Las dolorosas pérdidas


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Hay pérdidas amorosas, de trabajo, de amigos… he sufrido de esas varias y también perdí un bebé.

Es difícil expricarles lo que se siente. Para mi fue un shock, de entrada, saber que estaba embarazada. Apenas llevaba 3 meses viviendo con mi pareja, recién nos estábamos acoplando, conociéndonos. Aún andabamos en modo “luna de miel”.

No puedo decir que mi embarazo fue un accidente, tampoco que era algo inesperado. Yo traía broncas hormonales recias, lo suficiente como para que mi ginecóloga me dijera que estaba “químicamente castrada” hasta que terminara mi tratamiento. La verdad ni me preocupé por métodos anticonceptivos. Cuando empecé a sentir náuseas, sabía que algo no estaba bien. Me hice la prueba en casa, escuchándo música, en compañía de él. Era un día lluvioso cuando nos enteramos de que efectivamente, algo nuevo nos esperaba.

Hubo sonrisas, muchos planes, aunque también preocupación porque económicamente no estabamos listos para recibir un bebé y necesitábamos organizarnos. Mi familia apenas se estaba adaptando a la idea de mi concubinato así que preferí callarles la noticia. Sólo una pizca de personas conocían mi estado y eso me ponía triste. Yo quería gritarle al mundo que en mí crecía el amor hecho carne.

Justo después de hablar con mi mamá y comunicarle la espera comencé con un sangrado leve. Fui al médico y me recomendó resposo absoluto, aunque dijo que todo estaba aparentemente bien. Esperé unos días más para hacerme el ultrasonido y fue ahí cuando nos dimos cuenta de que no había latidos en su corazón…

Marie Stopes también me salvó. Nos sentamos en la salita de espera con otras parejas y jovencitas solas que buscaban ponerle fin a un error, a algo no deseado. Nosotros estabamos ahí casi por obligación, esperando sacar las esperanzas que guardaba mi cuerpo porque habían desaparecido y lo que restaba sólo me hacía daño. Apenas estábamos asimilando el embarazo y de repente, la pérdida. Guardamos muchos silencios y sólo nos abrazábamos. Él limpiaba mis lágrimas de absoluta tristeza con besos dulces y palabras de aliento.

Todo terminó tan rápido como empezó. Lo que perduró fue el dolor que me hacía sentir vacía, incapaz de cuidar algo tan precioso como la vida que crecía dentro de mi. Me sentía culpable, estúpida e irresponsable, me creía una mala madre desde antes de que bebé naciera.

No tenía fuerzas o ganas de algo… ni siquiera me sentía capaz de procurar a mi pareja, de darle abrazos o de ofrecerle algo que lo reconfortara. Egoístamente le pedí que fuera fuerte para mi y él, en su infinito amor, se olvidó de su propia pena para salvaguardar mi alma, cosa que le agradeceré siempre porque en esta situación, su amor me salvó de una depresión profunda. Y es que no me cabía en la cabeza… Pasé de imaginarme la carita de mi bebé a tratar de entender que ya no había nada que imaginar, todo de un día para otro.

Es raro… la gente no tiene muchas palabras que decir en estos casos. Infinidad de veces escuché el trillado “Por algo pasan las cosas”, “No era el momento adecuado”, “La naturaleza es sabia”. Al principio tenía ganas de cachetear a todo el que me las dijera porque además de desolada, me sentía fúrica. ¿Qué hice mal? ¿Por qué yo?

Hasta mucho tiempo y trabajo terapéutico después lo entendí y en mi corazón y en mi cabeza comprendo que efectivamente es así. No hay razón, no soy yo. Es la vida y así sucede.

Hoy tengo esas certezas. No fue un castigo ni es mi culpa. Me consuelan estas oraciones, que la pérdida fortaleció mi relación y que deseo con mucha esperanza y amor poder sentir la vida en mi vientre una vez más. Si es mi sino, nada lo alterará. Lo que también comprendo es que perder un bebé sí es un duelo, uno del que no se habla mucho porque no hay funeral, ni entierros, ni rituales de despedida. Es una pérdida que genera dolor y también es aprendizaje.

Llámenme loca, pero creo que ese bebé nuestro nos sigue acompañando, nos cuida y nos proteje. Es parte de nosotros como nosotros somos parte de él aunque no esté. Es el hilo transparente que une nuestros caminos y rezo todos los días para que los tres nos volvamos a encontrar.

Comentarios
Jádisha Déciga
Psicoterapeuta humanista.
Fan de las cosas bonitas, de todas ellas.
Jádisha

Psicoterapeuta humanista. Fan de las cosas bonitas, de todas ellas.