Hola. Soy Agnes.


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Me encanta escribir. Sin embargo, tengo un terrible e imperdonable defecto: siempre (y de verdad, siempre) escribo sobre mí; soy mi tema favorito. (Me avergüenza confesarlo) Invariablemente encuentro un pretexto para escribir sobre MIS muy viscerales opiniones, MIS interminables críticas, MIS deseos y ambiciones; cómo fue MI día o qué lección ME enseñó alguien que se cruzó por MI camino; incluso, sobre qué “inteligente” fui para reconocer al “amor de mi vida”.  Soy bestial y brutalmente egocéntrica. Y hoy, siguiendo fielmente mi costumbre, quiero hablar de MÍ con el pretexto de presentarME.

En tantos años de hablar de mí, solo hay algo de lo que estoy convencida: no sé quién chingaos, soy. Muchas veces la Tía Cuquis dice cosas como: “la gente no cambia”, y parece que muchos creen eso. Sin embargo, yo no he podido evitar cambiar y cambiar y cambiar y cambiar. A veces me pregunto cómo le hacen esos que tienen mi misma edad y se ven tan centrados, tan confiados y tan ciertos de sus creencias. Saben perfecto cuál es su comida favorita, cuál es su programa favorito, cuál es su grupo favorito, cuál su santo favorito y, además, celebran las fiestas patrias con una pinche enjundia que me da envidia. Se sientan a cenar con sus tres hijos a ver a López Dóriga y se van a dormir bien tranquilos, sabiendo que pagaron la hipoteca de la casa y la letra del auto. ¡¡¡Demonios!!! ¡¡La hipoteca!! Yo no puedo comprometerme a tener una planta y regarla a diario, ¿cómo podría contratar una hipoteca y comprometerme a pagarla por 20 años, cuando no sé si mañana amaneceré en Veracruz, en Querétaro, en DF o, con mucha pinche suerte, en Barcelona?

He transitado del catolicismo al ateísmo y de vuelta al catolicismo ferviente, para luego ir al catolicismo light; de ahí, a un intento de Budismo, para después tratar de concentrarme en los símbolos de la Cábala (que nunca pude), para llegar donde estoy hoy: en no saber ni creer nada de nada. No sé si soy atea o supersticiosa; o creyente o hereje o sí, mañana, seré quemada en la hoguera porque parezco bruja.

De niña y adolescente, veía el futbol. (Asunto semejante a la religión para algunos mexicanos) Por tradición familiar, le iba al Guadalajara. Luego, tratando de emanciparme, le aposté al Necaxa y cuando abrí los ojos me volví Puma. Ahora, no le voy a nadie, no le apuesto a nadie y si se cayeran todos los estadios de este país, creo que haría una fiesta nomás por llevar la contraria a millones de gente que considero embobados por el negocio que se ha vuelto el futbol; ya ven, además de egocéntrica, sectaria, como bien me dijo uno de mis mejores amigos.

De niña quería actuar y cantar. Por fortuna para los oídos de la gente decente, desistí. Luego quise ser Historiadora del arte, pero no tuve el valor y me lancé a Ciencias Políticas en una escuela fresísima de la cual salí por patas al segundo mes. Luego, entre a Derecho. Y cuando me titulé (primera de mi generación en terminar mi tesis y hacer el examen profesional), nadie lo creía, ya que fui una alumna mediocre. ¿La razón? Lo mío era otra cosa: la Historia. Pasión de mi vida. Sin embargo, ahora solo soy una abogada frustrada que no litiga porque suspira por la Historia y los archivos que la contienen, cada día.

¿Por qué cuento todo esto? Bueno, para presentarme, pero sobre todo, porque me urge saber si allá afuera hay alguien tan perdido como yo. Alguien más que tal vez,  igual que yo, esté cerca de los 40 y aún no se sepa definir. ¿Alguien que hoy siente que su comida favorita son los tacos, pero mañana prefiera frijoles? ¿Alguien escuche a Pink Floyd pero que mañana llore con Silvio? (Dije “con”, no “por”, eh? –ya sé que muchos detestan la trova).

Quisiera saber que no estoy tan sola en esto de “no saber quién soy”. Que no soy la única que se identifica con Agnes, personaje de La inmortalidad de Milan Kundera, quien solo sabe que no debe ofenderse por nada porque nada externo (ni interno) la define. Ni un partido político, ni una religión, ni el agua caliente nos cuentan sobre ella. Ella es nada. Y así, igual que ella, yo tampoco sé qué me define o me caracteriza. Solo soy yo, otra Agnes. Indefinida, volátil y voluble Agnes. Mucho gusto.

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Luna
Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.
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Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.