Este camino que veo no sé por qué me hace reflexionar y pensar en ti.


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Este camino que veo no sé por qué me hace reflexionar y pensar en ti.

Justo cuando voy a cruzar Eje Central hacia la Alameda, en la esquina donde está la Torre Latino a contra esquina con Bellas Artes, ahí te recuerdo.

Y estoy harta de que no me dejes en paz.

Si ya estás muerto entonces por qué sigues más vivo que nunca.

Si ya te enterré entonces por qué tu mano sale de la tierra y acaricia mis brazos y mis hombros y tus labios rozan mis labios y los siento y te siento y estás cerca, más que nunca.

Con cada paso me pregunto la razón, las razones.

Las canciones están ahí y recuerdo esa película que me hacía recordarte y entonces te recuerdo y te extraño.

Y es extraño cómo te recuerdo así, con recuerdos hermosos y verdes, de roca y humedad y esos olores del humo y la niebla. Y esas palabras que no se me salen de la cabeza y del corazón y que mastico y mastico sin lograrlas tragar o escupir.

O vomitar.

Y entonces me digo a mi misma que no, que esos recuerdos no existen. Que esos recuerdos están más que enterrados y tu mano sigue saliendo y esta vez acaricia mi espalda y cierro los ojos y de verdad la siento.

Incluso esos movimientos ascendentes o circulares y luego llega al cuello y lo rodea. Y entonces tomas mi cabello y me besas, con esos labios dulces, suaves, gruesos. Y entonces sacudo la cabeza y me digo a mí misma que eso no puede suceder y cuando regreso a la realidad ya estoy en el transporte en la esquina de Cuauhtémoc y San Luis.

Y entonces observo la calle, a través de esa pequeña ventana. Y tomo aire fresco con sabor a lluvia y asfalto. Y observo y en una esquina estás tú. Pero no sé si eres tú o es alguien más porque tu estás muerto y mi mente me traiciona y me da miedo.

Y pienso en salir corriendo, buscarte, hablarte, tocarte, preguntarte tantas cosas. Cotidianeidades, ¿cómo estás?, ¿en qué trabajas?, ¿qué te has hecho?,  ¿has visto a los niños?, ¿y tus padres?, ¿dónde vives?, ¿a quien amas?, ¿has ido al cine?, ¿y a escalar?, ¿has leído este o tal libro?, hace tanto tiempo que no tengo contacto contigo que tengo muchas preguntas que hacerte… ¿has estado bien?, ¿eres feliz?, ¿tu vida es plena?, y cuando estás triste, ¿a quién le llamas?

Pero no salgo, me quedo ahí y me repito una y mil veces que no, que tú estás muerto. Que es imposible que un muerto reviva, que un muerto esté esperando cruzar avenida Cuauhtémoc esquina con San Luis.

Texto por @lechediez

 

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Alejandra Canseco