Jacuzzi tentador


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“Quería creer que el cuerpo y el corazón de una mujer se pueden separar. Si los hombres pueden lograrlo, ¿Por qué las mujeres no? ” Lo dijo Wei Hui y me quedé en el sillón meditando la cita, mientras la mente andrógina de Sonic Youth me desgarraba el oído izquierdo.

Es cierto, mis amigos seducen mujeres todo el tiempo, jamás se enamoran, mis amigas en cambio se enamoran sin ser seducidas.

Platicábamos de esto por la noche, a algunas se les presenta el amor y a otras sólo la pasión.

¿Qué será mas fuerte?

La pasión me parece indudablemente un gatito feroz, “la pasión dura, lo que te dura dura”, escuché un día, y te fulmina con la misma rapidez.

Yo la conocí a los veintitantos en un barcito fresa-electro-pop, presentada por “Don Mirrey”, clásico seductor decapitado sateluco de los que nunca adoré.

Siempre hay una primera vez, repiten madres y abuelas, fue ahí cuando seguí la regla.

Me encanté como “los encantados”. Tenía la voz gruesa como un monstruo y las manos de un gigante con tres ojos. Creí haberlo visto todo hasta esa noche. Me reía de sus falaces aventuras mientras Sylvia Plath torturaba mi cerebro: “Toda mujer adora a un fascista, la bota en la cara, brutal, brutal el corazón de una bestia como tú…” Y eso era mi gigante, una bestia maldita que no apartaba su mirada de mi pecho escaso, recíproco fue entonces.

-Te describiré en una palabra- y de su lengua resbaló: “Hermosa” Aunque alcohólica o marihuana eran más próximas…

“Un hombre debe hacer de todo, incluído lo debido y lo indebido” dijo el gran Dalí, y así, indebidamente, terminamos empañando los cristales de su coche ya de madrugada.

Terminó el cortísimo encuentro y a la mañana siguiente todo me parecía un grotesco sueño. Quise llamarlo y gritarle, pero imaginé que estaba en el baño afeitándose o lo que sea que hiciera un fan esquizofrénico del onanismo al despertar.

No supe de su existir sino dos semanas después, cuando lo vi navegando en las piernas de esa novia suya desde hace tres años. Debí rasguñarles la cara, a él por malvado y fatal, a ella por barata ladrona, pero mis uñas estaban cortas. Me pasé de largo, pero aún figuro en mi mente cuervos desayunándose sus ojos.

Sublíme escena, como para una foto que amerita ser colgada en mi sala.

Volvimos a vernos en una fiesta que apestaba a mezcal, tlayudas y música oaxaqueña, no me di tiempo ni para insultarlo, menos para reclamarle.

Ofendido se sintió (o eso dijo) por mis pupilas, que de haber sido ácido, lo habrían desintegrado. Suplicó una disculpa, pero me hice las orejas de pescado. No sabía si hablarle o no, me debilitaba el haz de luz que alcancé a ver en lo débil de su iris y en sus palabras que cortaban como no queriendo.

Me vinieron de nuevo a la mente las diversas historias escuchadas/inventadas/reales de amigas y conocidas, como aquella que rogaba a un tipo la llevara a algún motelito lejano con jacuzzi y espejos en el techo, o la que decía ser virgen cuando erudita era ya en el acto del amor, curioso…

¿Obligadas nos sentiremos al mentirles?

La última vez que lo vi, insistentemente buscaba encontrar sus labios con los míos, no sucumbí entonces, los besos se los dejo a los enamorados. Aun así quise besar su frente y respirarle el espíritu, ayudarle a enfrentar sus más tremendas pesadillas o que me ayudara a lidiar con las mías, al menos que cuidara de mí y juntos ir vagando en el frío mundo que rodea nuestros cuerpos, pero me equivoqué…

Tenía a ese gigante frente a mí, que con morbosa mirada me penetró la piel y el alma.

Yo no quería enamorarme, no es un estado muy cómodo, prefería estar en coma para al menos sentirme dormida o sedada, aunque es muy similar a enamorarse, entonces, me sentí miembro único y fascinado de algodondeazucarosadolandia, en donde eres feliz cuando bebes agua y siempre sabe a dulce, donde amaneces y anocheces por alguien sin temor a nada…

A mí no me pregunten de pasiones, menos aún de amores y enamoradizos dementes, no me pregunten de flores y dulces, o de hacer el amor con miradas clavadas y mentes fundidas, no quiero saber del gigante con tres ojos y voz dormilona, ni de su añeja novia, en serio, yo nunca busqué una razón para pensarlo o que el lo hiciera en mí.

No me recuerden las viejas canciones, o las lágrimas compartidas con almohadas y ositos de peluche en madrugada, no me comenten sobre ocasos y principes encantados, ni de anécdotas de amigas confundidas e inmaduras, no me hablen de caricias o besos robados porque no entiendo, hablar conmigo es como hablarle en francés a un pescadito dorado que nada sabe, nada pierde, nada busca, y nada y nada y nada…

Comentarios
Lol Béh Vargas
No soy buena para las biografías.

Me gustan los chistes crueles, los tacos al pastor y dormir con mi perra de 43 kilos cuando hace frío.
Lol Béh Vargas

No soy buena para las biografías. Me gustan los chistes crueles, los tacos al pastor y dormir con mi perra de 43 kilos cuando hace frío.

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