Hicimos match, ahora qué.


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Adoro mis mejillas rosadas y el brillo de mis ojos como el rastro que queda después de tener buen sexo con alguien; brindo por la peculiar sonrisa que se asoma en mi rostro debido a la mejor de las citas que he tenido en lo que va del año.

—>Mi historia se lleva con la música de una gran banda, puedes leerme escuchando uno de sus álbums por aquí: Future Islands – Singles 🙂

Eran cerca de las 6:00AM, luego que mi mejor amigo, Pablo, nos invitara a su novia y a mí a hospedarnos en su casa. Habíamos pasado juntos una divertida noche de baile y buena música con la banda electrónica Pillowtalk, en un bar por la colonia Roma, así que a esa hora, ya era justo darle al cuerpo alimento y descanso.

No acostumbro hacerlo, me refiero a involucrarme con el roomie de mi mejor amigo, quien además es amigo de la novia de mi mejor amigo y ella es también mi “sista”, lo que resulta en un enredado cuarteto que casi habita en el mismo espacio. Es complicado, por el tema de no rebasar la intimidad de mis amigos; pero debo confesar que ese día sentí un “clic” tan pronto como lo ví salir de su recámara, mientras despedía a su amiga con quien había pasado la noche.

Nuestras miradas se cruzaron por segundos que parecían minutos, además de un ligero cosquilleo en mi estómago; algo así que se sentía.

Diego, el que se convertiría en mi match, nos alcanzó en la cocina luego de despedir a su amiga. Nuestras miradas se volvían a cruzar, aunque ya con charlas amistosas. Diego parecía muy simpático.

Nos despedimos; yo me fui a dormir al estudio y unas horas después, Diego se despidió de mí, preguntando si había dormido bien.

Nos volvimos a encontrar 10 días después. Mi amigo Pablo me invito a un concierto del músico Rogelio Sosa, del cual tuvimos que desistir debido a la torrencial lluvia que hace insoportable trasladarse por las avenidas de la Ciudad de México. Decidimos llegar a su casa y cenar algo; unas horas después, Diego llegó a casa, quien nos saludó despreocupado con un ligero aire desdeñoso y sexy, al tiempo que nos contaba su experiencia sobre la proyección documental del trabajo y la vida de Stanley Kubrick a través de fotos. Nunca supe a bien que contaba, ya que mi preocupación se centraba en retener el cosquilleo que de nuevo sentía en mi estómago. Tenía que mantener la calma.

Dejé mi copa de vino sobre la mesa y comenzamos de nuevo la charla; era divertido atisbar al rabillo cuando recorría mis piernas con la mirada y notar la atención que me prestaba cada que yo soltaba uno que otro movimiento. Decidí que era tiempo de probar una nueva aventura.

Tratando de comenzar el juego, Diego me ofreció su recámara para pasar la noche y él dormiría en el sofá de la sala. Mi amigo Pablo ya había salido de escena; Diego y yo nos encargamos de que así fuera. Al entrar a su habitación, me encontré con una habitación impecable de limpia y ordenada, igual que el resto del departamento; sentí alivio, ya que ese es uno de mis filtros.

Cerré la puerta del dormitorio y al minuto la volví a abrir para pedirle que entrara (sí, ya sé, quería que el juego siguiera). Diego ya no estaba. Transcurrió otro minuto cuando Diego tocó la puerta con el pretexto de “ir por algo”.

Qué delicia, cómo disfruto los primeros encuentros. Me encantan las descargas de dopamina.

– ¿No quieres dormir aquí, conmigo?, me da pena que duermas en el sillón, al fin que no muerdo -le dije con una sonrisa. -Obvio que no titubeó en aceptar mi propuesta.

Esa noche, tuvimos una agradable plática de almohada con la luz apagada.

Tengo sueños repetitivos -le dije.  -Sueño con casas vacías donde abro y cierro puertas o las recorro caminando por los pasillos, pero la sensación a veces me inquieta y otras veces es agradable.

-La casa eres tú, Karla y es la forma como afrontas tu vida. Estás hambrienta de cambios…o quizá tienes algo profundo en tu pasado que tienes que resolver.

Nos dimos las buenas noches y caímos rendidos. No se me antojó pasar al siguiente nivel; me sentía agotada; él parecía inquieto. Yo no podía evitar hacer como unos suspiritos mientras dormía, creo que le parecía sexy.

– ¡Duermes bien bonito! no haces ruidos -Me dijo Diego por la mañana. -Algunas veces acercaba mi dedo a tu nariz para comprobar si todavía respirabas y luego, hacías unos suspiritos.

Mientras que yo intentaba despabilarme al tiempo que revisaba la bandeja de mensajes de mi celular, Diego comenzó a relatarme un sueño que tuvo conmigo en donde yo lo escuchaba a él tocar en un concierto y yo realizaba cierta actividad para él como su agente de Relaciones Públicas; fue cagado como lo contaba y me alagaba a la vez, por que percibía cierta emotividad en su cuento.

– Te invito a desayunar o, ¿prefieres seguir dumiendo? -me preguntó entusiamado.

– No lo sé bien, aún tengo sueño, pero debo levantarme -le contesté.

Duerme un poco más en lo que te preparo el café, va?. -Diego, se levantaba de la cama no sin antes me arropara tiernamente con el edredón de su cama.

Tomábamos café y té en su recámara. La mañana transcurría entre amenas charlas de cine, producción musical, mascotas, metas personales, risas y miradas traviesonas; pasó un rato para decidirnos salir a desayunar. Ya para esos momentos, Diego me decía “Mami” y yo a él “Papi”.

Let the lover be disgraceful, crazy, absent minded. Someone sober will worry about things going badly. Let the lover be. – Rumi.

Regresamos a su casa, luego de un rico desayuno y algunos “selfies” que inevitablemente surgieron, mientras caminábamos por los callejoncitos de un barrio de Coyoacán con la idea de probar su nuevo selfie stick. Recuerdo que un señor como de 50 años, nos observaba muy divertido, me imagino pensaba:  “que muecas tan chistosas de ese par que posa frente al celular sujetado a un palo”.

En su casa, pusimos música, Diego empezó con Etta James, yo le presenté a Future Islands.

– Tengo que irme -le dije -pero no quiero, te me antojas y mucho-, pensé en mis adentros.

-¿Tan pronto? -replicó Diego.

-Son casi las 4pm y debo terminar un informe, pero ¿nos damos unos besitos? -le pregunté.

Comenzó el festín de besos con apapachos y finalmente nos encerramos en su recámara, ¡Auuuuu!.

I don’t want learning, or dignity, or respectability. I want this music, and this dawn, and the warmth of your cheek against mine. -Rumi.

– Siento un match bien fuerte contigo y comenzó desde que te conocí, ¿ahora qué? -me confesó Diego.

Hablamos que aunque es soltero, ha mantenido relaciones con algunas amigas y que esto podría incomodar a nuestros amigos con respecto a mí.

– ¡Bajaré mi lista de amigas! -me dijo Diego

Lo cual me causó algo de gracia…

– Jajaja, ¡Babas!. No busco algo formal, dejémos que esto siga fluyendo -le respondí.

Pero, el tema de las fuck buddies giró en la conversación, lo cual no me suena tan divertido; sobretodo, si considero la posibilidad de que algún día me tope con alguna de ellas cuando visite a Pablo, mi mejor amigo. ¡Me dan flojera esos asuntos!.

-Adiós Papi.

-Bye Mami…¡Hey, no me diste tu teléfono!, bueno, será después…

…Mi taxi avanzaba mientras tanto.

La despedida fue cálida. Quizá optemos por tomar distancia uno del otro, incluso después del match que tuvimos. No busco desaparecer a las fuck buddies con una varita mágica, tampoco estoy segura de formar parte del círculo. Acepto que Diego anda en su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla. Es más, si hay algún fenómeno humano totalmente emocional y con casi ningún sentido racional es la <fidelidad>. No digo que no exista, considero que es necesario si se quiere crear cierto equilibrio en una relación; pero, no se suplica por fidelidad, menos en una primera cita; es hasta ridículo.

Si se convive en un espacio de amorosidad, nuestro ser amoroso florece, pues todos somos básicamente amorosos a menos que hayamos tenido daños profundos neurológicos irreversibles. ¿Porqué no deternos a considerar cómo podríamos ser más <amantes>? -Humberto Maturana

Diego me dejó con hojas en el estómago, le agradezco nuestro encuentro y brindo por la mejor de las citas en lo que va del año. Mientras se define esta historia, me quedo con los versos amorosos de Rumi:

El ser humano es similar a una casa de huéspedes. Cada día llega alguien nuevo a su puerta: una alegría, una decepción, algo difícil o doloroso se presentarán como visitantes inesperados. Dales la bienvenida y acógelos a todos ellos (…) agradece a todos los que vengan, pues se puede decir que ellos han sido enviados como guías del más allá.

Seguiremos reportando sobre el camino.

 

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Karla Cerecero
Antropóloga y mercadóloga. Exploradora de la vida y cositas del más allá.

Antropóloga y mercadóloga. Exploradora de la vida y cositas del más allá.

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