Las mascotas son la mejor terapia para sanar el corazón.


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Les pedimos a nuestras colaboradoras de loquepensamos que nos contaran el papel que han jugado sus mascotas en sus vidas:

Jess:

Alguna vez una persona me dijo que los perritos son seres de luz, que estaban ahí para protegernos, suena muy bonito, pero un poco egoísta; si bien ellos dan la vida por sus dueños, creo que además tienen otro propósito, no solo el “estar” para nosotros.

Paprika y yo nos conocimos hace tres años, pero fue hasta hace dos que comenzamos a vivir juntas. ¿Cómo me ayudo?, es difícil saberlo, en este tiempo en el que he convivido con ella, sé que las dos hemos aprendido bastante la una de la otra.

Ella nació en la selva, junto son sus otros hermanitos, llenos de hongos y algunas enfermedades, los rescataron y pasaron por varios tratamientos. Cuando fui a conocer a la camada, me enamoré perdidamente de ella, lamentablemente ya tenía una familia adoptiva. Al poco tiempo de ser adoptada, la familia se cansó de ella por no tomar en cuenta el cuidado que debían de tener y la arrojaron en la calle. Pocos meses después de este hecho, la perrera municipal la atrapó, dándole un ultimátum de vida. Por suerte y gracias a las redes sociales pude reconocerla e ir a adoptarla. No sé, tal vez solamente fue casualidad, pero el “timing” fue perfecto.

Paprika llegó antes de haber terminado una relación sentimental larga, vivir en otra ciudad, estar en un trabajo que no me hacía feliz; eran tantas las cosas que me abrumaban en ese preciso momento que justo ella llegó para suavizarlo todo. ¿Cómo?, muy fácil, puse de lado mis “problemas” para ocuparme de los de ella. Paprika ocupaba amor y cariño, el vivir tanto tiempo en la calle le dejó miedos que hasta la fecha se siguen reflejando en su comportamiento. Me ayudó a entender que no importa lo mucho que me precipite, las cosas llegaran en su modo y tiempo, como si el tiempo estuviera definido para cada una de nuestras acciones. Enserio, Paprika para mi se ha significado un freno, una pausa, un dejar ser y vivir en el momento. Dejar de pensar tanto en el futuro y ocuparme de vivir cada uno de mis días. Algunas veces solamente necesito abrazarla y dejar que me llene de pelitos mi ropa, esa, es la mejor terapia en años.

 

Lol:

Los perros que acompañaron mi niñez y adolescencia eran dos: Scoonky y Cookie. Una murió después que la otra cuando tenían 15 años y yo unos 18. Después de eso pensé que nunca me repondría a su ausencia y decidí no tener mascota por mucho tiempo.

Tenía 23 años, mi madre, quien sufría de una severa depresión, se fue de este mundo y una parte de mí con ella. Entré a terapia, le entré a los chochos, a los hobbies, al ejercicio hasta el cansancio,  le entré a todo para sonreír y decir “estoy bien, esto pasará, puedo tratar de levantarme de la cama hoy aunque no quiera”.

Habían pasado unos meses así, pendejeando en mercado libre, vi un anuncio. “Permuto bernés de las montañas”. Pensé que era el momento justo para tener a un cachorrito conmigo, lo necesitaba. Cambié una cámara fotográfica que no usaba por un perro que me devolvió las ganas de sonreír. Siempre he dicho que ese, ha sido el mejor trato de la historia.

El amor incondicional de los animales suele ser, muchas veces mucho más genuino que el de las personas.

Ella me salvó. Lleva 8 años salvándome de mí misma y le agradezco todos los días, fue el antídoto para la soledad y la tristeza que pensé, nunca superaría.

Tener a tu lado un ser vivo que te necesita y que te demuestra su cariño incondicional, hace que saques fuerzas de donde creías que no existían para sacarle a pasear, para llevarle a bañar, para alimentarla  y para prestarle la atención que necesita. Esa depresión pasó a segundo plano gracias a su compañía. Gracias a cómo me recibía al llegar todos los días, gracias a las sorpresas que me da todos los días.

Sé que Lola no durará para siempre,  pero creo que ella misma me ha preparado durante todo este tiempo para cuando ya no esté <3

 

Gin Caballero:

Desde que mi pequeña Wendy, una maltés blanca con manchas cafés, y después mi bello Toby, un juguetón y gruñón cocker spaniel, murieron, y sus hijos crecieron en hogares lejos del mío, no quise tener más mascotas: te rompen el corazón cuando se van.

La realidad es que siempre hemos tenido mascotas en mi familia, desde niña me enseñaron a convivir con perros, cosa que ahora hace mi sobrina de un año, que saluda, da de comer, da la mano y juega con los perros de cualquier casa. Lo ve normal, anormal es cuando no los halla, como en restaurantes o una plaza comercial.

Mi mamá sobrellevó las rupturas con mi papá con dos chihuahuas: Manzy, consentido a más no poder, papá de la pequeña Zury.

Años después, llegó Yumi, cuando Manzy había muerto y mi papá había hecho su vida definitivamente en otra parte. Yumi es un torbellino… Cuando llegó a casa, ésta se inundó (quizás una señal)… Y de inmediato arrebató la atención de mi mamá por esa frágil cosita que exigía atención. Mi mamá lo dice, a veces de broma, pero sonando en serio: Yumi llegó a llenar el vacío producido por la salida de mi papá de su vida y de su corazón.

Yo estaba renuente en encariñarme con ninguna de las perritas que habitan hoy en día en mi casa, sin embargo, el momento llegó cuando mi hermana abandonó mi hogar para mudarse por un tiempo con mi papá y yo terminé con uno de mis ex, con quien prácticamente vivía los fines de semana.

Creo que en ese entonces, por primera vez me sentí sola al no compartir la cama o la recámara con nadie…

A Zury, mi chihuahua de pelo largo, debió pasarle lo mismo cuando iba a mi recámara en busca de “su mamá” y no la encontraba… Ella decidía quedarse en la sala a dormir, aunque, supongo que una noche se hartó de estar padeciendo y se fue a dormir conmigo… Creo que nos hacía falta. Comencé a sentirme acompañada de nuevo, aunque hay días que prefiero de verdad dormir sola y ella también elige quedarse dormida en la sala o irse con mi mamá o con mi hermana cuando viene de visita.

Zury tiene algo que me sorprende: me entiende, se enfurruña, se enoja, es notablemente inteligente y se expresa como si fuera una niña pequeña. Se ganó mi amor sólo por ser ella misma.

En mis depresiones, como después de una cirugía o algún procedimiento médico, es ella quien se queda a mi lado en la cama, sólo se levanta algunos minutos para salir al baño, por unas cuantas croquetas que lleva a la cama o a beber algo de agua, pero ahí permanece conmigo. ¡Qué amor tan incondicional me ha demostrado!

En otras ocasiones, cuando no me quiero ni levantar de la cama, va por mí y me molesta hasta que me levanto, para que le abra la puerta o le sirva agua o le dé de comer, a manera de decir: “sí, está chida tu depresión, pero yo no puedo atenderme sola. ¡Date cuenta de que dependo de ti!”

También me ha dado algunos sustos. Cuando mi hermana era más chica, tuvo una rara enfermedad que 3 veterinarios no supieron diagnosticar, resulta ser que tenía una insuficiencia de plaquetas en la sangre, por lo que debieron hacerle trasplantes y mantenerla hospitalizada por varios días. Mi mamá y mi hermana iban a verla diario, pues si se deprimía, corría el riesgo de dejarse morir. Uno no piensa que las mascotas pueden contraer esas enfermedades, ni que también es importante mantenerlos con buen ánimo, darles atención, hacerlos sentir parte de la familia, hasta esos momentos.

 

Y bueno, ya hablé de Yumi y de Zury, pero hay un aspecto que sólo puede llenar Megumi, la tercera habitante de casa, una french rescatada por mi mamá, a quien resulta que sólo utilizaban para tener cachorros una y otra vez. La pobre se asusta con facilidad, tiene hábitos muy extraños y tuvo que extirpársele la matriz y una parte de las glándulas mamarias, además de que ya no ve bien, problemas derivados de las condiciones que padeció; pero de las tres, es la más agradecida, noble y la que te hace sentir más ternura. Cuando Megumi está feliz y brinca como pony, te hace feliz también. Cuando te mira agradecida, casi puedes escuchar cómo te da las gracias. Y cuando ves la vida que tiene ahora, te hace sentir que has hecho algo bueno, que eres una buena persona y que eres afortunado en demasía.

Yo no quería más perros, sufrir más, ni ser responsable de otro ser vivo además de mí, el tener o adoptar una mascota debe ser una decisión consciente y responsable, y claramente, el tenerlas es algo que yo no pedí, pero ellas están aquí, me quieren, me necesitan y yo a ellas…

Y entonces… El tener una mascota en casa, aún cuando reniegues de si es tuya o no, te ayuda con ciertos puntos básicos: te hace más responsable y más compartido, te mantiene enfocado en otras cosas más útiles que estar deprimido, ayuda a tu autoestima, te estimula para salir adelante, te hace sentir necesario y te ayuda a ser una mejor persona, por lo tanto, a sentirte mejor contigo mismo por hacer algo más por otro ser vivo que claramente no tiene voz o manos para hacerlo, e incluso, si lo sacas a pasear, también ayuda a ponerte en forma y ver la vida desde otra perspectiva, pero sobre todo, te hace ser afortunado…

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lo que pensamos
Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.

Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.

@_loquepensamos

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