Qué sí es y qué no es la depresión – Parte 1


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Joder. Hay cosas fáciles de entender pero increíblemente complejas de explicar. Como por ejemplo el sabor del helado de menta con chocolate.

La depresión es una palabra que usamos como adjetivo, como sustantivo, como calificativo y todos tenemos imágenes en la cabeza de cómo se ve, y todos sabemos o creemos que sabemos cómo se siente.

Yo conozco algunas palabras para llamarle a la depresión:

LAS MIAS
– Misses Joy. Así la bauticé hace varios años. Le digo así porque vive conmigo, para darle nombre, porque se roba mi joyfullness.
– El monstruo. Acuñada recientemente por la psiquiatra que me atendió en el servicio de emergencias del Nacional de Psiquiatría. “Es un monstruo que has tenido bajo correa tres años, y como buen monstruo, a veces se fastidia”.

LAS DE LOS QUE NO TIENEN DEPRESION
– Tristeza (Wrong!)
– Hueva (Wrong!)
– Ganas de llamar la atención (Wrong!)

LAS DE LOS QUE TIENEN DEPRESIÓN
– Miedo.

LAS DE LOS DOCTORES
– Depresión clínica
– Depresión crónica
– Distimia

LAS DE LOS QUE NO TIENEN DEPRESIÓN, PERO LA CONOCEN A TRAVÉS DE TERCEROS Y QUIEREN SER EMPÁTICOS.
– Saudade
– Melancolía
– Sin ganas de vivir

Hay gente que necesita conocer las palabras y entender sus conceptos médicos para creer que existen y entonces creer que entienden la idea. Gripa por ejemplo. Hay gripa, resfriado, bronquitis, laringitis, influenza, infuenza H1N1, y aunque todos lo googlean y lo buscan en los diccionarios médicos algunos creen que es una infección, otros que es un asunto del clima, otros que es porque estás triste. Total que vale madre la información, porque la verdad es que las enfermedades son únicas y específicas en cada paciente. Claro que tienen cosas en común con otros pacientes, por eso los médicos pueden ayudarnos y a veces hasta curarnos, pero eso no quiere decir que estar triste sea estar deprimido.

Así que comencemos por ahí. Cuando digo que tengo depresión no me imaginen echada en mi cama, comiendo de un bote de helado con galletas de chocolate, con la mirada perdida y llorando incontrolablemente. Eso lo hago cuando la película lo amerita.

Después de años de padecer depresión, de vivir rodeada de gente deprimida, de enterrar a un par que vivieron y me educaron así… creo que la depresión es la incapacidad de no cuestionar a la vida y simplemente vivirla.

¿Me siguen?

Yo me sirvo un café, y no saben… no alcanzan a imaginar el placer que siento cuando saco los granos molidos y todo el olor se mete por mi nariz. Inhalo y siento claramente cómo todo mi planeta se detiene y mi columna vertebral se acomoda y todo es perfecto. Eso me pasa también cuando canto sin que me jodan. Cuando mi marido me saca a pasear en coche. Cuando me abraza de cucharita.

En esos momentos, en esos escasos y contados momentos mi cuerpo, mi mente y las miles de voces que hablan dentro de mi cabeza (eso lo explicaré en la parte 2) están todas en el mismo lugar y no nos preocupa nada. El resto del tiempo…

Una vez que sirvo el café me angustia que se caiga una gota, ensuciar la mesa de doña Geno en la oficina, perder demasiado tiempo en lavar la prensa, que no haya ofrecido café a alguien más que a Beto pero también por qué carajos voy a ofrecerlo ¿Ya te diste cuenta de la hora? No es normal, no es normal. No te acuerdes. El status de la cuenta. El perro… ahhhhh el olor…

Y yo sé que ustedes me van a decir que a todos nos pasa, que a ustedes les pasa, que muchas veces no consiguen detener las ideas en su cabeza, que tome clases de meditación y que respire.

Lo hago. Lo hago. Lo hago.

Gracias a eso aprendí a los 33 a subirme a un camión y no llorar. (Me rompí una muela en el ataque de ansiedad mientras apretaba la quijada, pero no lloré). Gracias a eso el 7 de marzo cumpliré un año completito de ir a una oficina, donde hay gente extraña, y contesto el teléfono y nadie se entera que soy como soy.

Pero mientras a ustedes el discurso interno les sigue y luego se duermen o van con los cuates y se ríen y se relajan yo sigo igual todo el maldito tiempo. Mientras sueño, cuando me baño, cuando le doy un sorbo al café y a veces esas voces, esas ideas se vuelven emociones tan intensas que acabo llorando de la nada, inmovilizada donde esté parada, temblando. A veces empiezo a hablar como si de eso dependiera que respirara.

Y para evitar que esas cosas pasen (que son los síntomas particulares de MI depresión que médicamente se llama Distimia), me dan medicinas. Y como todas las medicinas, a veces dejan de servir y hay que ajustarlas.

Y ahorita estoy en eso…

Y me senté a escribir esto porque en el camino de la distimia he aprendido una cosa: Si el sexo es tabú, la depresión más. Todos le tienen más miedo. Y ya estuvo bueno.

 

Post original en Echar el chal, publicado el 23 de febrero de 2012
Maríaisabel Mota
Vivo en eterno Social Media (rehab) y como de ello. Dirijo @PataPirata y por lo tanto, vivo entre animales. Escribo por necesidad de cordura, porque me gusta leerme. Soy padawan amateur, rescato Banthas, surfeo el caos.
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