No todo está perdido


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Esta fue la frase que grité en mi último viaje, cuando un encendedor mojado ¡prendió la llama de la felicidad!… Estaba con grandiosos amigos y mi novio viendo el último atardecer del 2015 a bordo de una lancha en Mazunte.

Tienen que saber que hace unos meses yo era la chica que hacía un drama si se le caía el gelish de una uña. ¡Una tragedia!

Me encontraba trabajando en una campaña publicitaria para el cereal del elefante café, cuando decidí renunciar e irme a una agencia de marketing político donde los vasos y los tacones salían volando de las oficinas… En fin, ¡también renuncié!… Renuncié al salario fijo, al confort y a la seguridad económica. Fue en ese momento donde mi nueva aventura comenzó: el desempleo.

Las primeras semanas fueron la gloria: levantarse tarde, desayunar con calma, ver series todo el día, viajes y contemplaciones de la vida diaria (porque NUNCA tienes tiempo de hacer eso, ¡ porque vives en el rush!).

Mis amigos, ex compañeros y familiares me preguntaban ¿y qué vas a hacer? A lo que yo siempre contestaba: “Disfrutar y buscar trabajo” (con tantita cara de estrés). Ya después, encontré mi nueva profesión: “Freelance”.

En este “break musical”, descubrí muchos aprendizajes, retos y misiones. El primer reto fue: “¿cómo hago dinero?” Afortunadamente mi novio me contrató como editora de video (de bodas) y fue justo en este momento que descubrí que la edición me agrada mucho y lo hago muy bien. Después empecé a cocinar, porque nunca es tarde para aprender, y descubrí que me divierte y relaja muchísimo. También aprendí a cuidar una planta, y no hablo sólo de regarla, sino darle amor y apapachos. Aprendí a cuidar mi dinero, a ser consciente de mis pagos, lujos y gastos, porque el dinero se va como el agua. Aprendí a ser puntual, porque carecía de ese hábito, pero lo he podido trabajar.

También vino otro reto: “estudiar terapia de arte”; disciplina que he estado estudiando online y con prácticas desde mi casa, actividad que me enriquece como ser humano y aplicaré como labor altruista. Y la parte que más me gusta: aprendí a darle tiempo y amor a mis amigos y familiares.

Después vino la crisis, los pensamientos inundaban mi mente: “¿y si soy forever desempleada?”, “¿ y si no puedo pagar mi tarjeta de crédito?”, “¿ Mia Astral me dirá la verdad?” (porque deben de saber que diario leía el horóscopo), “¿funcionarán los rituales de Mizada?” (también diario escuchaba mi horóscopo en la tele), “¿ me convertiré en ama de casa?” Y otras tantas preguntas bombardeaban mi cabeza a diario.

En aquella lancha de Mazunte, también grité a todo pulmón: “¡Viva la vida!”. “Viva la vida”… Lo lees frecuentemente… Desde el título del disco de ColdPlay hasta en aquéllas novelas de la revista Vanidades. “Viva la vida”, porque el presente es HOY, lo más importante es el aquí y ahora, porque no sabes si mañana lo podrás disfrutar con las personas y el lugar exacto, donde te tocó vivir cierto momento, porque no hay arrepentimientos ni “hubieras”. ¡Es grandioso vivir la vida!

En mi experiencia, no todo estuvo perdido en este “break” que llegó a mi vida… Siempre tuve una amiga que me motivara y echara porras en los momentos de decadencia emocional, unos padres maravillosos que me regalaban una invitación a comer o la despensa de la semana, una roomie con quién platicar, hacer catarsis, cocinar y reír a carcajadas bailando; un novio que me decía: “por algo pasan las cosas, lo mejor está por venir, tranquila”, y me llevaba de viaje a ver paisajes hermosos; unos abuelos cariñosos que me regalaban una sonrisa y su buen humor a pesar de mis malos humores o gestos de desesperación; y una perrota maravillosa, Lola, que con sus ojos miel y su tierna cara me decía: “todo va estar bien, aquí estoy, no te preocupes”, y sí que estaba bien, porque diario salíamos a pasear y a ejercitar nuestras carnes. Y aprendí a dar la mano… ayudé a una amiga en su trabajo, se siente increíble.

Esta experiencia liberadora que sucedió en mi vida, me hace compartirles los siguientes consejos:

*Piérdete viendo un paisaje, una florecita o un árbol es lo más relajante que puedes hacer.

* Valora tu trabajo, nunca sabes si lo puedes perder. Siempre ve el lado positivo. Todo mundo se queja de sus trabajos, pero es peor no tenerlo.

* Fíjate en los detalles, siéntate a platicar con los seres que más amas, descubrirás lo pleno y bien que se siente escuchar y que te escuchen.

*Regálale un “buenos días” y una sonrisa a ese vecino que nunca saludas, es una gran experiencia. Detecta cómo te sientes después de hacerlo.

* Cuando te cuenten algo, presta atención, abre tus sentidos y descubrirás datos que se te habían olvidado o no habías prestado atención.

*Conócete, escucha a tu cuerpo, recuerda que las enfermedades físicas surgen de emociones atoradas o reprimidas. Suelta esa enfermedad, es relajante.

*Regálate una sonrisa porque estás vivo, estás rodeada de salud, amor y trabajo. Ser agradecido con uno mismo y con los demás es un ejercicio diario, de por vida.

*Medita diario. Agradece, decreta y visualiza lo que quieres, tus pensamientos son tu realidad.

Hoy estoy emprendiendo una nueva etapa laboral, pero estoy convencida que trabajaré de una forma consciente y que perderse un poco, no está mal, al contrario es un acto de valentía y libertad.

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Jimena Serrano

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