El fantasma de tu ex


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Ella sabía que no podía compararse conmigo, se lo había dicho a él y yo me atreví a juzgarla duramente, pensando: “y si lo sabe, ¿por qué no se aleja? ¿por qué se interpone? ¿por qué tiene tan poca autoestima como para estar con él y soportar eso?”… No me atreví a ponerme en sus zapatos aún sabiendo que yo de ella, y de su convivencia con él, no sabía nada… Aún sin imaginarme que yo para él ya sólo era un fantasma…

No vale la pena dar los pormenores de por qué terminamos, eso no es lo importante. Lo importante es que, durante los años que estuvimos juntos, tuvimos pocas peleas, pero justo cuando rompimos fue cuando comenzamos a sacar lo peor de nosotros mismos, sin querer brotó nuestro lado más dramático, salvaje, cruel y sanguinario. Nos atacábamos pasivo-agresivamente, con lo que se pudiera, ante cualquier pretexto, incluso aquélla vez que llamó para desearme feliz cumpleaños, arruinó mi día. Nos dedicó, con toda la razón, la canción de “Titanium” en todas sus versiones. Fue una temporada desgastante, pero la realidad es que pasa mucho al final de las relaciones amorosas.

Todo lo que callamos, que no nos parecía durante años y aquéllas cosas tan pequeñas que nos molestaban uno del otro, se hicieron enormes… Pero además, inconscientemente, todo se convirtió en una guerra donde ganaba el que más hiciera daño y él… Yo siempre supuse que me conocía mejor que yo misma. Sin embargo, también existía esa parte donde aún nos queríamos, en la que estábamos muy acostumbrados el uno al otro.

Lo intentamos un par de veces, eso de regresar. La segunda, lo mandé a la goma (por decirlo elegantemente, justo ahí fue cuando empezó dejar de darme miedo mandar a la goma a la gente, en ese punto comenzó mi transformación en otra persona, creo yo) y dos semanas después, de no tener contacto con él, justo cuando me sentía un poquitito mejor, ¡boom!: Tenía una nueva novia.

Por supuesto que todo se cruzó por mi mente: “¿cómo? ¿por qué? ¿cuándo pasó esto?” Odié enterarme un lunes ¡un lunes!, que justamente iniciaba la semana y debía trabajar, disimular frente a todos. Aún así, lo llamé, me llamó, nos llamamos varias veces, lloramos, reclamamos… Pero aún así, él había tomado una decisión, una que, tal como le dije: acababa de matarme…

En cierto modo sí. Alguna vez escuché a Silvia Olmedo, una reconocida psicóloga, decir que cuando una persona se convierte en tu ex, es como si se hubiera muerto, por eso llevas un “duelo”. Tu pareja, al menos esa persona que reconocías como tu pareja, “ha muerto”, ya no existe para ti del modo en la que la concebías. Es cierto.

Nos vimos en alguna ocasión, pasó por mí al trabajo a la hora de la comida, me arreglé como nunca y hablamos. Palabras más, palabras menos, me dijo: “Ella no es parte de mi vida, tú sí. (…) Esto es frágil, endeble, no sé cuánto dure, pero quiero vivirlo. (…) ¿Sabes qué es lo positivo? Que peleamos. (…) No voy a dejarla, ella no se merece esto, no quiero lastimarla”.

¿Qué pensé yo en ese momento?: “Si yo soy parte de tu vida ¿por qué estás con ella y no conmigo? ¿por qué no haces lo posible por reconciliarnos, por recuperarme? (…) ¿Pelear es positivo? ¿Te gusta pelear? ¿En qué planeta a alguien le gusta pelear? (…) No quieres lastimarla, no se lo merece ¿y yo sí? ¿a mí sí? ¡Diablos! ¿Quién eres tú y dónde está el hombre que estuvo a mi lado por tantos años, con el que iba a casarme?”

Dentro de toda su insensibilidad, disfrazada de sensatez, el hombre tenía razón en algo: si regresábamos en ese momento, volveríamos a lo mismo. Él necesitaba vivir un proceso y yo otro. Necesitábamos descubrirnos nuevamente a nosotros mismos y etc. etc.

¡Claro que su relación con esta chica no duró más que uno o dos meses! ¡Claro que fue un infierno! ¿Y a quién llamó entonces? ¡Claro! A la ex, que siempre estuvo ahí presente, al menos de alguna forma etérea. ¿Regresamos? No.

En cuanto él terminó con ella, restablecimos un poco el contacto, pero después comenzó a salir con otras chicas… Ahí fue cuando comprendí que: ¿para qué esperarlo? Si no era ella, sería otra y otra y otra, hasta cansarse, hasta “vivir todo lo que tenía que vivir” y hartarse. Es entonces cuando voltearía y diría: “Ahora sí, quiero casarme contigo”… Para entonces, yo ya había estado llevando un proceso, incluso terapia psicológica, había comprendido cosas y estaba invirtiendo tiempo en mí misma, en sanar. Ese fue el día en que junté todo el valor del mundo y le pedí que no me buscara más, ya no le respondería las llamadas o mensajes, y así fue, hasta que dejó de doler.

Tiempo después, de pensar que viviría sola para toda mi vida y que jamás volvería a enamorarme, pude establecer una relación más sana, más realista y más adulta, sólo cuando me separé de mi pasado, cuando sané, cuando aprendí, cuando me entregué a lo nuevo… Ahí fue cuando él regresó y pude decirle con todas sus letras que si yo lo había respetado a él en su momento, deseaba que respetara mi nueva relación. Al terminar ésta, nuevamente me buscó, salimos un par de veces como amigos, pero era imposible ya volver con él, por más empeño que le pusiera en volver a reconquistarme. Ahí estaban todavía todas aquéllas cosas que me irritaban de él, que no soportaba, ya no quería conocerlo nuevamente. Sí, había cambiado, pero en la esencia era el mismo. Simplemente, no pude y él jamás me perdonó que yo volviera a enamorarme. Después entendí que, por todo ese tiempo yo había sido su fantasma, quizás un poco más.

Regresaré un poco atrás: su primera novia después de mí le había dicho que “no podía compararse conmigo”, pero no por mi físico, mis logros, mi trabajo, ni siquiera por el tiempo que estuvimos juntos, simplemente porque mi fantasma seguía pegado a él… y ella lo intuía, lo sabía. Luchó y lo quiso tanto que no le importó. En ese momento no lo comprendí, pero él estaba con ella por algo y pues, ella se enamoró de él, sentía un amor incluso más grande que el que sentía por ella misma.

¿Y a qué viene todo esto? Pues a que… Yo sé que aún tienes un fantasma, que quisieras que las cosas fueran distintas, “regresar el tiempo”, como dices, como todos queremos alguna vez, ¿que si me duele? Sí, pero yo estoy aquí porque quiero y porque quieres, porque yo no soy quien te busca, porque yo sé que puedo vivir sin ti y tú sabes que puedes vivir sin mí mucho mejor que sin ella, pero a veces preferimos estar juntos.

Sigo escuchando canciones de esas de “cortarse las venas con galletas de animalitos”, porque hay que reconocer que son muy buenas, pero no me duelen, simplemente es música y yo amo la música, me gusta cantar, sobre todo contigo, aunque intento no poner ese tipo de música cuando estamos juntos, porque sé que piensas en ella, que recuerdas, y a mí nunca me ha gustado interponerme, ser “la otra”.

Es por lo mismo que no deseo presionarte, es por lo mismo que en cualquier momento puedo irme, porque ¿sabes? Yo sé que no eres para mí. Yo quiero a alguien sin fantasmas ni ataduras, merezco algo completo. Pero a diferencia de la otra persona de la que escribí, yo no me comparo, ni te comparo, ni quiero ser comparada, yo soy diferente, mucho o poco, soy una persona distinta.

Sí, tengo un pasado que me hace ser lo que soy, a quien tienes enfrente, aquélla que dices que quieres, que te encanta y tú tienes un pasado que respeto, te lo dije: puedes contarme lo que sea, compartirme lo que sea y guardarte para ti el resto, no me importa, lo respeto y te quiero y te admiro tal cual.

Lo que no te digo es: puedes añorar el pasado, pero ya no regresará. Puedes extrañar, querer recuperar, pero la verdad es que aquélla persona ya no existe.  Puedes querer y desear con todas tus fuerzas regresar el tiempo, pero sólo lo podrás hacer en tu mente, ante un cristal tuyo, viendo sólo tu versión de la historia, es imposible hacerlo real.

Sé que la piensas y eso me ayuda a poner los pies en la tierra. Me hace feliz estar contigo, amor, me haces mejor persona, he aprendido, me has inspirado y también estoy contenta por no tener ninguna etiqueta, porque hoy por hoy no sé si la desee.

Lo nuestro, sea lo que sea, sé por mi experiencia que no va a funcionar. ¿Lo quiero intentar? Sí, porque soy luchona y porque nunca hay una regla absoluta en esto de las relaciones. ¿Te quiero? Sí, pero también me quiero a mí, no soy un “mientras tanto”, ni un premio de consolación. ¿Estoy aquí para ti? Sí. Pero no voy a luchar contra un fantasma, no se puede. Esta guerra es tuya, yo puedo tocar tu hombro mientras peleas, acariciar tu cabeza y abrazarte cuando encuentres tu paz, darte tu tiempo y tu espacio, no presionarte y seguir mi camino estés o no estés… Pero no puedo, amor, ahuyentar a tu fantasma, porque yo vivo en el presente y el fantasma en tu pasado, eso te toca a ti y porque te quiero es que te deseo buena suerte…

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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