Enamorándome de mi ex (y quizás “cagándola”, pero felizmente)


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Él me dijo que yo le gustaba más que cuando me conoció hace 4 años, pero yo siento que lo amo, con ese amor que creo que ni siquiera pude vislumbrar entonces.

En este “segundo round”, como quizás podríamos llamarle, me siento completamente distinta, creo que lo positivo de “salir” con un ex o que él sea tu “crush” o de “retomar” algo radica en que ya no tienes tanto espacio para las sorpresas negativas. Sabes en qué la cagaron ambos y sí, sabes lo que puede volver a pasar, por lo que puedes prepararte, esto te da un poder, ya no te apegas tanto, sabes que si termina, dolerá, pero tienes ese sentido de lo que es “finito” (ya lo superaste una vez, sin duda alguna volverás a hacerlo, además de que ya pasó un tiempo prudente).

Sabes que quizás sólo es el presente y aún así ahora tienes todo el control de decidirte a disfrutarlo. Sabes que si apuestas puede ser a un fondo vacío y te arriesgas, pero ya no es “dejarte ir como gorda en tobogán” para después caer y preguntarte a ti misma: “¿qué fue lo que pasó?”. No, ya tienes medidos los riesgos. Ya viviste con y sin él. Viviste un duelo, superaste y eres una persona diferente, con memorias en común. Yo sé que no lo necesito, incluso sé que si nos vamos en porcentajes, quizás él me necesita más que yo a él, pero también yo puedo amarlo más que él a mí. Lo sé.

Sobre este tipo de “extraños retornos”, las opiniones son divididas, incluso entre nosotros mismos.

De mis amigas, hay quienes opinan que hacíamos una hermosa pareja, que nos veíamos felices, que les gusta para mí. Y hay quienes me dijeron que es “el síndrome de la caca fría” (sí, así se llama), en el que supongamos que vas caminando por la calle y ves un chocolate tirado, pero al probarlo (sí, asqueroso, pero cierto), te das cuenta de que no es un chocolate, si no… Bueno, you know… El punto de esto es que “se ve como chocolate”, pero no es chocolate. Parece dulce, pero en realidad no lo es. Y volvemos a lo mismo: “ya lo pasaste, ya lo superaste, ya lo sufriste, ¿para qué querrías volver ahí?” Entiendo a mis amigas en ese punto, porque yo también he estado en su posición. Una de ellas me lo dice con tedio: “¡Estás loca! Te estás enamorando… Again!” Y yo respondo: “Pues sí, ni pex”. Ante eso, sólo resta darse por vencida, sabiendo que cuando tomo una decisión, no hay poder humano que me haga cambiar, soy toda corazón, con pies en el piso, pero nunca dejaré de vivir algo, prefiero equivocarme.

“Ay, amiga, pues ¿qué te digo? Ya sabes lo que pienso, pero pues es tu decisión y aquí ando, aunque estés loquita. Pues ya qué, ya sabemos que haces lo que quieres”, dice. Lo cual se traduce en: “Estás bien pendeja, pero igual te quiero tanto que cuando te vuelva a hacer otra jalada y a romperte el corazón, aquí voy a andar diciéndote ‘te lo dije’, gritando, llorando, cantando contigo y dándote mi hombro para llorar. Me voy preparando para eso”…

Y sí, bueno, no digo que no vaya a pasar, es una posibilidad. Ya no estoy ciega pensando que él nunca podría mentirme, hablarme bonito y luego darse la media vuelta y desaparecer de mi vida. Todo es posible y probable ahora.

Hay dos cuestiones aquí: amar sin expectativas y esperar lo peor. La primera vez, él se fue sin más ni más, y empezó una relación con otra persona sin previo aviso, con un tiempo de abandono, donde me daba algunas excusas (midiendo quizás el terreno con la otra), rompiéndome el corazón de la manera más tremenda. ¿Espero que lo haga de nuevo? Sí, totalmente. No la parte en la que me rompe el corazón, porque ahora la expectativa no es que se quede conmigo, no espero que se case conmigo o que viva conmigo, a pesar de haber hablado de esto último. Ya no espero que se quede. Lo que espero de él es lo peor, lo que ya hizo una vez, y una parte de mí dice: “¿Quieres irte de mi vida de la noche a la mañana? ¡Házlo de nuevo! Be my (fucking) guest”. Si lo hiciera, sería esa misma vocecita la que respiraría hondo y me haría sentir mejor diciéndome: “Sí, bueno, ya lo sabía”.

¿Confío en él? Dicen que una vez que este tipo de cosas suceden, la confianza se pierde para siempre, pero en esta ocasión, él desnudó completamente conmigo su ser, hemos entablado un nivel de confianza muy por encima del que teníamos hace años. Lo cual me lleva a corresponderle. Esto, sumado a la esperanza (esa pequeña molestia que siempre conservas) y a mi aprendizaje (confiar en sus hechos y no en sus palabras, saber identificar las señales de cuando está por irse, y caer en cuenta que si traiciona mi confianza el del problema es él, no yo), me hacen, sí, volver a confiar.

Mi familia se reserva sus opiniones, sólo me dicen que no le ven futuro, a lo que respondo que yo estoy viviendo en el presente, no en una película de ciencia ficción (y para esto ¿de qué me ha servido pensar en el futuro? Si mis planes se hubieran realizado con la persona con la que pensamos que sí tenía un futuro, ahorita estaría casada y con hijos, pero no sucedió así, right? Así que aprendí a no depositar mi fe en el futuro, sólo pensar en él como mero protocolo. Tengo deseos a futuro, pero planes… mmm… “¿quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes”).

¿Qué piensa él? Creo que no lo sabe o no quiere definirlo. Por un lado, uno de sus prejuicios o tabúes que más me enoja y más fastidioso me parece es este de que regresar con una ex para él es como “comerse el vómito”. Me parece ofensivo y me decepciona, pero bueno, cada quién tiene su forma de pensar, pero además, si esto es así, ¿qué hace aquí?¿no? En cuanto a sentir, no creo que me ame, sé cuando ama (al menos por lo que he visto en redes sociales) y tal vez nunca me ha amado a mí, pero me quiere, me desea, me admira, eso sí lo sé, ¿quiere estar conmigo realmente? Eso no lo sé y no sé por cuánto tiempo vaya a quedarse esta vez.

Se mantiene cerca, me escucha, me motiva, se interesa por mí, intenta consentir mis deseos, me hace partícipe de su vida y la confianza entre ambos es plena. Tenemos algunos planes, pero no me incluye del todo, no me dice que me ama (salvo un par de veces en estado de ebriedad) y prácticamente no existo en sus redes sociales. So: Amor no es. Eso está claro. A mí la neta me vale, cada quién es dueño de sus sentimientos y emociones, así como de sus pensamientos. Esto para mí es una ventaja, prefiero que sea honesto y no refleje algo que no es en realidad, algo para lo que no está listo o que no se siente seguro de expresar. Si le digo “te amo” y él no, me prepara para lo peor y a veces eso es mucho mejor que estar ilusionado y esperanzado a lo tonto.

¿Qué pienso yo? Reitero: hay una parte de mí que me dice siempre que me prepare para el “fracaso” (“esto va a naufragar en cualquier momento”, “se va a conseguir a otra”, “se irá con otra, again”, “la primera vez es culpa de ellos, pero la segunda, es culpa tuya”, y así sucesivamente), pongamos que esta parte es un 80% ¿Qué pasa si esto no funciona, si se va de mi vida nuevamente? Ya lo sabía y aún así quise arriesgarme, fue mi decisión, esa es mi respuesta. ¿Qué cambia? Siendo honesta, no me estoy exponiendo del todo en redes sociales, no me estoy arriesgando a lo tonto si no lo veo firme, ya sé lo que es vivir un duelo, sé lo que es romper con él, vivir sin él, sé a lo que sabe, sé lo que duele y pues adelante. Sí, a veces siento celos, de sus “amiguitas”, pero ¿controlarlo? Nah, que haga lo que quiera y si quiere irse con otra, cuando antes, mejor.

Y bueno… Si las cosas son así, ¿cómo demonios me estoy enamorando de nuevo de él? ¿por qué? ¿Para qué? La verdad es que no lo sé, creo que hace muchos años decidí que era mi hombre ideal (no idealizado, ni perfecto), el que quería, con quien deseaba estar el resto de mis días…

Él es un hombre inteligente, espiritual, que me encanta, con carácter, con sentido del humor, con buena energía, una persona cariñosa, pero no cursi, que me hace sentir plena, feliz, valorada, en completa confianza, sin miedo a nada. Él es parte de mi fuerza, lo admiro y me admira, me escucha, está al pendiente de mí, crecemos juntos, compartimos lo que nos gusta y no. No somos iguales, ni buscamos serlo. Nos respetamos. Nos impulsamos. Hablamos de lo más serio y lo más tonto. Probamos, soñamos, fantaseamos. Me hace reír, me motiva. Tiene un concepto mío tan elevado que me hace no querer dejar de ser aquélla persona ante sus ojos, lo cual me hace ser mejor y querer ser mejor, no decepcionarlo.

Él y yo somos personas diferentes después de este tiempo, lo estoy conociendo nuevamente.

Lo quiero libre, sin controlarlo, sin que me tenga que rendir cuentas, sin que tenga que hacer lo que yo quiero, seguir mi plan de vida. Me alegran sus triunfos y quiero apoyarlo a conseguir más, también quiero estar con él en sus fracasos. Sí, deseo un futuro con él, me lo imagino en cualquier sitio. No quiero exigirle, ni forzarlo, ni celarlo, ni nada. Sé que no soy su prioridad, pero no pasa un día sin que sepa de él y él quiera saber de mí. Nos hemos conocido más que cuando fuimos novios la primera vez, lo amo más en entendimiento de la palabra.

Porque cada noche, mientras estamos lejos, quiero llegar a casa para llamarlo por teléfono. Me hace feliz escucharlo, verlo. No sería fácil una vida a su lado, sería todo un placer.

Porque mientras más feliz soy conmigo y mientras más me amo, más lo amo también. Soy estudiante y maestra; amiga y amante; pasado, presente y futuro; para él y no por él… Él es mi compañero, mi confidente, para mí es el mejor…

Tengo un 80% en contra, supongamos, pero… ¿y si ese 20% hace la diferencia? Si por ese 20% funciona… Si ese 20% me lleva a que el 80% me valga, a que las opiniones de los demás me valgan, a que me arriesgue a perder y a que me duela de nuevo y con la mano en la cintura pueda decir: “pues si es así, ni modo, me aviento al ruedo”, a tener fe en ese 20%, importándome poco lo demás…

No me meteré a ahondar en el tema, pero llevamos más tiempo esta vez en contacto diario que cuando fuimos novios la primera vez, y me sigo enamorando. Luchamos con y contra la cotidianidad, nos aprendemos, nos acompañamos día a día, nos llevamos con nosotros, somos parte ya uno del otro y siento que vamos hacia el mismo lado, que queremos lo mismo al final del camino, que somos afines.

‘Dicen’ que cuando alguien termina una relación larga con otra persona, con la siguiente “se queda”. Que los “millenialls” que regresan con sus ex, también con ellos “se quedan”, pues ya crecieron, aprendieron, cambiaron, pero hay algo que les hizo regresar. Aunque, todo son teorías, como que podría ser esto transitorio, sólo mientras está bien, se encuentra a sí mismo, y entonces, al estar todas las piezas en orden, tomará sus cosas y se irá de nuevo. Todo es posible, probable, pero es una apuesta. Si no la hago, jamás lo sabré… Tango la esperanza de que esta vez la vida me sorprenda, aunque sea difícil, aunque tenga que vivir a diario con esa vocecita en la cabeza (“te dejará de nuevo”) y conformarme con vivir el presente.

Y realmente deseo tanto que esto pueda ser que, sólo por eso valdría la pena volver a “cagarla”, pero ahora con conocimiento de causa, ahora felizmente…

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Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
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Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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