El día que conocí a Burroughs


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(Musicalice el post con esta canción

Era viernes de quincena, salí de casa justo a la hora del tráfico y para hacerlo más especial, era el día en el que los chinos decidieron que su año terminaba.

De por si ya iba tarde a mi cita cuando decidí estacionar mi auto un poco más lejos de lo normal e irme caminando para librarme del mar de autos. De un tiempo para acá odio manejar, no porque quiera volverme una hipster ciclista, pero hay ocasiones en el que traer un auto es un completo estorbo. Aunque las distancias e inseguridad en esta ciudad hacen un poco imposible dispensar de este artículo de lujo.

Crucé Insurgentes hacia Alvaro Obregón y llegando a la calle de Monterrey di vuelta a la derecha. Una cuadra y ya estaba en mi destino.

Llegué a un lugar de comida corrida llamada Krika’s. En una mesa afuera ya me esperaba Nate. Con una Victoria en la mano y con 2 libros en la mesa, Nate se levantó para saludarme y yo para dar esa ya clásica y mexicana disculpa seguida de la explicación del porque había llegado 20 minutos tarde a nuestra cita.

“Me ha costado trabajo adaptarme a la impuntualidad de los mexicanos. Siempre soy el primero en llegar a los lugares” comentó alguna vez al contarme sobre sus experiencias en la ciudad.

Esta no era una cita normal, lo que teníamos planeado para ese día era más una aventura que a los dos nos tenía emocionados y nerviosos a la vez… pero antes de entrar en detalles teníamos que romper el hielo con una larga platica y algo de comer. Él pidió el menú del día que incluía unas enchiladas verdes y yo con un caldo pollo.

Recuerdo que cuando era más joven y recién empezaba la era del MySpace, me daba pena admitir que había conocido a gente por ese medio. Ahora parece ser la forma más común de abrir tu círculo hacia gente que en un día como cualquiera, no podrías conocer. Así fue como lo conocí.

Nacido en Colorado, de padres budistas que, en los sesentas, seguían a un líder yogi que huyó del Tibet en ese entonces, el cual, no recuerdo su nombre. Tiempo después se mudaron a Halifax, siguiendo al mismo líder y convirtiéndolo en mitad gringo, mitad canadiense. Sus historias seguían entre viajes, enchiladas verdes y cerveza.

Terminando su comida, hizo aun lado sus platos y se puso en posición para contarme sobre nuestra aventura del día. Nate estaba escribiendo un articulo sobre la vida de los beatniks en México. El tema no era extraño para mi, así que en el momento que dijo esas palabras, capto mi atención por completo.

El lugar donde nos encontrábamos sentados era antes un bar llamado Bounty’s, ahí se juntaba Burroughs con Joan Vollmer y amigos a tomar todas las noches. En ese mismo edificio se encontraba el famoso departamento 10 donde vivía Burroughs y su esposa. Mismo lugar donde, después de una noche de copas y muchas drogas, Vollmer le propuso a Burroughs recrear su famoso truco de William Tell. Ella se puso un vaso en la cabeza, él alisto el arma… y ahí fue donde todo terminó.

Nuestro reto del día era entrar al departamento, cosa que era casi imposible ya que las personas que viven ahí nunca han dejado entrar a nadie a ver el lugar del asesinato. Si hay algo que me encanta, son los retos. En mi cabeza no caben los imposibles y al contrario, estaba dispuesta a sacar mis mejores cartas para ser los primeros en entrar al departamento.

Terminamos nuestras respectivas cervezas y con los nervios en la boca del estómago, nos encaminamos a la entrada del edificio.

En el camino ibamos discutiendo como era que íbamos a pasar del intercom y entrar al edificio, cosa que no era necesario pensar porque para nuestra buena suerte, unos inquilinos iban saliendo del edificio. Los dos corrimos antes de que cerraran la puerte y cuando menos lo esperabamos, estábamos dentro.

La emoción se notaba en la sonriesa de nuestros rostros, estabamos dentro. Ahora teníamos que buscar el departamento 10.

Subimos muy lentamente, deteniéndonos en cada piso y con mucha calma veíamos los números en las puertas de cada departamento. Fue hasta el 3er piso que, al voltear a la izquierda, lo encontramos. Estaba ahí, una puerta de madera oscura, llena de historia y tragedia. Les mentiría si no les dijera que mi corazón latía rapidamente. Me sentía como una niña pequeña imaginándose en una expendición  en el Amazonas, desde la sala de su hogar.

Nate puso su mochila en el piso y sacó su cámara. Él también estaba muy nervioso y emocionado. No creíamos que fuera a ser tan fácil pero al final, nos quedaba un obstáculo más.

Tomó las respectivas fotos del departamente, guardó su cámara y con la mirada me dio la señal. Era hora de enfrentar a los dueños de ese hogar maldito.

Yo se que esperan que el final de esta historia fuera como Nate y yo la deseamos, pero no fue así. No logramos entrar al departamento, pero sí pudimos hablar con la señora que vive ahí y nos contó cuanto odiaba que la gente fuera de morbosa a su casa. “No sé qué están esperando ver, no hay balas ni cadáveres aquí. Es una casa común y corriente.” decía con un tono bastante molesto.

Antes de despedirnos, Nate me pidió que le preguntara a la señora si alguna vez había leído a Burroughs. Con el mismo tono molesto dijo que no, que prefería más leer a Carlos Fuentes y al recién fallecido José Emilio Pacheco. “Ellos sí son buenos escritores” dijo. Algo nos decía que sí había leído a Burroughs y que obviamente no le había gustado nada.

Salimos del departamento con una gran sonrisa y una sensación de satisfacción porque al final, Nate había conseguido lo que necesitaba para el artículo.

Para celebrar, fuimos al Barrio Chino a ver como un montón de dragones de peluche bailaban mientras la gente se aplastaba en la calle principal. Nunca voy a olvidar a la señora que apareció gritando a un lado de mi pidiéndole a los policías que “por Dios la sacaran de ahí”. Estaba teniendo un ataque de pánico y yo la tenía a un lado, no podía hacer nada más que tranquilizarla y ayudarla a salir.

La noche terminó en lo más alto de la Torre Latinoamericana, viendo la ciudad iluminando la noche. Aunque le tema mucho a las alturas, volví a subir y lo seguiré haciendo solo para dejar que la ciudad ilumine mi rostro y me haga sentir eso que dejé de sentir desde el día que se fue. Esa emoción que busco y aveces encuentro en otras personas, viviendo aventuras y siempre dejándome llevar.

Tal vez sea muy irresponsable, tal vez haga las cosas sin pensar, pero que es una vida sin riesgo. “I went through hell and back” como dirían esas frases agringadas que traigo en la cabeza, no le temo a lo demás. Yo se que la vida me guiará al lugar donde pueda encontrarme nuevamente, encontrar lo que perdí y volver a ser feliz.

Comentarios
Priscila Hazard-Sánchez
Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet.

Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte.

PUNK ROCK FO’EVA!
Pecora

Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet. Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte. PUNK ROCK FO’EVA!

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