LAS CRONICAS DEL REENCUENTRO: El abanico, la blusa y el alhajero.


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Habían pasado casi cinco años sin vernos, sin saber nada el uno del otro, yo había estado en un relación por poco mas de dos años, pero, finalmente las cosas se acomodaron en el Universo … lo que haya sido, el punto es que después de todo ese tiempo por fin sucedió: Estábamos cara a cara, yo con mi cabello muy largo y muy lacio, como él jamás me había visto y debo decir que por la expresión que puso se desconcertó un poco, y es que era un hecho que en absoluto se encontró con la casi niña que había sido tiempo atrás. Por mi parte también me encontré con un hombre, no con el chiquillo idiota hijo de mami que fue cuando nos conocimos la primera vez.

Hablamos de cuanto habían cambiado nuestras vidas, de los raspones, golpes y caídas que tuvimos, de las formas dolorosas en que en se breve espacio nos habíamos transformado… sin saber como ya lo estaba besando, y aunque parezca que estaba siendo de nuevo como una escuincla carente de sentido común, en ese momento me pareció que la sombra del pasado que tuvimos se desvanecía (aun la prohibición de mi papá de seguir con él). Fuimos al lugar donde la primera vez lo habíamos hecho como adolescentes sin miedo (o muy irresponsables) y propuso que quería esta vez intentarlo y que realmente pudiéramos disfrutar de lo que no vivimos en su momento. Cuando hizo la pregunta: “¿y tú, quieres intentarlo?”… en mi cabeza había otra pregunta a modo de respuesta: “¿y realmente que tanto hemos cambiado?”.

Para no hacer esto mas largo, bastaron solo tres meses para darme cuenta que, en la vida podemos vivir infinidad de situaciones que nos toquen el alma, pero pocas, muy pocas, que nos transformen el espíritu, y también me hizo darme cuenta que son contadas las ocasiones en que nuestro deseo de trascender llegar a ser mas grande que nuestros rencores pasados. Lo anterior lo digo porque, resulta que, en el pasado él alcohol se lo tomaba a él y el resentimiento hacia su padre lo abrazo siempre… y bueno, ahora en el valle de su adultez seguía siendo igual, solo que mas consiente del impacto que eso tiene en su vida y sin ganas de querer cambiarlo. Por eso me di a la tarea de demostrarme que en efecto, si me había convertido en una adulta responsable (o algo) y que yo no podía volver a caer en las redes de su manipulación, soberbia, altivez y egocentrismo (ya bastante tengo con mis propios issues) y que definitivamente hay algo que no podemos negar a nuestro ser: la paz interior, por ello con todo y que el abanico, la blusa y el alhajero que me regalo realmente eran objetos muy bonitos, mi paz interior y salud mental estaban primero. Quizás a mi modo también este siendo egoísta, sin embargo es un hecho que parte de las decisiones sabias de la vida consisten en hacernos cargo de nosotros mismos, pienso yo que por ahí empieza todo ese misterio que llamamos libertad.

Comentarios
Lena S

Me gusta bailar y ser narradora de historias al mismo tiempo que vivo la mía, también acariciar gatos y perros y estoy convencida de que mi sangre tiene mas partículas de oxígeno que glóbulos blancos… No soy malhumorada y tengo hábitos cuestionables, pero todos placenteros.


Lena S

Me gusta bailar y ser narradora de historias al mismo tiempo que vivo la mía, también acariciar gatos y perros y estoy convencida de que mi sangre tiene mas partículas de oxígeno que glóbulos blancos... No soy malhumorada y tengo hábitos cuestionables, pero todos placenteros.