Lo que eras para mí…


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Quizá para ti no fui más que sexo y compañía cuando te sentías solo y lamento no haber sido más, como tú lo fuiste para mí.

Necesitaba escribirte estas líneas, que te dieras cuenta de lo mucho que significabas en mi vida, a pesar de que decidí alejarme de ti.

Tú mismo me enseñaste a quererme más a mí misma, a ponerme a mí por encima de todo, a hablar y decir lo que siento sin tapujos. Fuiste para mí una nueva fuente de inspiración para mis escritos y sin querer, comencé a enfocarme más en ayudar a otros por querer ayudarte a ti.

También aprendí a llenar los huecos en mi vida, a ser más congruente, más lógica y analítica, a ver mis errores, mis dolores y retomar aquellas cosas inconclusas en mi vida, como la terapia psicológica, que gracias a una plática que tuvimos me di cuenta que debía regresar a ella.

Contigo exorcicé muchos de mis fantasmas e hice realidad muchas fantasías, además de sacar a flote aquéllas cosas que tenía enterradas dentro de mí. Enfrenté mi temor de hablarte, de perderte y de decir todas esas cosas desagradables que nunca a nadie le quise decir. Tú las soportaste siempre, igual que mis berrinches y reclamos.

Debo confesar que nunca pensé que pudiera sentir tantos celos o hacer surgir esa faceta, supongo que en muchas ocasiones no me quedaba para hacerlos, simplemente huía de las personas calladamente, sin hacer ruido. Nunca había trastocado esa intimidad, porque siempre supuse que cualquiera saldría corriendo desde el primer instante, pero no tú… No tú que con esa fuerza de gorila, de mastodonte, de toro de lidia te imponías. Aprendí a querer aquellos celos, aquellos reclamos y pequeños acosos tuyos.

A veces me sentía avergonzada por cosas tontas, intenté siempre ser como los demás querían, ocultar mis tonterías, pero tú las sacabas a flote, sonreías, y muchas veces veías mis particularidades que te enseñaba poco a poco a través de mis ojos, como tratando de entender, pero sin dar más importancia. Como haciéndome una pregunta con tus ojos, pero te rendías y sólo me dejabas ser…

Eso era también, tú siempre me dejaste ser. Aunque fuera loca, histérica, depresiva, enojona, romántica, callada, ausente.

“Sé que no soy tan cariñoso como quisieras”, decías, y nunca me creías cuando respondía que te quería así, ni más ni menos. Porque a veces me bastaban los “te adoro”, viéndome a los ojos, y todo aquéllo que hacías sólo para que yo estuviera bien y me sintiera más cómoda contigo.

Lloré en muchas ocasiones, he llorado muchas veces por ti y sé que aún me quedan lágrimas. Por lo general soy una persona feliz, he aprendido a estar así, lleno mi cabeza de pensamientos donde yo no te importo y si tú estás feliz ¿por qué yo no? Sé que hago lo correcto, porque también yo te hago mal en esa claridad que buscas. Yo y mi impulsividad que muchas veces me solapas, porque sé que cuando no lo haces, mi encaprichamiento toca a la puerta.

Tampoco me voy a pintar como una bruja, tú también me haces daño con tus incongruencias, con eso de decirme que me quieres y retirarlo al día siguiente; con ese aferrarte a tu pasado, con ese querer retenerme sin poder ofrecerme nada, sin querer perder nada; con ese manipularme cada que se te antoja y usar mis propias palabras para ponerlas en mi contra; ese encararme cuando sabes que no estoy lista para afrontarte; sobre todo esa falta de amor…

No sé en qué momento me atrapaste. Creo que eso es lo más peligroso.

Sólo sé que siempre fuimos buena pareja de baile y de fiestas. La hemos pasado bien, como una buena mancuerna hasta en las narraciones de nuestras historias y en una o dos mentirillas en las que fuimos cómplices. No voy a mentir, contigo fui feliz…

Recuerdo nuestra primera cita en un show de stand up y luego yendo a ver un grupo de rock en vivo: “¿por qué yo?”, preguntaste. Porque me sorprendiste… Y una vez que sorprendes realmente a una mujer, creo que esa es la perdición. Tenía una idea equivocada de ti, pensé que eras como todos y de repente te descubrí como alguien sensible, noble, inteligente, independiente, divertido…

Cuando te pregunté qué era lo que deseabas conmigo, me dijiste que querías seguirme conociendo y hacerme el amor todos los días… Me sentí muy apenada en ese momento, cuando sólo nos habíamos besado… ¿Te acuerdas? La primera vez que me besaste fue aquélla vez saliendo de las alitas a las que íbamos con nuestros amigos todos los jueves. Me tomaste de la mano y me acompañaste hasta mi auto. Me besaste… Y me enamoré de tu forma de besar…

Amé nuestros viajes, tu manera de abrazarme, de tomarme la mano mientras manejabas, de decirme “mi amor”. Amo tu risa escandalosa e inconfundible, que me cargues como si no quisieras soltarme, cuando me miras tierno, cuando me escuchas. Amo cantar contigo, escuchar música contigo, ver películas contigo, nuestra manera de acoplarnos en el sillón y esas veces que nos cubrimos con una manta. Amo cocinarte, apapacharte, hablar contigo, aconsejarte, que nos cause conflicto dormir del mismo lado de la cama, perseguirte por la sala, que me detengas con un beso, que te quites los lentes mientras me besas, que me molestes, que me hagas cosquillas, que hables como niño chiquito, que me hagas el amor, que no te canses de hacerme el amor, que nos deseemos tanto, cada vez más… Toda esa química. Creo que la sentimos desde la primera vez que estuvimos juntos, el día de tu cumpleaños…

Amé despertarte aquéllas mañanas, que sonrieras incluso antes de abrir los ojos, que durmiéramos abrazados, querer tirarte de la cama, lanzarnos almohadazos. Creo que siempre nos entendimos mejor en la cama, aunque tampoco fuera de ella éramos tan diferentes.

Amé  tus llamadas casi a diario, que me cuidaras… Incluso que muchas veces no me dejaras ir, que te empecinaras tanto en que estuviera contigo sin importarte nada… “Yo no ruego y mira”, dijiste aquélla vez que te bloqueé por primera vez, “eres mi principal apoyo, ¿a quién le voy a contar mis cosas?” (seguro encontraste a alguien)… “Por tu manera de tratarme, por tu personalidad, sería contigo, sólo contigo, lo peor es que no existe nadie más”… Palabras, que al menos me hacen pensar que sentías algo. Que aquellos días y noches, aquellas citas, significaban algo para ti… Aquellos momentos en que me dejabas ver tu lado tierno… ¿Qué era real?

Real… Amaba tu departamento, amo ahora tu casa, aquéllos espacios. Amo dormir contigo en el colchón del piso de la otra recámara; amo tu espalda, darte masajes, explicarnos cómo funcionan nuestros distintos mundos; amo que me susurres al oído, caminar de tu brazo, desayunar en el mercado… ¡Demonios! Creo que tengo problemas…

¿Te digo un secreto? No quiero olvidarte, sólo quisiera que no doliera el no tenerte cerca, pero no tengo opción. Tú significas mucho más para mí, sólo quería que lo supieras de alguna manera. Que recuerdo todo…

Quiero pensar que también te duele, que en algún resquicio de tu alma también me grabé, que se grabaron estos meses juntos.

No sé cómo sean los hombres, no sé cuándo sienten ni qué sienten, me lo dijiste pocas veces, quizá más con palabras que con actos, aunque me llevabas de viaje, me perdonabas mis desplantes, hacías cosas que no deseabas en realidad y hasta me ayudaste cuando estrellé mi coche…

Deseo que sepas también que yo lucharía por ti si tuviera la opción, que te elegiría una y mil veces, que te agradezco todo, que me enseñaste a ser mejor persona, que por ti quiero crecer y convertirme en alguien más; que deseo cambiar y ser feliz. Quisiera que te vieras con los mismos ojos que yo, que te sientas bien por ti y por mí. Que te quisieras como yo te quiero…

Ya sé que es difícil, aunque yo sabía, siempre supe que no podríamos ser, mientras tú continuaras lidiando con tus fantasmas y demonios internos, mientras no supieras realmente lo que quieres. Tampoco es fácil para mí tomar una decisión de este tipo, mucho menos contigo.

Me acostumbré a levantarme temprano a tu lado, ahora ya no puedo dormir, y a veces hasta temo volver a hacerlo, pues no quiero toparme contigo en mis sueños. Tampoco puedo comer tanto, ni concentrarme por mucho tiempo en el trabajo, aunque busco llenarme de cosas que hacer y estar feliz con mis amigos o encontrar el entusiasmo por planear y experimentar cosas nuevas. Lo peor viene en las noches o los fines de semana en que me pregunto por ti, qué estarás haciendo, pero es como todo… Supongo que seguirás tu vida igual, sólo que sin mí, con alguna otra en tu cama que no quiera más de ti, y no quiero reprocharte, a fin de cuentas yo fui la que decidí no seguir ahí, porque me quiero más a mí que a ti y porque te quiero tanto que soy incapaz ya de darte el lugar que tú me estás dando…

Ojalá quisieras realmente formar parte de mi vida, porque tú significas aún mucho para mí, pero sé que el tiempo es sabio y me hará abrir los ojos para asesinar ese pequeño dejo de esperanza que no quiere extinguirse. Sin embargo, sé que agoniza y que con el paso del tiempo tendrá que morir…

Recuerda entonces lo que alguna vez te quise, para que sepas lo valioso que eres y no lo olvides… 

Comentarios
Gin Caballero
Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...
Azul de luna

Amante del arte en todas sus facetas, noctámbula, cafeinómana, enamorada del amor, emocional, inteligente, lógica y valemadrista... Viviendo el aquí y el ahora...

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