La vida con hermanamadres.


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sisters

 

Considero que la situación en la que nací es bastante particular y digna de ser contada. Contextualizo: Mis papás se casaron jóvenes (22 y 24 años respectivamente) y se pusieron a tener críos rapidito: A los 4 meses de matrimonio, mamita ya estaba preñadita.  Eran los 70’s y la gente podía darse el lujo de tener hijos por montones si eso querían. Y ese fue el caso de esta parejita: A los 30 ya tenían 3 boquitas femeninas hambrientas de amor.

Después de un ratotote nació “El pilón”, osea yo. (Por cierto, cómo me PURGA cuando la gente se refiere a mi nacimiento como un accidente. Afortunado sí, pero accidente al fin). La hermana mayor tenía 17 años, la siguiente 15 y la menor 14. Esta diferencia de edad provocó que más que hermanas, se convirtieran en madres del nuevo crío.

Todo fue felicidad y día de campo con “la bebé” hasta que cumplió 23 años y se fue a vivir con el amorsote de su vida. Lo más cómico del asunto es que Mari y Hugo (los progenitores) lo tomaron con bastante filosofía y aplicaron un dulce: Te amamos y apoyamos.

El TERROR fueron las hermanamadres…

Muy a la defensiva, muy a regañadientes, con malas miradas y jetitas de asco para mi pareja y para mí, tuvieron que entender que ya no las necesitaba para que me cambiaran el pañal, ni para peinarme, o para la tarea. Ahora eramos adultas en equidad, cada quien con sus responsabilidades y sus vidas… De cierta manera pasé de ser “su preciosa” a la “preciosa esposa” de alguien más. Dejaron de ser mi fuente de amor primaria, ahora tenían que compartirme y eso les dolió en el alma.

Descubrí gracias a este dolor que mis hermanas me aman profundamente y que la codependencia en mi familia está cabrona. Les soy totalmente honesta; algo se rompió en el momento en el que decidí salir de mi casa. Creo que yo tenía un papel claro ahí: ser adorable, obediente, princesa, nena de familia, “bebé”. Cuando empecé a tomar decisiones adultas, me caí del pedestal.

Ahora que soy esposa, que trabajo todos los días por mi independencia, que me responsabilizo sólo de mi felicidad y mis actos, me siento orgullosa de mi misma. Ha sido un trabajal quitarme la piel de “niña buena”, que también es huevona, egoísta y consentidísima.

Mis hermanas son chidas y justo en este momento estoy descubriéndolas como eso: hermanas, familia, personas con mucha virtud y uno que otro defecto. Para mí también dejaron de ser sólo mamás, y se convirtieron en mujeres, como yo.

A veces pienso que ellas también están orgullosas de lo que he alcanzado… o del buen trabajo que hicieron como hermanamadres, aún no estoy segura.

 

Comentarios
Jádisha Déciga
Psicoterapeuta humanista.
Fan de las cosas bonitas, de todas ellas.
Jádisha

Psicoterapeuta humanista. Fan de las cosas bonitas, de todas ellas.

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