La (im)persistencia de la memoria


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¿Y si los avances tecnológicos provocan que te olvide?

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tecnologia contra memoria.

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Soy geek, o sea, me mantengo al día con la tecnología, pero no por ello dejo de notar lo que me da y cuánto me quita, como el que me conforme con menos (calidad) y no pueda preservar lo que más me importa.

Antes, los libros estaban hechos para durar. Hay incunables de más de 500 años (la página de abajo pertenece a Valerius Maximus, y fue impresa… ¡en 1471!).

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incunable

Los libros actuales no llegarán a los 75 años de vida por el papel, encuadernado y químicos usados (¡tanto que me ha costado hacer mi biblioteca!). El tiempo se les acabará, se les borrarán las frases tan bonitas y acabarán destrozados.

Por otra parte, mi tornamesa todavía toca discos LP que tienen más años que yo. Bastantes más. (¡Fiu!). Tengo unos 500 LP porque empecé a comprarlos muy peque y heredé otros de mi ‘pá y mi tío; Y tengo unos 400 CD. Pero, ¡pum! Llega el MP3 y el iPod y ni siquiera me acuerdo cuándo fue la última vez que puse un CD, mucho menos un LP.

Actualmente, ¿alguien sigue comprando música en CD? Entonces,

.cd.

¿Dejarán de fabricarlos? ¿Y qué hay de mi iPod? Porque en cuanto les pasa algo, bye y buy —buy a new one—.

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Y qué miedo que alguien salga con una compresión distinta porque entonces adiós a mi música en MP3, que cuento en miles de rolas.

¿Por qué me preocupa? Porque los LP siguen reproduciendo música. Porque los puse muchas veces, al igual que los CD —aunque algunos ya no reproducen igual— y me recuerdan cuántas veces bailé con ella hasta la madrugada, cantando a todo pulmón, o abrazándonos y susurrándonos la letra al oído.

Pero si desaparecen los aparatos que los reproducen o se vuelven obsoletos los formatos, ¿ya no vamos a bailar? No es un miedo infundado; ya me pasó: tiré una gran colección de películas originales en formatos Beta y VHS porque ya no hay videocaseteras que las reproduzcan ni gente que las arregle. Mis pelis en DVD se dirigen a ese destino, así que me cuestiono si vale la pena volver a hacerme de una filmoteca ahora en Blu-ray.

Sí, claro. Todos mis archivos están respaldados y soy de las que backupea, tengo respaldos en CD, DVD, discos duros externos y la nube (¿dije que soy geek?). Pero uno no puede hacer respaldos a cada ratito. Neta. Y ahí te va otra neta: los MP3 no suenan tan bien como los CD, y los CD tienen un sonido más metálico y menos dulce que los LP. O sea, hemos aceptado que por fácil, nos alteren la calidad y que nos hagan cambiar nuestros gadgets a cada rato.

Aquí el ejemplo: nos convencieron de cambiar nuestros LP por CD con el argumento de que éstos duraban forever y no se rayaban. La realidad es que buena suerte si los que quemas te duran cuatro o cinco años; y siete o diez, si son de una discográfica o distribuidora de cine, y, aunque duraran más, ¿podría mi computadora —u otro aparato— leerlos?

¡Ah! porque también tengo un montón de documentos e imágenes en diskettes (¿te acuerdas de esos?)

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diskette.

…que luego respaldé en zips y después, lo que se pudo, en CD y en DVD. ¡Ja! Las Mac ya ni siquiera tienen entrada para nada de eso. ¿Lo peor? Puedes conectar algo que de alguna forma permita accesar a los archivos pero resulta que los nuevos sistemas operativos ya no reconocen lo que está en uno anterior, las nuevas versiones de los programas con frecuencia no se entienden con lo que está en una previa, y el software que ya no existe se llevó consigo cualquier cosa hecha en éste. Entonces, ¿para qué me molesto en respaldar?

 

También soy fotógrafa y conservo mi cámara analógica, aunque desde años uso sólo la digital. En ampliaciones de 1.10 m de largo, la calidad de una foto digital y de una de película son casi iguales. Pero si son mayores, a la ampliación digital le llegan los pixeles y tu sonrisa, esa que tanto amo, pierde definición. ¡Ah, pero qué bonitas se ven las fotos en Facebook, Flickr e Instagram! Y a sólo 72 dpi de resolución. Por eso ahora casi todas las tomo con el iPhone. ¿Importa que no pueda imprimir esas fotos, aunque alguna sea una joya, en un formato mayor a 8x? Es más, ¿necesito imprimirlas? ¿Y si es una foto de ti?

En un álbum de familia hay una fotografía de mi bisabuela cuando era chavita. La veo y reconozco rasgos que vi en mi abuela y en mi ‘má. Pero al ver la foto de abajo me pregunto: ¿podrán los nietos de mi sobrina Cami ver esta imagen de ella cuando tenía la edad que tenía mi bisabuela en la foto del álbum? ¿La verán, al menos, sus hijos? Porque ésta es digital.

camila.

¿Qué tal que cuando ella llegue al cuarto piso (acaba de llegar al primero) no haya ningún gadget que pueda reproducir los archivos jpg, png, tiff, eps o la extensión que sea? En 30 años quizá estemos en la Internet 7.0 y seguramente será muy diferente. Tal vez se haya convertido en Skynet. Entonces, ¿nadie verá esta escena de la vida de Cami, que ella no recuerda, y ese momento terminará como el árbol que cae en un bosque donde no hay nadie que lo oye caer?

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Cuando Dalí pintó “La persistencia de la memoria” no se imaginó que así sentiría la mía al pensar en tantas cosas que ya no puedo recuperar de mis dichosos respaldos: cuentos, ensayos, ideas, fotos, películas que ya no consigo, audios… ¿Qué he perdido? Mucho que es importante, ¡pero no me acuerdo, maldita sea!

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dali.

Y eso me lleva a este punto:

compromiso¿Por qué yo tengo que abstenerme de comprar pelis pidatas, de las series bajadas de Internet, de los discos de tianguis —todos ellos muchísimo más baratos y, por ser copias digitales, indistinguibles de los originales—‚ si las mismas grandes empresas no se comprometen a que yo pueda tener productos con una calidad suficiente como para al menos durar la mitad de mi vida y compartirlos así con la generación siguiente?

Me entristece no poder recuperar las cartas ni los cuentos que te escribí. Tampoco archivos guapísimos que diseñé en Quark XPress, en PageMaker, en versiones viejas de Illustrator o de Photoshop. No sé ya qué hay en los zip, y menos en los diskettes, pero sé que en muchos estabas tú. Y en muchos otros yo. Así que son grandes piezas de mi vida que perdí y ya no recuerdo porque contaba con que estaba conservándolas, archivándolas, respaldándolas.

¿Sabes qué historias o anécdotas puedo leer? Las que escribí en cuadernos con hojas de papel. Pero a las que imprimí hace cinco años se les caen las letras y parecen documentos censurados de la NSA. Así que, ¿qué pasará con mis novelas que iban rumbo a un Nobel? (Ok, seguro que no, pero al fin y al cabo las escribí). ¿Qué pasará con mis momentos Kodak?

Ah, claro, la nube. Suena genial. No te ocupa espacio, se updatea sin que tú hagas nada… pero vamos, la nube no es algo abstracto. Son servidores. Y por lo mismo, corren el riesgo de que sufran un percance, sean hackeados, se inunden, Godzilla salga del mar y los haga papilla o de que sus dueños quiebren. O simplemente que algo falle y te digan “ups”. ¿Debería confiar más en algo que parece incluso menos tangible y que me quita más control de mis archivos ?

No sé. Quizá el único lugar seguro de guardar lo que quiero recordar por siempre —principalmente a ti— sea aquí…

brain

Al menos hasta que me dé Alzheimer.

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EPÍLOGO

¿Será que estamos en lo opuesto de la famosa obra de Dalí, es decir, en la “impersistencia” de la memoria? ¿Que tal vez, de la misma manera en que esa palabra no existe, probablemente no haya forma de guardar las memorias en la era digital? Probablemente ya nos hayamos resignado a que todo es efímero, pero yo estoy harta de verte cada vez en resoluciones más bajas, en colores menos reales, de no poder guardar aquello que te escribo o lo que pienso o lo que siento o lo que me invento cuando estoy contigo.

¿Y qué pasaría si un día te me olvidas, a la nube se la lleva un huracán y ni un iPod, iPad, laptop, Blu-ray, flashdrive, disco externo o lo que sea puede mostrarme tu cara de nuevo? ¿Dónde te voy a encontrar?

 

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Comentarios
Ary Snyder
Mis padres no son hippies sino antropólogos, que es casi lo mismo. Pero en casa sólo se escuchaba a Bach, Beethoven, Mozart y por a’i. A los seis añitos descubrí a una banda que ya no existía —The Beatles— y ya nada fue igual. Mi ‘pá me desheredó y mi ‘má me compró un disco (no un cedé, ¿eh?) de ellos. Casi se divorcian. Estudié diseño gráfico e hice maestría en fotografía aunque mi mejor educación la aprendí de eso que amo con locura: los libros. Trabajo como editora porque me fascinan las revistas y escribir tanto como el café, la fotografía, la música clásica, el rock (entre más alternativo, pesado o darketo, mejor), el cine, los animales, la naturaleza, viajar, quedarme en hoteles, los robots, el futbol americano, a mis amigos, a mi family de dos y cuatro patas, y cosas un poco más raras como las matemáticas, la mecánica cuántica, los dinosaurios y la astrofísica. Muero por ir al CERN y estoy segura de que un día voy a ganar un Nobel con una de mis ideas sobre el Universo o con una sobre la evolución —cosas que me maravillan y me conmueven—. ¿Qué más? Sheldon Cooper se viste como yo (porque yo lo hago desde antes que él) y soy un poquito autista, así que la gente me da miedo pero le sonrío, cedo el paso y doy las gracias, aunque honestamente soy más animal-person que people-person. En Instagram me encuentras como ary snyder. Tan-tan.

Mis padres no son hippies sino antropólogos, que es casi lo mismo. Pero en casa sólo se escuchaba a Bach, Beethoven, Mozart y por a’i. A los seis añitos descubrí a una banda que ya no existía —The Beatles— y ya nada fue igual. Mi ‘pá me desheredó y mi ‘má me compró un disco (no un cedé, ¿eh?) de ellos. Casi se divorcian. Estudié diseño gráfico e hice maestría en fotografía aunque mi mejor educación la aprendí de eso que amo con locura: los libros. Trabajo como editora porque me fascinan las revistas y escribir tanto como el café, la fotografía, la música clásica, el rock (entre más alternativo, pesado o darketo, mejor), el cine, los animales, la naturaleza, viajar, quedarme en hoteles, los robots, el futbol americano, a mis amigos, a mi family de dos y cuatro patas, y cosas un poco más raras como las matemáticas, la mecánica cuántica, los dinosaurios y la astrofísica. Muero por ir al CERN y estoy segura de que un día voy a ganar un Nobel con una de mis ideas sobre el Universo o con una sobre la evolución —cosas que me maravillan y me conmueven—. ¿Qué más? Sheldon Cooper se viste como yo (porque yo lo hago desde antes que él) y soy un poquito autista, así que la gente me da miedo pero le sonrío, cedo el paso y doy las gracias, aunque honestamente soy más animal-person que people-person. En Instagram me encuentras como ary snyder. Tan-tan.

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