Fantasmas


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Leíste en algún lado que los fantasmas sufren atormentando a los vivos. Nunca te hubieras considerado un fantasma, sino hubiera sido por la vez que viste a X por última vez, en la casa que compartieron por un año.

Meses después el polvo se había acumulado por todos lados, había cuadros puestos en un desorden conmovedor en las paredes y el espacio donde estaban tus muebles estaba ahora ocupado por fríos bloques de vacío. X te dijo que vivir ahí era como vivir con un fantasma. Le creíste. Debe ser muy doloroso, pensaste. Y no supiste, sino hasta después, que ser el fantasma que ronda mentalmente los rincones del cuerpo que consideraste tu hogar, también es doloroso, pero de una forma diferente; de una forma que solo se puede matar con más dolor. Fight fire with fire, they say.

Te convertiste en un fantasma para todo el que te ve, pálida, con una cara que ya no es tuya de tanto llorar, de tanto pensar, de no sonreír y cansada de tener miedo a la traición de hasta tu propia sombra. Te volviste un cuerpo que se asoma en huesos porque comer es casi tan doloroso como masticarte el corazón. Fuck, it hurts.

No hay nada peor que un desahuciado optimista. Y no existe algo peor, porque les es inevitable. Te pintas una sonrisa falsa en las mañanas, una sonrisa que él borró pero que tú reinventaste como un gesto cubista que otros llaman smirk pero para el cual no tienes una definición propia. Tu mejor actuación es tratar de ser funcional, mientras por dentro, buscas ferozmente la página donde te quedaste, una pista de quien chingados eras antes de él, antes del otro, antes de todos los hombres a los que has querido, uno tras otro, sin lugar para crearte por lo menos una lista de consejos de emergencia en caso de encontrarte sola, sin casa, sin trabajo y sin ganas de vivir.

Las noches son peores. Es como si volvieras, sin querer, sobre tus mismos pasos. Los pasos que te alejaron de él cuando saliste huyendo de lo único que conociste como felicidad. Sigues tus huellas en la nieve a su casa, subes las escaleras adornadas con ventanas a las que siempre les quisiste tomar foto pero nunca hiciste por prisa. Entras con tus viejas llaves, las que ahora él tiene. Te espera él, como tantas veces lo viste esperarte en la puerta. Te abraza. Te sabes en casa. Te sueltas a llorar, porque eres un fantasma con los ojos rojos por no dormir. Ya no duermes  realmente. Solo regresas aquí en las noches.

El no entiende que eres un fantasma y te sigue a la cocina, donde te sirves otro whisky y prendes otro cigarro y pones la canción que estaba la última vez que lo recibiste de su viaje, le habías hecho de cenar. Bailaron frente a la chimenea. Este último recuerdo casi te mata del dolor. Y como un torturador experto, te sacas la espada de la herida, lo suficiente como para infringir dolor, pero no matarte en el intento. Te ves de lejos. Estás bailando abrazada a él. Topless. Descalza. Solo tienes tus jeans. Él te abraza la espalda con la cantidad de calor y cariño que sabe que necesitas. Lo escuchas en tu oído. Es el mejor día de mi vida, te dice.

Sacas la espada de la herida un poco más y la retuerces. Hacen el amor en el sillón. Te ves de lejos haciendo el amor. Te besa el cuello. Espera a que te vengas. Te hace venir. Una, dos, tres veces. Luego él. La regla de tres que siempre estuvo implícita. La complicidad. Se viene dentro de ti. Siempre. Retuerces la espada y gritas de dolor.

Despiertas y no recuerdas gran cosa. Como si alguien te dejara un recado escrito en la arena y llegaras corriendo justo cuando la espuma del mar se lo lleva. Pero sientes algo caliente en la entrepierna y muchas, muchas ganas de llorar.

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Anónimo
Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.

Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.

@_loquepensamos

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