Hombres con rosas, rendidos a tus pies… nooo, compañero de vida


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Un joven se acercó a mí para pedirme consejos sobre su atribulada vida amorosa. (¿a mí? ¿lo pueden creer?)

En fin. Uno de tantos problemas con la princesa, dueña de sus palabras tiernas, era que parecía que ella le lanzaba indirectas sobre recibir flores (y con ello atenciones, detalles y demás cosas que de adolescentes pensamos muy románticas).

Me hizo recordar mi propia historia. ¡Qué tonta era entonces! (Ahora nomás soy medio wey). Terminé, en aquel tiempo (inicios 1999 para ser exactos), la relación con mi novio de tres años porque no era el hombre detallista y atento que yo quería y nunca me decía que yo era bonita o que qué bien me veía (una idiota total, era yo). Para mi buena suerte, encontré un chico que reunía tooodas las características que yo había buscado: me hacía cartas (antes no había redes sociales pa presumir los amores a todos), me regalaba flores a cada rato, me acompañaba y cuidaba siempre, me decía cada cinco minutos cuánto le gustaba y, además, era divertido. Ah, qué chido ¿verdad?

¿Era yo feliz? Noooo. ¿Por qué? Pues porque no. Me pasó como al personaje de Julia Roberts en “Everybody says I love you” de Woody Allen: ya logré mi sueño de tener al hombre perfecto, ahora quiero al hombre que amo.

¡¡Demonios!! Cuando me di cuenta casi metía la cabeza al horno. Fue cuando entendí que ni todas las flores, ni todas las cartas, ni todas las palabras cursis, ni todas las risas son completas si no estás con quien te identificas, con quien es tu cómplice de verdad, con quien nunca te aburres, con quien admiras, con quien te perdona y no vuelve a mencionar la falla.

Yo tuve suerte. Para mediados del 2000, regresamos. Y seguimos juntos. Y sí, me trae flores, pero no como obligación romántica, si no porque realmente lo quiere hacer y, afortunadamente para el bolsillo familiar, solo muy de vez en cuando. No me dice cursilerías, pero me acompaña a cada paso, a cada decisión y me da la mano y escucha cuando lo necesito solo a él. Mi mejor amigo. Gracias, Deivid.

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Luna
Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.
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Radical. Sectaria. Atea. Inconforme. Rebelde e incansable. Amo los cambios, pero me enamoro para siempre.Creo muchos requieren protección de sí mismos y los demás deberíamos de huirles. Feminista; harta de andar explicando que se busca la igualdad y que el feminismo también defiende los derechos de los hombres a romper estereotipos. Amo el México que se construyó por siglos, pero que los mexicanos de hoy estamos destruyendo, así que mi anhelo es irme lejos. Trabajo arduamente, aunque ellos hacen como que me pagan. Aun así, soy feliz. Despierto a diario junto a alguien que disculpa todos mis defectos y que me hace sonreír solo con respirar. Nunca me haré millonaria; pero, rica, ya soy.