Qué sí es y qué no es la depresión Parte VI – La nostalgia


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No me hallo. No arranco. No sé qué me pasa. Tengo un día de esos…

Explicar cómo te sientes se vuelve complicado cuando dentro hay un cúmulo de emociones que no cesan de dar vueltas y tu cuerpo se siente cansado, dormido, casi enfermo.

Sólo es un mal día. Mañana será diferente. Concéntrate en las tareas inmediatas y pronto se acabará. No cuestiones lo que pasó antes, no hay respuestas para el pasado. Aquí y ahora. Aquí y ahora. 

Te repites frases como esa porque las leíste en uno de tus muchos intentos por encontrar soluciones o respuestas a este impas en el que sientes que la velocidad del mundo es otra y que todo debería detenerse para que lo revises detalle a detalle hasta que lo entiendas y te deje de doler. ¿Pero por qué duele? ¿Qué más nos da cuántos coches hay en el tráfico y la cara que tenía la muchacha en los tacones con animal print? ¿Por qué nos preocupa? ¿En qué nos afecta?

Tienes derecho a sólo pensar en ti. Tienes derecho a sentirte única en el universo y al mismo tiempo a no sentirte sola. Tienes derecho a no preocuparte. No eres la respuesta a todo ni nadie te está pidiendo que lo seas, sólo tú. Shhhh… Aquí y ahora. 

El fin de semana retomé – en calidad de visita – una de las actividades que me corresponden en PataPirata y por alguna razón la experiencia fue abrumadora. Regresé a casa totalmente drenada, sin energía si quiera para dormir o ponerme la pijama. Por fortuna ya había plan para visitar a la familia, así que me disfracé de “puedo estar bien”, estrené públicamente mis primeros tacones y me vestí tan femeninamente como pude. Es un reto para mí hacerlo, fui educada a negar mi feminidad.

En casa de mi familia ahora me siento cuidada, no tengo la sensación de llevar el control de nada y eso me permite relajarme. Comí a gusto, platiqué a gusto. Abracé y fui abrazada. Sin embargo el menor de los desencuentros emocionales me regresa a un estado casi catatónico donde otra vez necesito esperar a ver que el mundo pasa y aprenderme cada hoja de una planta, cada desorden en la mesa del comedor, cada croqueta que dejaron fuera del plato…

“Tente paciencia, date chance” dijo Ju. Es algo que no me he permitido nunca. Ni la paciencia ni darme oportunidad de vivir sólo para mí, sin pensar en las consecuencias que los demás a mi alrededor sufran o imagino que sufrirán por mi ausencia.

“Déjate apapachar”, dijo Gammita, “lo difícil será desacostumbrarse a eso”.

¿Será que este vacío que siento en el pecho es una nostalgia por el apapacho que no recuerdo, por el que quise tener antes y ahora tengo pero por bueno que sea forzosamente me recuerda a la carencia del ayer?

Aquí y ahora. Aquí y ahora. Mañana será otro día. 

 

Publicado originalmente en Echar Chal el 26 de marzo de 2012.

Comentarios
Maríaisabel Mota
Vivo en eterno Social Media (rehab) y como de ello. Dirijo @PataPirata y por lo tanto, vivo entre animales. Escribo por necesidad de cordura, porque me gusta leerme. Soy padawan amateur, rescato Banthas, surfeo el caos.

Vivo en eterno Social Media (rehab) y como de ello. Dirijo @PataPirata y por lo tanto, vivo entre animales. Escribo por necesidad de cordura, porque me gusta leerme. Soy padawan amateur, rescato Banthas, surfeo el caos.