¿Igualdad? No, gracias.


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¿Igualdad? Gracias, pero no, gracias.

Este año me invitaron –otra vez– a leer ‘poesía de mujer’. Y tuve que decir –otra vez– que yo no hago ‘poesía de mujer’ porque no sé qué es eso. Que hago –o más correctamente: intento hacer– poesía y textos que hablen de una individua que bien podría ser un individuo, que es ésta misma que escribe, y que no necesitan ser catalogados como ‘de mujer’ porque, en todo caso y por encima de cualquier otra cosa, yo soy ser humano antes que mujer.

Entonces me explicaron que no se referían a eso, que lo querían era una lectura de textos en los que se rescate/explore/resalte/pongaquíelverbodesupreferenciaqueacabeconE ‘el valor de ser mujer’, o quizá ‘lo que significa ser mujer’. Y… pues bueno… así me podría haber pasado la noche completa, supongo…

Acá el tema no es ‘qué se siente ser mujer’. Eso se siente tanto como ‘ser hombre’. No habría manera de saberlo salvo que en algún momento una deje de ser mujer y se convierta natural y espontáneamente en hombre lo cual, ya sabemos, no ocurre.

(Aquéllos y aquéllas que por procesos quirúrgicos, médicos o de cualquier otra índole, intervienen su corporaleidad para dejar de ser hombre/mujer [en términos estrictamente físicos] y convertirse –hasta dónde es posible– en el sexo opuesto, podrán hablar de qué se siente en el proceso de transformación, de cómo asumen sus ‘nuevas’ corporaleidades, pero… al final del día, de lo que te hablarán es siempre de quiénes son; de cómo el ser humano que son, requería de una u otra manera hacer un cambio en sus físicos que estuviera más ad hoc con lo que son. Eso: lo que ya son.)

Así las cosas, aquello de la “igualdad” no es más que un concepto que se cuenta y recuenta pero que resulta más bien imposible. Piénselo bien damita querida: ¿usted de verdad quiere ser ‘igual’ a un ‘hombre’?

Yo no, muchas gracias.

Yo quiero que se reconozca que soy diferente. Que mi cuerpo y mi mente funcionan de otra manera. No ‘distinta’, no ‘mala’, no ‘especial’. Funciono a un ritmo específico y único, sí, y así hay que asumirlo porque ser mujer es tan maravilloso como fortuito.

Ser mujer, soy mexicana, soy tragona, soy lectora, soy psicomotoramente torpe: soy Yo. Yo: ser humano: Mercedes.

Yo Mercedes, no quiero que me den el mismo trabajo nomás porque ‘es lo correcto’, ni que me abran una posición para mantener ‘la cuota de género’; que me den el trabajo que me he ganado, punto.

Quiero que no sea una obligación tener una carrera brillante y que tampoco lo sea ser una ‘madre ejemplar’. Que sin importar el país en que vivamos, una pueda decidir quedarse en casa o conquistar la política laboral, y que ésa decisión dependa de mis intereses individuales y no de algún rol social.

Más aún, quiero que se dejen de contar las muertas, y que no necesitemos preguntarnos si la violencia viene incrementada justo a partir de esa diferencia nuestra que es ser mujeres.

Quiero que no sea necesario preguntarnos, cada vez, si ‘ser mujer’ tuvo algo qué ver en quienes somos.

Quiero que me den la oportunidad de construir, de elegir, de discernir, de diferir. Sin concesiones y sin restricciones: nomás que me dejen ser.

Yo no elegí el sexo con que nací, pero me gusta ser ésta que soy: completa y, sí, mujer.

No, gracias, en verdad no quiero su “igualdad”. No me sirve: Yo soy mujer.

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Mercedes Alvarado
Me llamo Mercedes // No estoy enojada, así hablo // Aquí se siente en mexicano. //
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Me llamo Mercedes // No estoy enojada, así hablo // Aquí se siente en mexicano. //