Las fábulas del fuego No. 2


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El incendio

Siempre hay tragedias, pero destacan particularmente las causadas por niños. A veces, lo peor que puede pasarles es no morir en el hecho. Uno de estos niños quemó su edificio y junto con ello su espíritu. A la fecha, la sensación de ser malo no lo deja en paz. Familiares y amigos tratan de consolarlo asegurándole que lo ocurrido tiene mas que ver con un error de la madre, pero el tipo no descansa. Esta es su verdad:

“Me gustaba pasar horas mirando las flamas de las velas cuando no había luz. Sin darme cuenta, no pensaba, era una especie de meditación intuitiva. Luego venía la luz, alguien se las llevaba y me aburría. Como el fuego me causaba tanta fascinación, se me hacía fácil entretenerme quemando cosas. Una hoja de papel, un poco de pasto aquí y allá, un popote, un pedazo de alfombra, ¡Nada serio hombre! Un día se me pasó la mano. Así de básico y así de estúpido. Por ahí hay algunos que tienen tienen la excusa del maltrato paterno, pero yo no, la sonrisa de mi madre era destacada. Probablemente solo soy el mal encarnado”.

Tenía solo once años pero fue un acto consciente, en su opinión. Es común que pase un buen rato en cafeterías o restaurantes analizando su maldad. Usualmente concluye que algunas personas están destinadas a arruinar el mundo y empieza la escalada mortal: Hay cosas podridas por naturaleza, pero en un mundo que sin duda desea ser mayormente feliz, pocos tienen el interés de simpatizar con ellas. Luego resulta que estas cosas podridas están condenadas a una vida carente de aventuras y dinamismo. Entonces, si que se vuelven atroces.

Para ser ciertos, el no sabe exactamente que pasó. Nunca le dieron detalles, su culpa es ciega. Cuando caminando se refleja en alguna puerta de cristal o ventana grande, de esas de piso a techo, cree verse a si mismo convertido en un hombre de fuego que salva a los que mató, si es que eso ocurrió. Cuando esta solo, de piso a techo también, le gusta visualizar una luz de bengala que con su fuego blanco lo redime de todos sus errores. Entonces deja de ser aburrido y vuelve a ser el niño de once años apasionado por la magia incendiaria.

En esta nueva versión, no se le pasa la mano y es feliz.

Comentarios
Andrea Velázquez
¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.

En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.

Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.

Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.

Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.

¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.

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