par de paradas para hacer algo que pudiese iluminar su existencia, y decidí contarle un poco de mi. No porque yo sea ejemplo de nada, sino para ganarme su confianza y hacerle sentir comprendido.

“Se lo que es sentirse completamente infeliz, deseando morir y haciendo todo tipo de cosas para destruirse a uno mismo. Nunca he sido adicta a ninguna droga, pero sin duda he tenido adicciones, del tipo emocional, digamos. No tenemos tiempo de hablar  de eso, es un tipo de cosa que es difícil de cachar porque no hay un “objeto” con el cual relacionarlo, pero en fin, sucede que algunas personas parecemos no ser capaces de manejar el mundo y todo lo que significa estar vivo”.

Era su turno, dijo: “Mi novio se murió hace un año. Nos metíamos drogas juntos, pero un día se le pasó la mano y se murió”.

Yo no tengo una historia que compita con esa”, pensé, y me sentí casi avergonzada. Solo se me ocurrió decirle que seguramente estaba viviendo en un lugar muy oscuro. Me dijo que si era así. Sin embargo, sus ojos tenían una clara chispa llena de vida. Le pregunté si había buscado ayuda y me dio gusto saber que sí. Me dijo “sabes, esto es mas bien una enfermedad mental, tengo trastorno bipolar, mi madre también”. Yo no quise decirle acerca de mi porque me ha hecho mucho bien pretender que no lo soy y que nunca lo fui y que incluso creo que lo que en realidad existe es una falta de amor inmensa en el mundo. Pero ayuda ponerle nombre para salir del paso y hay que estar listo para admitir que el problema es algo mas vergonzoso y básico. El problema, pienso,  es que tenemos una gran falta de contacto con lo mas esencial de nuestra humanidad porque ser humano duele y mucho. En el afán de adaptarnos y sobrevivir, hemos aprendido a no ser demasiado emocionales, y si sucede que uno lo es, se vuelve un problema, una cosa des-adaptada,  cuando quizá el secreto para tener un mundo mejor sea precisamente volvernos mas sensibles.

“No es algo que venga de la nada” dijo.  “Tomo anti-depresivos, voy a terapia y todo eso, pero aún así, todos los días, en el trabajo, voy al baño y me inyecto heroína, en el brazo. Ahí, prácticamente a escondidas de todos, y nadie tiene la mínima sospecha”.

Le dije: “Supongo que la peor parte es que nadie se imagina que mañana podrías suicidarte y que tu existencia pende de un hilo muy delgado. ¿Porque es así verdad?Nadie se imagina que tu vida no es lo que parece y mucho menos se imaginan todo el dolor que tienes que sobrevivir a diario. Un dolor que te destruye mas que toda esa heroína que al menos te da unos momentos de paz al día”.

“Pero, quiero decirte algo: hay una salida a todo eso. Quizá no la encuentres muy pronto, quizá necesites mas años de escarbar en la tierra mas profunda y sucia, quizá tengas que hacerte mas daño, no estoy diciendo que eso es lo que debas de hacer o que este bien, pero como dije antes, la vida tiene formas misteriosas de darnos lo que queremos obtener de ella. Lo mejor que tengo para decirte es que si eres paciente, y esperas a que el tiempo haga que te canses de toda esta basura, estarás listo para seguir adelante y tu corazón al fin tendrá la fuerza para ir en busca de la felicidad. Por favor, cree en lo que te digo. Ese día llegará y estarás listo para AMAR la vida de una forma nueva, como no lo has hecho antes, no porque no sepas hacerlo, sino porque no te es posible en este momento. Serás capaz de aceptar la existencia tan dura y absurda como muchas veces es, aguantar la soledad será una cosa mucho menos complicada y podrás agarrarte fuerte cuando no hay nada mas que hacer. Si tienes suerte, tendrás la oportunidad de decirle todo esto esto a un TU mas joven, con la esperanza de aliviar su viaje por el infierno, como espero poder hacerlo yo en este momento y como algunas personas lo hicieron en su momento por mi”.

Dijo que tenía todo el deseo de aguantar. No me pareció que quiera terminar con su vida muy pronto pero que si lo ha intentado antes.  Vi fuerza en sus ojos y en sus palabras, una fuerza que yo nunca tuve a su edad. Una fuerza que seguramente el no puede ver en su totalidad. La fuerza de las personas que la están pasando realmente mal. Ese fue el regalo que me dio el a mi. Un recordatorio de que para algunas personas, el viaje al lado oscuro de la vida es necesario para poder entenderla mejor y que aunque no parezca y no este bien, hay algo de valentía en ello.

Llegamos a su parada. No era fácil imaginarse que era adicto a la heroína, nada es como lo ponen en las películas. Quería preguntarle su número de teléfono pero no lo hice, quise confiar en que nuestro encuentro tenía que haber sido como fue. Un encuentro con un extraño que se interesa por ti, sin importar si te va a conocer mejor o no, sin importar si tendrá la recompensa de tener un nuevo mejor amigo. Un extraño que cree al cien por ciento en ti y que te desea lo mejor.

Respiro con alivio cada vez que confirmo los progresos de mi alma. Llegue a mi parada, ya no estaba buscando la manera de entretener mi aburrimiento con mañas auto-destructivas. No por haber hablado con el, sino porque simplemente ya no soy la misma persona. Solo me queda el hábito de querer regresar ahí de vez en cuando porque es el camino que conozco por mas años, pero esa puerta parece estar cerrada para siempre y darme cuenta de ello me hace muy feliz.

Subí las escaleras eléctricas y le di gracias a la vida por haberme dado la fuerza de haber elegido el camino a la felicidad y por hacerme sentir que cada vez estoy mas cerca de ser la persona que siempre quise ser. Una persona lo suficientemente feliz como para poder ayudar a los demás o por lo menos intentarlo.

 

Comentarios
Andrea Velázquez
¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.

En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.

Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.

Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.

Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.

¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.