Salir de la burbuja de vacío


Este artículo se lee en: 3 minutos

Cuando sales de la casa de tus padres para querer ser “adulto” y vivir independiente, es cuando te das cuenta que todo este tiempo en realidad no sabes ni cómo cocinar un granito de arroz, cómo  debes separar la ropa para que no se pinte toda de color, cómo planchar sin que se queme  la ropa y cómo es posible que en un lugar donde viven dos personas ¡Pareciera que viven 10!

Recuerdo cuando intenté hacer una quesadilla la primera vez, tenía 26 años,  el resultado fue que se rompió la tortilla, porque no sabía que se debe de calentar primero la tortilla, para después ponerle el queso y voltear el manjar con un tenedor para no sufrir quemaduras de tercer grado. (si, fui una consentida durante 27 años y qué)

La rutina diaria de los que viven con sus padres y tienen a alguien que les ayude con los quehaceres domesticos consiste en: levantarse para ir a estudiar o trabajar, la mayoría deja la ropa en el piso, el tocador desordenado, el plato en el que se desayuna sucio y cuando regresan a casa todo esta muy limpio, sin ropa tirada, con el tocador recogido, los platos limpios y ordenados. Como si existiera un hada que lo hace todo por arte de magia.

Cuando sales a la vida “adulta” te das cuenta de dos cosas:

1. NO EXISTE EL HADA QUE LO HACE TODO POR ARTE DE MAGIA.

2. Tienes qué aprender a hacer cosas que nunca habías hecho como: cocinar, lavar el baño, la ropa, barrer… Y te das cuenta que para poder llegar a hacer lo que tenías en casa de tus padres, se necesitan años de experiencia, dedos quemados, cortados, comida quemada, comida que pensabas era una sopa y terminó siendo pasta aguada, ropa que será destinada a usar de pijama porque quedó pintada de otro color, PORQUE NADIE TE DIJO CÓMO HACERLO.

Recuerdo mi primer “platillo” que hice de recién casada; mi esposo estaba enfermo de la gripa y pues se me hizo fácil hacer un delicioso caldo de pollo (mi primer caldo de pollo en la vida), busqué la receta (Dios bendiga el internet y sus millones de consejos y tutoriales).

Llegó mi esposo y yo muy feliz con mi primer caldo de pollo en la vida y le dije “amor, hice caldo de pollo para que te mejores”, solo que olvidé un pequeño detalle, a mi esposo NO le gustan los caldos… así que su respuesta fue, “amor, pero no me gustan los caldos”, al final le dije algo asi como pues te lo comes (evitando las palabras altisonantes y la cara de monstruo que se me hizo)  y al joven no le quedó de otra mas que comerse el caldo de pollo. Obviamente hice caldo como si fueramos a comer 10 personas porque no supe medir y se hecho a perder el resto.

A lo largo de este tiempo, viviendo lejos del techo materno y de México, he aprendido a  que siempre hay que estar preparada para hacer comida fácil, en mi caso puedo comer pasta todos los días (la digestión lo agradece), aprendí a que la gente se quite los zapatos en la puerta de mi casa para que entre menos polvo y no ensucien tanto, aprendí que es mejor comprar platos desechables para las fiestas (o de plano ya no hacer fiestas por la pereza de levantar el día después), comprar ropa que no se arrugue fácil y no comprar tantas cosas blancas por aquello de que se vayan a pintar de otro color cuando te da el daltonismo a la hora de la lavadora.

¡Les dejo una foto de mi primer caldo de pollo en la vida! Tómenle foto a su primer platillo en modo “adulto” para la posteridad y guárdenla por siempre.

Mi primer caldo de pollo

Comentarios
Gloria Martinez
Ingeniera por profesión, soñadora por convicción. (Y me vale que eso sea más trillado que las canciones de José José en la fiesta a las 4 de la mañana)
Dicen que hay tres hombres en la vida de una mujer: El amor de su vida, el hombre de su vida y con el que se casa. El caso de esta chica de cabello chino como tallarín, es una excepción. Recién casada con el amor y hombre de su vida, nos platicará las peripecias de lo que es vivir en un mundo paralelo.
Suele escalar y hacer yoga, se ha metido tremendos sustos y ganas de dejarlo y dedicarse a algo menos peligroso (obviamente hablamos del yoga).
Amante de la comida mexicana y orgullosamente chilanga, adora viajar, fiestear y es adicta a las palomitas y casi cualquier cosa que desborde Valentina.

Transmitiendo desde Kassel, Alemania – Gloria, la que habla de si misma en tercera persona.

Follow: @glow_mtz

Ingeniera por profesión, soñadora por convicción. (Y me vale que eso sea más trillado que las canciones de José José en la fiesta a las 4 de la mañana) Dicen que hay tres hombres en la vida de una mujer: El amor de su vida, el hombre de su vida y con el que se casa. El caso de esta chica de cabello chino como tallarín, es una excepción. Recién casada con el amor y hombre de su vida, nos platicará las peripecias de lo que es vivir en un mundo paralelo. Suele escalar y hacer yoga, se ha metido tremendos sustos y ganas de dejarlo y dedicarse a algo menos peligroso (obviamente hablamos del yoga). Amante de la comida mexicana y orgullosamente chilanga, adora viajar, fiestear y es adicta a las palomitas y casi cualquier cosa que desborde Valentina. Transmitiendo desde Kassel, Alemania – Gloria, la que habla de si misma en tercera persona. Follow: @glow_mtz