La Maldición de Campanita…


Este artículo se lee en: 6 minutos

Querido, Peter:

Evité muchas veces alejarme de Neverland, porque no hubo una razón lo bastante fuerte. Siempre encontré el camino de regreso, porque ahí cabían los sueños, la imaginación volaba y tú y yo creíamos en nosotros, era un refugio, pero después de largo tiempo me doy cuenta de que Neverland es una isla donde no hay lugar para mí…

Desde que te conocí me di cuenta de que eras diferente, una mente volátil, de niño, una nobleza en tu espíritu y cada uno de los demonios contenidos ahí. Esa noche, después de haber hablado durante horas, recuerdo que entré sólo un momento a aquélla casa… Y desapareciste.

No sé cómo o con qué pretexto volvimos a encontrarnos, pero sí sé que me enamoré dos veces, en dos momentos distintos, de ti.

Me confesaste una madrugada por medio de una App que desde la primera vez que me habías visto, que tuvimos esa conexión, te había gustado. Yo no confiaba, te mentí, reí y dije que no sentía nada… Luego, hablamos de nuevo al respecto y supe que había destruido una barrera peligrosa… Fui honesta: quería seguir siendo tu amiga, saliendo contigo, que no cambiáramos, te admiraba demasiado… Tú querías “menos admiración y más lujuria”…

Amé el tatuaje de tu brazo, tu cabello largo, tus ojos, tu sonrisa torcida, tu barba, tu piercing en la lengua, tu sencillez, tu humildad, tu mente abierta… Amé las fotos que me enviaste desde Chiapas, tus preguntas locas, cada uno de tus proyectos, aquéllos dos únicos tipos de vino a la vuelta de la esquina, las pizzas, el vino con cerveza, el autocinema, las películas, caminar por tus calles, a tu perro, tus enseñanzas, tus artilugios de adivinación, tus instrumentos musicales, tus libros, tus garabatos, tu amor por tu familia, tu falta de utensilios de cocina, tus besos, tus abrazos contenidos, tus palabras, tus paredes blancas esperando ser decoradas y cada espacio de tu hogar… ¿Recuerdas cuando estabas mudándote? Me compartiste fotografías y llegué a amar cada palmo del lugar… Amé caminar descalza, las almohadas de la cama, la televisión que compraste para que me quedara, ver la luna desde la terraza, tus espadas junto a la hamaca, contemplar el amanecer y reír cuando tiritabas o te daba hipo…

¿Recuerdas la primera vez que me hiciste el amor? Bebimos en tres bares distintos, probé los edamames por primera vez… El amanecer llegó antes de nuestro primer beso, porque hasta hace un mes o menos, no podías besarme sin querer quitarme la ropa…

Te recuerdo apagando cada una de las luces del departamento y yo corriendo encendiéndolas. Sonreíste, notando el miedo y la temblorina, la manera en la que mi corazón palpitaba al ritmo de un colibrí… A la mañana siguiente supe que querías visitar una iglesia, que te encantaba darme gusto, que amabas el agua tanto como yo, el sol, las flores silvestres, los bombones cubiertos de chocolate, la música espontánea, las tortas de pulpo… y que jamás comprarías peltre o cargarías contigo suficiente efectivo.

Conocí también tus sombras y tus demonios, tus temores, tu falta de memoria, de tiempo, tu inestabilidad, tu bipolaridad, tus debilidades y amé cada una de tus contradicciones…

Sé que en tu mente instalé algunas ideas, así como tú en la mía. El cuento de Sherezada lo hiciste tuyo, quisiste serlo conmigo, yo soñé con recorrer los paisajes surrealistas de Xilitla y encontrar a dónde llevaban todas esas puertas mágicas… Sí, en Neverland es fácil imaginar…

La primera vez que me escribiste que me querías creo que fue en aquélla ocasión que durante tu fiesta en el techo me fui de tu casa. Aseguraste que te importaba lo que yo sentía, que lamentabas no haberme hecho sentir cómoda y que me querías, llamándome “querida”.

Todo cambió como predije, porque las hadas conocemos nuestra naturaleza amorosa e intuición. Me dijiste que tenías muchos problemas, una adicción, entre otras cosas y comprendí que tenías razón, no era justo para mí cargar con eso. Preguntaste por qué quería estar con alguien como tú, como si fueras malo, pero tú me dabas esos sueños, esa libertad y ese autoconocimiento que me hacía falta… Tú eras un hoy, un hoy que prevalecía y yo tenía muchas ganas de que fueras un mañana.

¿Recuerdas esa noche que conocimos aquél bar clandestino? Bajo la luz roja intentaste bailar al ritmo de reggae y cumbia, sin dejar de besarnos. Esa noche me cuidaste con tanto ahínco, que sólo quería hacer lo mismo.

Me impulsaste a escribir y hacer cosas nuevas, te encantaba. Entre tú y yo no nos juzgábamos, éramos empáticos y cómplices. Por eso y más, quería estar contigo, quererte sin condiciones, sin invasiones, sin cambiarte… Tú tenías una imagen mía persistente en tu memoria, algunas veces te hice falta o nos hicimos falta, pero lo cierto es que sólo decías quererme cuando yo me molestaba… “No te enojes, no estoy con nadie, love you”, escribiste algún día. Me volvieron loca tus cambios de humor un fin de semana, por eso te advertí que un día dejaría de estar aquí para ti…

Las hadas amamos, las hadas ayudamos a la gente, somos tan intuitivas que sabemos las cosas antes de que nos las digas, brillamos con luz propia, pero a veces somos tan pequeñas que no podemos albergar más que un sentimiento a la vez, también vemos lo mejor de cada persona (vemos la luz aún si está rodeada de sombras), queremos ser positivas, nobles, de gran corazón, confiamos a ciegas, creemos en la gente, nos gusta la libertad, no queremos ser capturadas, anidamos por decisión propia, pero una vez que nos lastiman o asustan… Salimos volando…

Esa última vez que te vi, moría por besarte, estaba feliz de que me hubieras escrito que me extrañabas y me llevaras a cenar como antes, a la luz de las velas… Además, te vi tan guapo…

Elegí la historia de Sherezada que debías contarme, en ella, una chica te perseguía y logró ir a ver las estrellas a Neverland. Vi ese brillo en tus ojos… y me la imaginé en cada uno de los rincones del departamento que yo amaba. Vi su fotografía, su tatuaje, su rostro, su nombre…

Desde ese momento dejé de creer en ti y en tus palabras…

Aquélla estabilidad que no podías darme, la entregaste de repente, así nada más, apostándolo todo, como yo lo hubiese apostado por ti…

Verás… Sólo hay dos razones lo bastante fuertes como para alejarse, Peter: porque no te quieren o porque quieren a alguien más. Esa es mi maldición…

Verás, Peter, yo soy Campanita… y esa noche lo entendí. Entendí que no importa cuánto nos conociéramos el uno al otro, cuando esa niña, Wendy, llega a tu vida, tengo la opción de volver a ser tu amiga o de irme… Esta vez me dolió tanto que no soporté la idea de ser espectadora. He desaparecido, Peter… Puedo desearte ser feliz y sé que mi luz no va a extinguirse, porque sé que desde lejos sigues creyendo en mí, pero yo ya no puedo creer en ti o en ese último “me importas” que tecleaste…

No puedo ocultar mis celos de saberte en algún lugar como San Miguel de Allende con ella y me inquieta tu insensibilidad al llegar acompañado de alguien más a algún show o fiesta de una de nuestras amigas en común.

Recordé a mi ex pareja contigo, con ese speech de: “lo que ocupa mi tiempo es el trabajo y mi depresión”, ese deja vú me hizo querer salir corriendo. La señal de alerta estaba en un rojo total y nuevamente, no lo hubiera creído si me decían que había alguien más, hasta que tú me lo contaste de frente.

Esto puede ser solamente una nueva analogía, pero es que ¿te parece justo que después de haber obtenido lo que querías de mí me pongas en la Friendzone cuando lo desees, sabiendo lo que yo sentía?

Me dijiste alguna vez que podía lograr lo que deseara y en ese momento deseé entrar en tu corazón, pero para eso no hay poder que me alcance…

Tal vez contigo por fin aprendí lo que debía aprender y entiendo ahora que no signifiqué nada para ti, una compañía más que no importa si se va, porque recuerda que tú también fuiste el que me dejó ir…

Creceré y volveré a encontrarte algún día, en la estrella más brillante de frente a la derecha, donde Nunca Jamás existirá para mí otra vez Neverland…

Atentamente:

Campanita

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...