No le mentaré la madre a Robin Williams


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Ayer se extendió por todos lados la noticia de la muerte de Robin Williams. Me rehusaba a prestarle mucha atención o a sensibilizarme acerca del tema porque ya lo han hecho muchos y porque no creo que mi opinión pueda aportar mucho a un hecho del que otras personas como sus amigos o familiares tienen mas derecho a hablar.

Me gustaba Robin Williams, lo normal, soy una fan promedio. No diré que sus películas cambiaron mi vida o que jamás olvidaré como “La Sociedad de los Poetas Muertos” transformó mi existencia entera, porque sería una gran mentira, pero si diré que me daba gusto encontrar su nombre en las listas de “bipolares exitosos”. Listas que en algún momento de mi vida me encantaba ver una y otra vez para sentirme especial y creer que todo lo que me pasaba era porque en el fondo la vida quiso agraciarme con una especie de don, cuando menos un poquito.

Mucho tiempo ha pasado y muchas cosas han cambiado, para bien. Mi condición no es lo que era antes, la vida se despliega frente a mi con mucho mayor facilidad. Todo se ha vuelto más sencillo y, al menos el día de hoy, me atrevo a decir que la bipolaridad tiene cura.

Todo esto suena muy bien, pero el saber que Robin se suicidó, agitó un temor en mi: “It always comes back… it always comes back”… No sé los detalles de la vida de Robin, pero uno se pregunta que tan mal puede ir cuando sigues activo, tienes una familia y llegaste hasta los 63 años. A la muerte de Robin se suma el hecho de que el padre de una amiga se suicidó recientemente y el hecho de que mi propia madre, a la que vi ser una guerrera invencible, luchona y con un temple indestructible, pasó sus últimos dos años de vida muy deprimida, debilitada, sin ser siquiera la sombra de lo que un día fue.

En días como hoy, me tomo un momento para tirarme en el pasto, mirar al cielo, estar conmigo misma y dejar que los ojos se me pongan al punto del llanto. Lo hago a solas, cuando nadie está mirando y quizá mientras escribo estas lineas, porque este es el lugar para hacerlo, porque aquí puedo decirle a todos sin decirle a nadie que tengo miedo de llegar a tener 63 años y encontrarme a mi misma habiendo superado toda clase de momentos oscuros, solo para derrotarme al final del camino y cometer la estupidez de tirar la toalla.

Tengo miedo de llegar a los 63 y ver que no cumplí ninguno de mis sueños, pero tengo más miedo de haber logrado todos y que aun así eso no sea suficiente. Más miedo aún, me da haber logrado algunos, los que me mantienen atada al mundo, pero seguir sufriendo por los que no se lograron.

Llega un momento en que creo haber comprendido que todas esas cosas no son necesarias para ser feliz. Llega un momento en el que uno puede sentirse tan en paz como una flor que contempla el mundo a su alrededor.

Llega el momento en el que perseguir sueños ya no es necesario porque uno está tranquilo con lo que tiene, uno ha aprendido a apreciar. Y cuando estoy tranquila como flor, me pregunto qué sentido tiene estar aquí. Bien podría ser polvo estelar y disfrutar el paisaje por igual. Es ahí cuando el tener sueños cobra una nueva dimensión, supongo, estoy en esa búsqueda.

Me da miedo saber que inevitablemente los momentos difíciles van a regresar, porque así es la vida, porque a eso venimos, y me da miedo sentirme ingenua cuando tengo fe.

Quiero ser feliz. Siempre. Me importa, y sé que le importaba a Robin. Le importaba tanto que dedicó su vida a hacer felices a otros. Podría mentarle la madre a Robin en este momento y decirle que me deja un mal ejemplo, pero no, no haré eso.

Decidí que será mejor recordar que la muerte no es más que una extensión de la vida, que todos tenemos un destino que cumplir y que espero llegar a vieja, releer este blog de mis tiempos mozos mientras acaricio un perro en mi regazo y sonreír porque decidí que hasta el último momento, la vida me seguirá llenando de sorpresas.

Descansa en Paz señora Doubtfire, nunca te olvidaré!

Comentarios
Andrea Velázquez
¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.

En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.

Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.

Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.

Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.

¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.