Mariana come hormigas


Este artículo se lee en: 2 minutos

A Mariana la conocí en segundo de primaria. Era una niña con ojos grandes asustados y boca pequeñita. Su cabello era tan lacio que podías deslizar los dedos sin atorarse y sentir lo frío de su presencia. Tenía un olor muy característico: sandwich de atún con mayonesa. Solía comer hormigas con gis y ponerse en los labios lápiz adhesivo. Se colgaba de los árboles cuál murciélago y hablaba sola en voz bajita para que nadie la escuchara. Cuando reía, se me erizaba la piel. Su risa era malévola y con cierto toque de locura.

Sí, le decían “la loca” y por lo tanto nadie se le acercaba, sólo yo.

Mariana me daba melancolía y miedo a la vez, traté de escucharla, pero nunca le entendí. Llorando me dijo una vez que ya no quería más sandwich de atún con mayonesa, que las hormigas sabían mejor con polvos de gis.  Y reía.

En clase, siempre la ponían viendo hacia la pared para que no distrajera a los demás. Cuando la maestra no se daba cuenta, volteaba hacia mí y en mímica decía: S Á L V A M E. ¿Cómo salvar a una niña de mi edad con esencia de murciélago? Pero cuando iba al baño le detenía la puerta para que nadie se la abriera.

Un día triste, se acercó y me dijo que no volvería, que su mamá había encontrado una escuela con camas en donde había niñas que comían hormigas como ella. No le creí, pensé que era otra de sus historias en secreto. Pero sí, no la volví a ver y tampoco pude salvar a Mariana.

Comentarios
Ari Cuadros
Mamá soltera por elección, diseñadora, alma de detective, impaciente, perfeccionista, análitica y..... lo demás es secreto.
Etiquetas: ,
Ari Cuadros

Mamá soltera por elección, diseñadora, alma de detective, impaciente, perfeccionista, análitica y..... lo demás es secreto.