Entérate primero, conóceme después. El amor en tiempos de Tinder.


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Primera parte: Dale like

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En tiempos de mi padre, se trataba de llegar a la “quinta pregunta”. Si un pretendiente no sobrevivía al “¿y cuánto ganas?” básicamente no tenía futuro.

Mi papá le preguntó a mi exmarido: “Bueno, ¿y lo del arete es porque te vas a ir en un barco?” Pero creo que nunca le preguntó si tenía dinero o no. Lo que yo sí le pregunté a Rojo (así le digo a mi ex) antes de encontrarnos fisícamente, resultaba mucho más invasivo que: 1. Nombre y edad. 2. País. 3. Religión y estado civil. 4. Rentas y patrimonio.

A Rojo lo conocí unas 2 semanas después de toparnos en línea, en un foro de algo… ya no sé ni de qué. Era algo así como 1999; y para cuando nos vimos, él ya sabía casi todo sobre mi familia y yo casi todo sobre la suya. Habíamos enlistado lo que nos daba miedo, las cosas que imaginábamos como ideales… Rojo y yo nos fuimos derechito a la cama el día que nos conocimos y vivimos juntos 3 años.

Todas las cosas que me gustaban de Rojo sólo lo hicieron mucho más guapo a mis ojos de lo que era en las fotos que me enviaba. Lo conocí antes de verlo y eso creo, ha definido la forma en la que me he enamorado después.

No voy a decir que prefiero conocer a alguien primero en una ventana digital que en persona; es sólo que a mis 39 he pasado la mitad de mi vida conociendo gente de esta manera y es mucho más sencillo preguntar cosas como: “¿qué es lo peor que has hecho en tu vida?” cuando los nervios de saberse observado en una mesa de café no están nublando tu consciente.

Uso Tinder hace más de un año, he conocido a unas cinco o seis personas físicamente y he platicado con más de 30. Es muy curioso cómo aquellas que hacen el interrogatorio de las 5 preguntas versión digital, no pasan de platicar conmigo más de 3 minutos: “¿Dónde vives, a qué te dedicas, qué te gusta hacer, tienes novio, de verdad vives con tantos gatos?”

En cambio, quienes de entrada me empiezan a platicar su día y a preguntar por el mío tienen mucho más qué contar, están mucho más dispuestos a leer y resultan más interesantes. Creo que esta gente no está buscando amor o sexo, está buscando coincidir, celebrar que podemos acompañarnos a la distancia aunque sea por unos minutos. ¿Qué es el amor y la amabilidad si no eso? Estar dispuestos a acompañarnos.

Segunda parte: queden de verse

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Bueno, y si ya sabes todo porque se platicaron hasta los traumas, ¿de qué van a hablar cuando se conozcan, María?, preguntarán ustedes, y preguntarán bien. Lo primero que debo contestarles es que, si hablamos ya de todo, es como medio complicado que sigamos haciéndolo cuando nos veamos, if you know what I mean. Como bien dice mi comadre: sexo con el que sea, pero que te cuiden, nomás con gente que vale la pena.

De esas personas que conocí en persona y que salieron de Tinder, sólo una se convirtió en parte de mi repertorio cotidiano e indispensable y no, no somos pareja.

Sexo hubo y hasta de buena calidad, pero pues básicamente a eso iba, y no pretendía que si no escribían con corrección ortográfica y gramatical, pudieran tener algo en común conmigo; así que efectivamente, sólo tuvieron en común un rato de sudor y NEXT. Y está bien. Y es sano (mientras haya condones). Y es bueno para el corazón porque si tienes sexo con frecuencia, no te andas enamorando de cualquier tipo que te diga algo bonito al oído.

No, no me he acostado con todos los demás… ora verán, me acosté con tres. Evidentemente fue tan memorable para mí como para ellos donde nos aplicamos la “te quito la comezón y me voy”.

Hay un par a los que conocí y ya se me olvidaron; y otros que resultó que fue como conocerlos en una fiesta: te agregas a Facebook o das follow en Twitter y te olvidas.

Al final, datear en línea o datear en la calle presenta, creo las mismas complicaciones y decepciones. En mi caso, que salgo nomás al súper o a comer como cerdo, datear en línea evita que muera como Sandra Bullock en The Net y que ni el de las pizzas conozca mi voz.

 

Tercera parte: send your location

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Una cosa es vamos a “echar café/echar pata” y otra es: “mira, aquí vivo, ¿quieres pasar? ¿Y quedarte una noche, o dos, o de aquí a que te aburras?”

He propuesto eso dos veces en mi vida. Otra, la exigí (digo, ya teníamos 2 años de novios y me estaba dando como la angustia).  Todas salieron bien, hasta que dejaron de salir. Y no por que me “haya ido mal” en esas tres voy a dejar de hacerlo si llega alguien con buena ortografía, que no se le caiga la conversación, que no pregunte nomás las 5 de cajón, que no se conforme con quitarme y quitarse la comezón… Y sabrá cuántas cosas más necesito a estas alturas.

No sé si va a salir de Tinder, no sé si va a salir de un comment en un post en alguno de los sitios donde escribo o en mi blog. Lo que sí sé, es que si a los 21 conocí a Rojo sin esperar que sucediera, así que a mis 39, llegará alguien más. Y nos cambiaremos la vida, otra vez.

Swipe wisely. Swipe for fun.  Tindereen sin miedo, que lo peor que puede pasar es que tengan un mal date. Pero lo mejor que les puede pasar, ni se lo esperan. Y puede no ser sexo, es más, puede no ser un date.

 

 

Comentarios
Maríaisabel Mota
Content Creator. Vivo en eterno Social (Media) Rehab. Creo en la Revolución Fiscal. Surfeo el caos. Investigo usando @ComamosPalabras. Estoy escribiendo @ElDepreBook
MariaisabelMota

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