No sé escribir cartas de amor


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Solamente hay algo que yo me quedaría,
Es la imagen de un santo que me cuida noche y día

Te regalo mis fotos preferidas
Te comparto mi humana condición
Te llevo más allá del límite y medida
Me convierto en tu amiga, la mejor…“

Alejandro,

Esto es muy parecido a una carta de amor, al menos pretende serlo. Nunca he sabido cómo escribir una de estas, no sé a quién culpar de esto, podría culpar a mi orgullo estúpido y mi estoicismo forzado; a mi falta de vocabulario o tal vez a quiénes les he escrito.

Siempre he sido torpe para estas cuestiones; aprendí muy abruptamente del amor; sobretodo del desamor. En este caso, es el tiempo. Perdí mucho tiempo en recoger las piezas de una Samantha apabullada por el amor y los celos, por la pérdida y la mentira. Y ahí estabas tú, siempre has sido tú, el que hace brotar la más cálida sonrisa, una carcajada, una lágrima de felicidad, un suspiro. El que me ha hecho enojar y llorar. El que me ha arropado y cuidado mientras duermo. El que me ha follado de las maneras más sucias. Un cómplice, un mentor, un compañero. Con quien puedo hablar hasta quedarme dormida, quién puedo pasar horas y horas platicando de cualquier cosa. El que me conoce, hasta la parte más oscura y no ha huído.

Mientras tanto yo, he sido una egoísta, una berrinchuda, una miedosa, un animal desatado por la furia; Lo siento A, con toda mi alma. Pero no sólo he pecado, todos mis besos y abrazos han sido honestos; soy la que busca estar ahí, a pesar de todo, a pesar de que tal vez tú ya no quieras. Soy esa que tuvo miedo, que tuvo tiempo y lo perdió. Soy esa, que está aquí, sólo pidiéndote una oportunidad, la oportunidad que nos debemos, de disfrutar esto, de hacerlo bien, de dejarnos llevar. La necia que repite que te quiere, no cómo mantra, sino que lo repite por todas las veces que lo calló. La que está dispuesta a entregarse a la nada, y al todo, a eso tan pavoroso que se llama Amor.

Y recuerdo todo, recuerdo la primera vez que escuché tu voz, la primera vez que te mandé un beso por teléfono. Ese primer abrazo, en el que quería romperte en mil pedazos y tú querías atravesar mi piel. Ese primer beso, sediento, de ti y de mí, de los dos. El primer rayo de sol, al amanecer en tu cama, tu roce delicado, tus dientes en mis tetas, tus uñas en mi espalda. Saliva, sudor, semen, la ropa tirada alrededor de la cama. Tu sillón amarillo lleno de mi ropa. La mancha en el silón con mi saliva. Tu regadera, tu manera de conectar los dispositivos a tu TV. Tus imanes en el refri, la foto de tus padres. Tu balcón, en el que repetí una y otra vez: ‘Es complicado’. Tu pijama de los Beatles, el espejo sin pegar en el baño, las cientos de películas ordenadas alfabéticamente. Recuerdo nuestra primer película. Recuerdo nuestra canción. Recuerdo tus ojos, esos ojos que adoro me miren, con ternura, con rencor, con lascivia. Recuerdo el sabor de tu boca, el de tu pecho y tus axilas. El olor y espesor de tu cabello, tus canas. Tu bigote después de darme sexo oral. Tu barba rasposa y espesa. Tus manos que a veces tiemblan con un roce. Tu espalda, tus cosquillas. Los dedos de tus pies, atrás de tus rodillas. Tu suéter azul. Tu celular sonando en el baño cuando despiertas y te bañas. Tú leyendo los periódicos. Tú tomando una siesta. Tú mirándome mientras me desnudo. Tú tomando fotos. Tú cantando en el auto. Tú tomando vodka. Tú besándome. Tú tocándome. Tú tocándote. Tú. Sólo tú.

Recuerdo mi renuencia a todo esto, me dejé llevar lo admito. Me creí la historia que creé, que no quería enamorarme, que quería todo de todos. Mentí. Te quiero a ti, cómo pocas veces se quiere. No digas jamás que no eres mi tipo de hombre, eres el hombre que me hace sentir como una reina, como una puta, como una niña. Eres el hombre que yo quiero. Tan simple como eso. Yo sé que tal vez, no te merezco, que tuve ya antes la oportunidad, que he sido mala o insuficiente. Pero aquí estoy, queriendo hacerlo todo de nuevo. Quiero mostrarte de lo que soy capaz, quiero mostrarte cómo te quiero, por favor.

Y esta vez, soy yo la que muero por tu ausencia, la que pierde la cabeza cuando estás con alguien más. Pero no quiero guerra, confío en ti y me entrego, como lo quieras, con quién tenga que estar alrededor, pero por favor, dame una oportunidad. Es lo único que te pido.

Te pido ser la que despierte a tu lado, la que prepare tu cena, la que te acompaña a comprar cómics, la que quiere ver películas (así sean de Sofia Coppola), la que quiere besarte, la quiere tocarte, la que quiere hacerte las cosas más sucias de un modo elegante, te pido ser tuya, una vez más.

Sé que mis exigencias pueden ser exageradas, pero creo lo valemos.

Te extraño, como te extrañado siempre.

Te deseo, como se desean los sueños.

Te quiero, como deben quererte.

Te amo, como nunca te han amado.

Sólo, una vez más.

Sólo eso.

Dirán tal vez, que no te merezco. Alguien o algo, cometió un error perfecto, que estamos juntos en el universo.

 

 

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Anónimo
Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.

Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.

@_loquepensamos

Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador. Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen. @_loquepensamos

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