Happiness is a Choice, y más en Navidad


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Decidí por ahí del 2005 que no me gustaba la Navidad. Es una época del año de por sí emotiva y para alguien que padece de depresión crónica puede llegar a ser atróz.  Factores como las bajas temperaturas invernales, el estrés laboral de fin de año y las reflexiones que uno hace cuando esta cerrando ciclos contribuyen a ello.

Tengo trastorno bipolar y todas las navidades a partir de ese año estuve en crisis. Todas. No conocía bien mi enfermedad y no había aprendido a controlar mis síntomas como lo puedo hacer ahora. Tengo memorias muy tristes, como  subir a cenar en Noche Buena en pijama y sin bañarme porque mi mamá me lo suplicaba, mientras que el resto de mi familia vestía para la ocasión y parecía feliz a pesar de mi.  Años en los que evadía los brindis porque me ponen muy emotiva y lloraría sin parar el resto de la velada, además un depresivo necio y diestro en el arte de crear sofisticados argumentos para ser infeliz no es muy bien visto en estas ocasiones.

Recuerdo que un año corrí a acostarme en cuanto terminé de cenar y me quede a oscuras escuchando a toda mi familia hacer sobremesa y compartir hasta que amaneció. En aquel entonces mis depresiones eran tan fuertes que los pensamientos negativos recurrentes me atormentaban al grado de no poder conciliar el sueño ni con las dosis mas altas de las medicinas mas fuertes.

Recuerdo también años nuevos encerrada en el cuarto de visitas a las 12:30 tratando de hacer cualquier cosa posible para no pensar en los deseos que no me atreví a pedir porque estaba convencida que nunca se cumplirían. Y cualquier cosa posible  iba desde drogarme, sobre-medicarme, beber o hacerme cortadas profundas para descansar de un dolor con otro. Tal vez las cuatro cosas al mismo tiempo. Si vomitaba la culpa bien podía tenerla el pavo.

Mis navidades del 2011 y 2012 fueron especialmente difíciles. Tuve síntomas de depresión muy agudos en ambas, probablemente porque el invierno es mas pesado en Washington DC en donde vivo desde el 2011. La Navidad de ese año, mi mamá fue a verme en un estado de salud muy grave, también padecía trastorno bipolar y estaba profundamente deprimida. Yo no quería ir a México, en aquellas épocas me representaba un mundo lleno de cosas que quería dejar atrás, principalmente la tristeza y la dependencia que se creó con las personas que me cuidaban cada que estaba mal.  Mi Madre estaba consciente de que era una época muy difícil para mi, incluso riesgosa, le daba miedo que pudiera hacerme daño o incluso suicidarme. Cenamos muy temprano y nos dormimos antes de las 1o. En año nuevo nos acostamos aún mas temprano. Recuerdo estar en la cama amargamente despierta escuchando la cuenta regresiva, el brindis, los fuegos artificiales y las risas. Sentí una vez más que la vida me estaba robando algo.

Fue en esa última semana del 2011 en la que tuve que aceptar que mi Mamá había envejecido súbitamente en mi ausencia y que probablemente moriría pronto. Y así fue, murió 3 meses después.

En el 2012, mi Papá fue a estar conmigo por las misma razones. Tampoco quise ir a México. Mis síntomas físicos fueron incluso peores, pero lidié mucho mejor con ellos porque desde que llegue a EU he trabajado mucho en superar al 100% mi condición. Ese año decidí ponerme las pilas. Organicé varias salidas para pasarla bien, y así fue, pero debo admitir que en el fondo de mi corazón estaba profundamente triste.

Justo ese año, le dije a mi papá que esa sería mi última navidad infeliz y así fue. Parte de mi estrategia era evadir el clima tan frío, estar con la gente que mas quiero y hacer todo aquello que no he hecho en ninguna otra navidad.

Mi familia de Culiacán, me invitó a pasar estos días acá, desde donde estoy escribiendo este post. Ha sido la Navidad mas maravillosa desde hace muchos años, tal vez desde que tenía 16 y mi Papá me regalo un teclado Casio. Fui profundamente feliz, no tuve absolutamente ningun síntoma de depresión ni manía y compartí cosas maravillosas con mi prima, mi primo y mis tíos que no había visto en varios años. Los que me conocen muy bien, saben que soy adicta a las pláticas largas y profundas, y tuvimos varias pero me faltaron más. Aún me cuesta trabajo no ponerme sentimental cuando empiezo a reflexionar acerca de la vida y sus vicisitudes y la idea no era andar soltando la lágrima por todas las esquinas. Compartimos cosas invaluables y quiero que ellos lo sepan.

Solo me queda decir que ser feliz es una decisión. Esta en nuestras manos cambiar las cosas que nos ha salido mal año, tras año, tras año. Para que mi primer Feliz Navidad en mucho tiempo fuera posible, tuve que enfocarme en hacer mis deseos realidad y tener fe en que las cosas pueden ser diferentes. Después de la deliciosa cena del día de hoy, me espera una celebración de año nuevo increíble y el hermoso clima de Tepoztlán.

Si sueles estar triste en estas épocas, solo quiero decirte que vale la pena salir a tomar el sol aun así estés grados bajo cero, vale la pena comer como si la los romeritos no fuesen a existir jamás y sobre todo vale la pena decirle a todas las personas importantes de tu vida lo afortunado que eres por tenerlos. ¡AMÉN!

Comentarios
Andrea Velázquez
¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.

En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.

Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.

Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.

Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.
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¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.