Fue en un cabaret…


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Un letrero luminoso que anuncia “Su lugar romántico de México” te da la bienvenida a un lugar donde la luces azafranadas y ámbar te acarician la pupila.
Un fondo dorado titilante enmarca las trompetas bellamente metalizadas de la orquesta que vibra a ritmo de salsa.
Todos los meseros cumplidamente vestidos te sonríen y para donde sea que voltees, encuentras un espejo que refleja un pedacito del mundo del cabaret en México de los años 70.

La fina y antigua barra del bar, da el aspecto de un carrusel de feria. El cantinero atento, juega con las combinaciones de aquellos tragos que irán abriendo los sentidos y las posibilidades de un universo deseado, fugaz, manoseado y prohibido.
Desde nuestra mesa con gabinete afelpado, sorbos de tequila y cerveza una luz roja nos baña de sublime intención.

Una puerta de cristales de mil colores será el túnel por donde mujeres de todas las edades que llegaron minutos antes en jeans y con la cara lavada, volverán a aparecer totalmente metamorfoseadas. Vestidos aterciopelados, con toques de fulgor, totalmente ceñidos a sus cuerpos que se contonean con un aire coqueto y a la vez cansado por el trajín de las noches continuas, muestran sin reparo la constante invitación de la piel, que transpira todo un tiro para el olfato en aromas de Avon y Fraiché.

Las hay de todo tipo, para todos los gustos. Desde la jovencita que aparenta 18 años recién cumplidos y un cuerpo menudito que por más entallado su azul vestido no revelaba ninguna curva, hasta mujeres entre 40 y 50 años con excesivo maquillaje, cabellos teñidos de amarillo y ajuares que exhibían sus voluptuosos senos o panzas, que bien podían ser del mismo tamaño, o las segundas más grandes que los primeros.

La mujer que no lo es por naturaleza, pero que quizá sea la que tiene el cuerpo más espectacular de todas. La que tiene una cintura minúscula y unas de las caderas operadas más grandes que han visto mis ojos. La que mientras espera su primer baile juega Candy crush, las que toman varios vasos con agua y nada más no ven llegar su turno de bailar.

Las que aguardan a sus clientes asiduos, las que no evitan mostrar su rostro asqueado cuando un hombre mayor las aborda, las que son amables por igual mientras les paguen, con el jovencito, con el gordito y con el tipo que anda raspando los 80.
También está la mujer de unos 30 años, buenísima por todos lados, carita angelical y una espalda dibujada con estrellas, lunas y uno que otro símbolo chino.
La mujer que no es fea ni bonita, pero que sabe para qué está ahí y se adueña de la pista, cobrando de a $40 la pieza y la sonrisa.

Hombres de todas las edades, pero más de 40 hacia adelante, con los ojos bien abiertos mueven las quijadas, como quien muere de hambre y le llega súbitamente el olor a taco de suadero.
Se detienen, respiran, saborean…
Se observa la fina estampa que evapora entre canción y canción la clara obsesión del andante taciturno que llega por un trago solo para dejar de estarlo, su piel y quizá también su alma, le piden compañía. Su soledad cansada busca sentir ese destello de alegría, entre sonrisas postizas y caricias compradas y compartidas.

Te encuentras al círculo de amigos que segurito van cada ocho días, al grupo de extranjeros que ya enfiestados por accidente llegaron ahí, al chavo de buen tipo que llega solo y que elige una sola mujer con quien bailar y convivir toda la noche. Y a unas cuantas parejas que como nosotros,adoran bailar.

Sabía que iría a ese lugar y más o menos cual era su concepto y por ello sin dudarlo, elegí un vestido corto y pegado con estampado de leopardo suave como el terciopelo.
He de confesar que hubo momentos mientras bailaba que pensaba si los hombres que me observaban se preguntaban si era “una más” del lugar. Fantasía fascinante que acomodaba en mi mente mientras un brazo envuelto en una camisa floreada rodeaba mi cintura y me hacía dar vueltas hasta flotar al son de Oscar de León.
Él, entre pasitos de baile muy a la “Tin Tan” y besos escarchados de sal, les dejó claro que no.

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Comentarios
Gina
Soñadora incansable, alma con inquietudes de primavera, formo acuarelas con mis días, capturista amateur de instantes, grito los silencios, no sé reírme quedito, colecciono cielos, melancólica hasta la médula, pido deseos cuando soplo dientes de león, de pronto le hago al teatro, abrazo fuerte las verdades, me da por escribir versos, soy experta en saltar olas, platico con la luna, no tengo alas y vuelo.
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Gina Cardoso

Soñadora incansable, alma con inquietudes de primavera, formo acuarelas con mis días, capturista amateur de instantes, grito los silencios, no sé reírme quedito, colecciono cielos, melancólica hasta la médula, pido deseos cuando soplo dientes de león, de pronto le hago al teatro, abrazo fuerte las verdades, me da por escribir versos, soy experta en saltar olas, platico con la luna, no tengo alas y vuelo.

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