Palabras que son magia… a veces negra, a veces blanca.


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Las palabras son nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infringir daño y de remediarlo – Harry Potter y las reliquias de la muerte

Ésta es una de mis frases favoritas, y no tanto por ser parte de uno de mis libros/películas favoritos, sino porque es cierta. En este mundo en donde la magia no sale de varitas que nos escogen, las palabras, entre otras cosas, pasan a ser las responsables de lanzar hechizos que, así como pueden aparecer mágicamente una sonrisa en nuestra cara, también pueden romper nuestro corazón.

“Ya no confío en ti”, “me decepcionaste”, “te odio”, cuando vienen de personas que nos importan, serían algo así como las maldiciones imperdonables (crucio, imperio y avada kedavra). Escucharlas, o incluso leerlas, tiene un efecto inmediato en lo más profundo de nuestro ser: el semblante del rostro y la postura del cuerpo cambian, las ganas de hacer lo que sea que estabas haciendo disminuyen, entre otros.

Claro que dependiendo de la experiencia de cada quien, las palabras con función de maldiciones imperdonables pueden cambiar. Tal vez un “estás despedido” o la noticia de alguna enfermedad tengan el mismo efecto, o hasta uno mayor, de las que cité en el párrafo anterior.

Los hechizos, así como las palabras, son posibles gracias a un proceso mental. ¿A qué me refiero con esto? A que si bien muchas veces decimos cosas “sin pensar” o producto del enojo/tristeza del momento, en el fondo hay una intención justificada, las decimos para hacer sentir mal al otro, para expresar la magnitud de nuestro parecer, para hacer más dramático el momento, etc.

Pero no todos los hechizos son malos. Las palabras también pueden curar las heridas más profundas. Un “te amo/te quiero”, dicho con sinceridad, posiblemente sea uno de los hechizos cuyos efectos sean de los más potentes. Un “bien hecho” proveniente de tu jefe el exigente te puede hacer sentir como un gigante poderoso. “Estoy orgulloso de ti” dicho por quién sea (mamá, papá, hermano, hijo, amigo, esposo, conocido) crea una especie de chispas que hacen brillar los ojos.

Lo mejor de las palabras es que hay millones (nuestra fuente más inagotable de magia), y aunque a veces digamos “no tengo palabras para expresar lo que siento”, tenemos un amplio catálogo de éstas que tal vez no atinen exactamente a lo que nos referimos, pero pueden acercarse. Y cuando nos cansemos de utilizar alguna, para eso están los sinónimos. Bendita lingüística.

Lástima, nosotros no vivimos en un mundo como el de Harry Potter en donde hay escobas voladoras, creaturas y varitas mágicas, pero también somos magos, y nuestros hechizos los lanzamos a través de las palabras. Por eso el tan famoso “pensar antes de hablar”, pues hay que tener en cuenta los efectos que puede tener lo que decimos. No de en balde Albus Dumbledore fue el elegido para decir la frase que inspiró este texto.

Comentarios
Alma Romero
Estudiante de Ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Jugadora de lacrosse en el equipo de la UNAM (sí, como Regina George en Mean girls, pero sin tanta violencia). Tengo superpoderes.

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Estudiante de Ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Jugadora de lacrosse en el equipo de la UNAM (sí, como Regina George en Mean girls, pero sin tanta violencia). Tengo superpoderes. Follow @almita731

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