Primera sesión 2º parte


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Primera parte

Tenía la nota en la mano y no dejaba de temblar. Ya iba tarde y aún así me salí del hotel. Pisé la banqueta con la firme intención de irme corriendo de ahí. What was I doing? Vi a la gente a mi alrededor. A un taxi. A una señora bajando de su camioneta blanca. A un tipo con audífonos y un cigarro en la mano. Y respiré. Había estado conteniendo el aire sin darme cuenta. Respiré de nuevo.

…no hay vuelta atrás. Serás mía

Quiero sentirme viva, pensé. QUIERO SENTIRME VIVA.

Entré y pedí indicaciones para ir a la habitación. Pinche hotel enorme. Puse la llave en la cerradura y obvio por los nervios it didn’t worked the first time. Hasta pensé que me había equivocado. Entré…. y él no estaba ahí. Vi mi celular, habían pasado 25 minutos de la hora en la que se suponía yo tenía que llegar. ¿Se había ido?¿Aún había tiempo?¿Había echado todo a perder? Releí la nota.

Cerré la puerta tras de mí, puse la llave en el thingie ese para la luz. Dejé las cosas donde debía, exploré por encimita la habitación y me hinqué en mi lugar. Sin reloj a la mano, no tenía realmente forma de saber cuánto tiempo había pasado. Las rodillas empezaron a picarme. No estaba acostumbrada a estar en esa posición. Intentaba no moverme, pero era difícil, sentía como me balanceaba intentando mantener el equilibrio. Me preguntaba si tenía que estar solamente apoyada en mis rodillas o podía sentarme sobre mis piernas, pero me estorbaban los tacones. Empezaba a entumirme cuando se abrió la puerta.

Pasó a mi lado mientras se cerraba la puerta. Olía delicioso. Yo intenté buscar su mirada. Con la mano, con un gesto desenfadado, me bajó la cabeza.

-Vista al suelo.

Se dirigió a mi bolsa, sobre el tocador, y vació todo el contenido. Voltee a verlo, sorprendida, mientras mi celular, cartera, muda de ropa, llaves and all kind of girly stuff caía de mi bolsa. Sin mirarme repitió:

-Vista al suelo y no me hagas decirlo de nuevo.

Obedecí. Vi como sus zapatos se alejaban hasta el clóset. Sacó algo de ahí que no pude ver. Se acercó a la cama. Escuché como si abriera un cierre. Se acercó hasta donde yo estaba y me tomó de la barbilla para que levantara la cabeza. Lo vi a los ojos y me sonrió.

-Voy a vendarte los ojos, chiquita. ¿Recuerdas lo que tienes que decir si quieres que me detenga?
-Si.
-¿Si qué?
-Si, Master.

Me vendó los ojos y lo que pasó a continuación lo recuerdo a pedacitos. Él me contó después exactamente lo que pasó. Entre tantos nervios y sensaciones nuevas, hubo un punto en el que me perdí, como laguna mental de borrachera extrema, pero sexy and stuff.

Recuerdo que me hizo pararme con piernas separadas, brazos extendidos. Me revisó por completo. No podía verlo, pero podía sentirlo. Su toque era firme, pero cuidadoso. Podía sentir su aliento. Deslizó su mano por debajo del vestido y me acordé.

No me había quitado la ropa interior.

-Además de ser una putita impuntual, eres una desobediente.

Su tono de voz había cambiado. La verdad, me dio un poco de miedo. Pero sus manos estaban tranquilas. Escuché tela moviéndose. Un ruido metálico. Algo frío se presionó sobre mi vientre. Con una mano, bajó mis medias hasta los muslos. Con la otra, sostenía ese algo metálico y frío sobre mi piel. Me quitó el atifaz. El thinguie metálico era una navaja.

-Esto es lo mínimo que va a pasar cada vez que te presentes con ropa interior. Manos atrás de la cabeza. Y deja de moverte.

Sacó la navaja y cortó mis calzones de ambos lados. Bajó el escote de mi vestido y cortó el brassiere por en medio y de los tirantes.
A los 19 años no poseía ropa interior cara, ni sensual, ni especial. Aún así, empecé a llorar (ahora pienso y fue una tontera ponerme a llorar por ropa interior del puto Soriana) Ignoró mis lágrimas y yo intenté mantener mi posición. Me quitó el vestido y volvió a ponerme el antifaz. Yo estaba sorprendida del poco efecto que mis lágrimas habían tenido sobre Él.

-Manos atrás.

Más ruidos de tela y de objetos chocando. Se acercó, tomó mi cabello con una mano y deslizó un collar sobre mi cuello. Era grueso y olía a piel nueva. Enganchó algo al frente del collar y dio un pequeño tirón hacia adelante, al que yo respondí avanzando.

Me guió hasta sentarme, se arrodilló para quitarme los zapatos, ató mis tobillos a las patas de la silla y mis muñecas a los descansa brazos. Su respiración siempre estaba tranquila y eso me mantenía calmada, a pesar de tener el corazón en las sienes.

-Siéntate derecha y no te muevas.

Fue imposible no moverme después de que prendió el vibrador y me subió las medias para mantenerlo en su lugar.

Se acercó a mi cara, me besó el cuello y me dijo al oído:
-No puedes venirte sin mi permiso, ¿está claro?
-Si–iii, Ma-aaaster.

Nunca había usado un vibrador. El primer orgasmo fue casi inmediato y obvio no pedí permiso. El se rió y me colocó una pinza en el pezón izquierdo. Las siguientes veces, pedí permiso. Le gustaba hacerme sufrir un rato y luego me decía: -Dale, con todo. El segundo orgasmo de contrabando me ganó la otra pinza. Me vine un chorro (jajaja) de veces. El me besaba la boca, el cuello, los pechos, los muslos, jalaba mi cabello y me decía cosas al oído que no recuerdo. Yo seguía conectada a esa cosa y casi gritaba de desesperación. Tercer orgasmo sin permiso y me quitó la primera pinza. La oleada de dolor opacó lo demás. Dejé de sentir el vibrador, mientras la sangre regresaba al pezón. Me quedé sin aire. Cuarto orgasmo robado, quitó la segunda pinza y le supliqué que lo apagara. No podía más. Mi cuerpo no podía con un orgasmo más. Sentía las medias empapadas, la silla, atrás de las rodillas, toda lo estaba mojada. Le suplicaba, pero no usaba la palabra mágica. La tenía en la mente, no la había olvidado. Pero realmente no quería que se detuviera. Quería saber hasta dónde podía llegar.

Apagó el vibrador del mal. Me desató mientras besaba mi frente. Jaló la correa hasta ponerme de pie. Se paró detrás de mi y me abrazó por la cintura, mientras que con la otra mano me quitaba el antifaz y el revoltijo de cabello de la cara.

Abrí los ojos y poco a poco pude ver que estaba frente al espejo. Había cuerdas en el piso, junto con mi ropa interior inservible. Mi Master estaba parado detrás de mi, sosteniéndome. Vi por primera vez el collar que tenía puesto, era un collar de perro, color morado. Tenía los pechos enrojecidos y había algo escrito sobre ellos:

PUTA

-Esto es lo que eres. Pero lo más importante es que eres MI puta. De nadie más.

Me vi a los ojos. Estaba sonriendo.

Me quitó el collar y me indicó que me sentara en la cama. Me ofreció agua y mientras la bebía acariciaba mi cabeza. Estaba agotada pero me preguntaba si eso había sido todo. Se dio cuenta de que algo estaba pasando por mi cabeza y me preguntó

– ¿En qué está pensando que se te quitó la sonrisa?
– En que si esto es todo o vamos a hacer algo más.
– ¿Quieres saber si te voy a coger hoy?
– …si.
– Jajajajaja, no chiquita. Eso te lo tienes que ganar. Si quisiera cogerte y ya, lo hubiera hecho la noche que nos conocimos en el bar. Tienes mucho que aprender y demostrar. Yo no me acuesto con cualquiera. Vete a bañar, si ya te puedes levantar y lo hablamos más a detalle con algo de comida caliente enfrente.

Y así lo hicimos. De haber sabido que era en serio lo de no underwear, no hubiera escogido unos jeans pegados y una fucking blusa blanca. Él estaba encantado y aunque a mí me daba pena al principio, no me importó que todo el restaurante me viera, porque estaba con Él.

Comentarios
Anónimo

Lo que pensamos es un proyecto que inicia con un grupo de amigas, sus ganas de escribir y mostrar al mundo lo que tienen en el borrador.


Te invitamos a leer el perfil de las colaboradoras, que estarán escribiendo *cada semana*, a menos que un grupo de alienígenas ancestrales las secuestren y les impidan contarles sus aventuras hasta que regresen.


@_loquepensamos


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