Mi Aventura en el ACL Pt.2


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La mañana del sábado desperté con los ojos pegados con lagañas y dolores en partes del cuerpo que no creía me iban a doler. Me levanté al baño y me encontré a Andrew en la cocina con una bolsa y me dijo “Buenos Días, te traje un taco del carrito que esta a un par de cuadras aquí”. No sabía que esperar. ¿Tacos en EU? Yo sé de esas aberraciones, pero igual moría de hambre y obvio me lo iba a comer.

Más que taco era un burrito de huevo con papa y frijoles con tortilla de harina ENORME. Una vergüenza a los tacos de albañil que tanto me gustan. Para hacer la experiencia completa lo acompañé con un Minute Maid porque el juego de naranja natural no existe en ‘Murica (ojo, dije muchas veces en todo el viaje la palabra ‘murica y nadie pareció ofenderse).

Me metí a bañar, observé mi nuevo bronceado en el espejo y me arrepentí de no haber comprado el “hang over eye mask” el día que fui a Urban Outfitters. Con solo un burrito en el estomago camine las 3 cuadras necesarias para tomar el camión que me llevaría de nuevo a Zilker Park. Ya me la sabía, estaba muy orgullosa de mi misma.

Un par de cuadras adelante, se subió un chico muy guapo que también iba a Zilker Park. Parecíamos reses marcadas por que nos identificábamos con la pulsera del festival en el brazo derecho. Un poco confundido le preguntó al conductor cómo llegar. Se sentó frente a mí y cuando llegó el momento de bajar para tomar el siguiente camión, me acerqué y le pregunté “¿Vas a ACL?” él me contestó de inmediato que sí. Le dije que tenía que bajarse aquí y que yo iba a tomar el Shuttle gratuito (ojo Corona Capital) que salía en Guadalupe St. y tan nada coqueta que soy le dije si quería podía ir conmigo para que supiera donde era. Obvio accedió.

Su nombre era Ross, vive en San José, California pero es originario de Ohio. Al igual que yo iba solo pero porque su mejor amiga no quiso ir con él al final. Él admitió sentirse feliz de no tener que ir con su amiga aunque tuviera que fingir enojo con ella. Yo le conté mi “triste historia” del porque iba sola y reímos mil. “Fuck them” me contestó y yo solo conteste con una carcajada.

Llegando al Shuttle compartimos las bandas que íbamos a ver ese día, que para mi era el mejor y coincidimos con casi todas, así que decidimos pasar el día cotorreando juntos. ¿Les dije que Ross es de California? Sí, ese lugar donde la mota es legal y que traía su propia hierba con él. Hierba que él mismo crece en su casa. “Dios, estos gringos son unos locos” – pensaba mientras le daba el 3er jalón a su ‘murican weed y no paraba de reír. Debo admitir que yo no fumo mota de manera regular aquí, de hecho lo poco que he consumido no me “pone” y por ende me parece ridículo hacerlo. Pero esas cosas que fuman los gringos son increíbles.

La banda que más esperaba ver ese día era Portugal. The Man. En el momento que estaban por empezar recién habíamos terminado el joint y nos acercamos lo más que pudimos al escenario. Para los que han escuchado a esta banda y especialmente sus primeros discos, sabrán de su estilo psicodélico. Eso y el hecho de estar descalza hizo la experiencia asquerosamente hippie.

Cuando creía que por fin verlos en vivo iba a ser la mejor experiencia del viaje, se me ocurre ir a formarme para la firma de autografos que Waterloo Records organizó con Portugal. Yo fui la última en formarme y gasté 13 dólares en un disco que ya tenía para conocer a mi crush de toda la vida, John Gourley. Llegué, platiqué con la banda y John “amorcito mío” Gourley, me dibujó un Evil Friend en el brazo. Me gustaría decir “nunca me voy a lavar este brazo” pero pues guácala. Esta amigos, ha sido la única vez que he grupeado con alguien.

En este punto Ross y yo nos habíamos separado porque tomé la decisión más difícil de mi vida: Wilco o Passion Pit. Perdón, escogí la fiesta. Escogí a Passion Pit y NO ME ARREPIENTO.  Luego me seguí la fiesta al escenario donde iba a tocar Bright Light Social Hour, una banda local que todo mundo debería escuchar y ver en vivo. Bailé con unos gringos muy graciosos que al final me preguntaron si iba a ir a la clase de “acroyoga” a la siguiente semana. Les dije que sí y seguimos bailando.

La noche cayó, me volví a ver con Ross y vimos a The Cure. Si, a esa señora maquillada de playera negra con lentejuelas. Perdonen por no ser fan pero sí tenía miedo de que Robert Smith se quedara trabado y no dejará de tocar hasta el día siguiente. Mientras bailábamos “Boy’s don’t cry” y me daba vueltas como salsero, no dejaba de sonreír. Llevaba un par de meses sin poder sonreír así y ya lo extrañaba.

Sin esperarlo, el último día de festival había llegado. Desperté con una sensación de nostalgia y cansancio ese domingo. Sentía los dos días anteriores en el cuerpo y aun tenía espacio para el último. Para entonces ya llevaba 5 días en Austin y me había enamorado de la ciudad, la escena, su gente y su comida mexico-americana. Persona con la que hablara, persona que me decía “¿Y por qué no te mudas aquí? Es muy bonito”. Claro, ¿por qué no?

Despertamos, nos bañamos, desayunamos y nos fuimos a dar el último día de música. Ross resultó ser un gran compañero de festival, más porque ibamos a ver a las mismas bandas y eso hacía todo más fácil.

El último día estuvo lleno de momentos raros y graciosos. The National, como cada vez que los he visto, hicieron que mis ojos se aguaran. Atoms for Peace me volaron la cabeza y me hicieron bailar como Thom Yorke en Lotus Flower. Me volví adicta a los burritos de Freebirds, un gringo borracho me dijo que tenía bonitos pies (¿?) y al final perdí a mi compañero de festival.

Al salir por última vez de Zilker Park, le di un último vistazo. Los edificios del downtown estaban como fondo del escenario principal. La gente seguía bailando, caminando o sentados en el pasto. La fiesta seguiría pero en otro lado. Había sobrevivido a mi primer festival en el extranjero. Me llevaba momentos increíbles, momentos que se que no hubiera vivido de no haber ido sola.

El viaje continuo 3 días más después del festival. Pasé el última día nadando en Barton Springs y en la noche saltando de bar en bar en el 6th street. Vi tocar a la banda de Justin en el Mohawks, comí una dona gigante mientras platicaba con un ruquito desarrollador de video juegos, fui al Jackalope’s, el bar más raro y chingón que he ido y un wey en bici taxi me invitó a salir. Fue una buena forma de despedirme de esta hermosa ciudad.

La primera escala antes de llegar a casa fue San Antonio. Compartí el viaje en bus con esa persona que no esperaba toparme tan seguido durante el viaje. El único día que pase en San Antonio me la pase viendo TWD y pedí pizza para cenar. Tomé un baño en tina y me relajé. No tenía planeado salir pero acabé yendo a un bar de stand-up comedy y mientras me tomaba un martini de jalapeño, un latino hacía chistes de ser latino en EU.

Al día siguiente compartí los restos de mi pizza con el ex y contamos nuestras aventuras en el festival y el resto del viaje. Así como si nada malo hubiera pasado entre nosotros. Compartimos un taxi al aeropuerto. El taxista en un arranque de jocosidad nos preguntó “Y ustedes son casados o aún son novios”, el momento incómodo fue inminente y ahora me arrepiento de no haberle echado una mentira diciéndole que sí estábamos casados. Just for the lulz.

Cuando creíamos que el viaje no podía ser más incómodo, ninguna de nuestras tarjetas pasaron y ya no teníamos más cash. Mientras el ex fue a cambiar los pocos pesos que traíamos para pagar, el taxista remato con un bello comentario: “Que bueno que ya no andas con él. Eso de andar con alguien que ni puede pagar el taxi no esta cool”.

Llegando a México cada quien tomó su camino, sin despedidas ni gran alboroto. Ahí supe que nunca nos volveríamos a ver.

Comentarios
Priscila Hazard-Sánchez

Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet.


Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte.


PUNK ROCK FO’EVA!


Pecora

Editora de video, terca, intensa y apasionada que gusta de escribir sin miedo a que terceras personas se ofendan. Me gusta viajar, escuchar toda la música que me sea posible, conocer gente nueva y leer cosas inútiles en internet. Llevo tatuado en el brazo la frase “Fingers Crossed” porque creo y confío en mi buena suerte. PUNK ROCK FO’EVA!