Mi aventura en el ACL Pt.1


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El pasado 2 de octubre me subí a un avión que me llevaría al viaje más chingón que he tenido en toda mi vida. Por azares de un corazón roto, decidí ir sola al ACL después de que este viaje había sido inicialmente pensado para hacerlo con mi ex novio. Aunque nos topamos más de un par de veces, este viaje fue una aventura personal.

Era la primera vez que viajaba sola y a pesar de que varios conocidos iban a estar en el festival, decidí estar por mi lado. No volé varios kilómetros de México para estar con mexicanos (perdonen mi malinchismo). Quería conocer gente, vivir el festival con los gringos y todas las diferencias que implican.

Antes de empezar, espero que esta entrada nunca llegue a manos de mis padres (perdonen mi vida loca).

El viaje fue un desmadre. Volar a las 7 de la mañana, llegar a San Antonio y de ahí tomar un bus a Austin fue peor que peregrinación a la Basílica. Más porque una noche anterior había dormido solo 3 horas. Llegando a Austin tomé un taxi que me llevaría a la casa de Andrew y Justin, unos chicos bastante chidos que rentan un cuarto en su humilde hogar vía Airbnb.

Al primero que conocí fue a Justin y al momento de verlo supe que este viaje iba a estar poca madre. Músico, comediante amateur, fan de “Y tu mamá también” y clon de Jason Schwartzman con cabello largo; que en menos de 5 minutos de plática estábamos discutiendo sobre música y películas de Sofía Coppola. En la noche conocí a Andrew, un chico más serio (aparentemente) que trabaja en Apple, toca la batería y ama a su gato Loki.

Después de dar una vuelta por la ciudad más hipster en la que he estado, regresé a casa a dormir temprano ya que el viaje había sido muy pesado. Al entrar encontré a Andrew sentado en su sala echando la chela agusto y viendo Colbert Report. Me invitó a sentarme y me dio mi primera cerveza local, la AP. Por alguna razón nos acabamos ese six recién comprado y acabamos subiéndonos a su auto camino al oxxo gringo más cercano a comprar más. Déjenme les digo, esas cervezas gringas son más engañosas de lo que creen y no estoy tan acostumbrada a tantos grados de alcohol así que ya se imaginarán.

Ya eran más de las 12 cuando entró Justin a la casa y nos vio a Andrew y a mi un poco enfiestados. No le quedó de otra más que unirse y hacer una ligera aportación. Este fue el momento en el que me preguntó “te molesta si fumo” y le dije “pues no, es tu casa y no tengo problemas”. Justin sacó una pipa, la empezó a llenar de “murican weed” y le dimos el rol. Para no hacerles el cuento largo, básicamente así fueron todas mis noches de regreso a esta casa. Fuera la hora que fuera.

El viernes comenzó tranquilo, no había tanta gente como me presumían mis anfitriones pero eso lo hizo más disfrutable. El clima a mi parecer fue horroroso. En lo personal no soy fanatica del calor extremo y el sol ese día estaba especialmente cansador. En menos de una hora ahí ya me había tomado más de dos litros de agua y unos 7 viajes al baño. Cosa que a primeras horas no es tan desagradable ya que los Sanirents gringos siguen limpios.

Hay diferencias muy marcadas entre el público gringo y el mexicano; y les voy avisando que voy a pecar de malinchista en este post pero yo solo digo la verdad. Allá la gente es bastante respetuosa, si no les gusta la banda no están ahí. Si quieres pasar hasta delante te seden el paso y si te golpean sin querer, voltean de inmediato con un “i’m sorry, are you ok?”. Cosa que aquí es muy poco probable que suceda. Aunque obviamente allá se ponen más “hasta el pito” que aquí y me tocó varias chicas perdiendo el glamour de maneras inimaginables.

Mi primer día se fue entre Jimmy Eat World, pasando por Electric Six, The Black Angels, QOTSA y varias bandas de blues locales. Fue el día en que tuve que familiarizarme con las dinámicas de un nuevo evento, en una ciudad que desconocía.

Mis partes favoritas  de ese día fue estar caminando en el downtown, a la 1 am. Los bares repletos y las luces iluminando mis ojos. Estaba destrozada pero cuando estas de vacaciones, nunca es muy tarde para una cerveza y mucho menos para llegar a casa y fumar un poco de ‘murican weed

Comentarios
Priscila Hazard-Sánchez
Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet.

Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte.

PUNK ROCK FO’EVA!
Pecora

Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet. Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte. PUNK ROCK FO’EVA!

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