Suicidio, la muerte de la muerte


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Han pasado seis años desde que intenté quitarme la vida. Seis años desde que alguien se dio cuenta de que quería aventarme de un puente, avisó a la policía y esta llegara un poco antes de que reprimiera totalmente el miedo que tenía. Cuando los vi llegar, mi reacción automática fue bajarme, como si estuviese haciendo algo ilegal.

Cuando me di cuenta de que seguía viva, después de este hecho que coronó un viaje de años en la auto-destrucción, mi desesperación no podía llegar a más. Comprendí que tenía que tomar una decisión: Encontrar una forma para que la próxima fuera definitiva o bien no querer hacerlo, porque yo ya no podía seguir viviendo como estaba.

Desde mi adolescencia tendía a la depresión, a los 23 fui diagnosticada con Trastorno Bipolar y a los 27 tuve un episodio de depresión mayor que marcó el inicio de lo que serían cuatro años de dolor profundo, continuo, agudo, crónico e incurable.

Cabe mencionar que soy una romántica empedernida. De esas que pueden enamorarse en la primera cita y hacen poemas al respecto. De esas que bien se identifican con lo que Frances Ha cree que es el amor:

…It’s that thing when you’re with someone, and you love them and they know it,
and they love you and you know it… but it’s a party… and you’re both talking to other people,
and you’re laughing and shining… and you look across the room and catch each other’s eyes…
but – but not because you’re possessive, or it’s precisely sexual… but because…
that is your person in this life…

Podría negarlo, pero la verdad es que el detonante de mis depresiones era casi siempre alguna ruptura o desilusión amorosa. Una y otra vez, el corazón se me partía en mil pedazos. Una y otra vez, mis historias me convencían de que esa persona con la que cruzaría la mirada en medio de una fiesta como Frances Ha describe, no solo nunca iba a llegar, sino que si llegaba, me iba a abandonar justo después de haberme mirado así.

Y junto con todo ese universo de desamor, el mundo se despedazaba frente a mi todos los días. Recuerdo estar caminando en la banqueta de periférico sur y creer poder escuchar los pensamientos de la gente que se cruzaba conmigo: “Todo esta destinado a fracasar”, “Estamos diseñados para mentir”, “La existencia es miserable”. Eran algunas de las cosas que pensaban. Fue la primera vez que tuve un alucinación.

La verdadera tragedia del suicidio, en mi experiencia, es que uno ya esta muerto. Esas son las únicas palabras que tengo para explicar porque uno querría quitarse la vida. Esos cuatro años, para mi fueron como haber sido un fantasma, y no lo digo como una metáfora. Físicamente, biológicamente no me sentía viva. Es una sensación difícil de explicar para quien no la ha experimentado,  la mejor forma que tengo de explicarlo es la siguiente:

Nacemos con el líbido activado. El líbido es mas que el instinto sexual, es el instinto de vida. Lo que hace que queramos reproducirnos, sobrevivir, seguir existiendo. Es algo tan gratuito y tan dado por hecho que ni siquiera pensamos en eso.  Es lo que hace sentir a uno conectado, lo que te hace saber que eres parte de un grupo, lo que hace que sepas que eres pariente de las plantas o de las estrellas. Tal vez suena ilógico esto último, pero independientemente de creencias religiosas,  hay algo que te hace saber que estás ahí, que existes, que estás VIVO.

Pero también existe el instinto de muerte o tanatos. Se ha manejado por muchos años la teoría de que algunos roedores como los Lemmings saltan a un rio en masa para acabar con su sobrepoblación. Esto para balancear a la especie por el bien de la mayoría y que todos tengan alimento y recursos suficientes. Se discute que esto sea del todo cierto, pero la realidad es que SÍ existe un impulso natural a la auto-destucción que es parte de la naturaleza humana.

Y ahí estaba yo todos esos años, pensando una y otra vez si acaso yo tenía algo que ver con los Lemmings. Estaba convencida de que no era pariente ni de las plantas ni de las estrellas.

Como “ex suicida”, me atrevo a decir que para que uno quiera atreverse a hacer tal cosa es porque el sufrimiento es profundo y difícil de soportar. Lo más complejo es explicar a las personas “sanas” o incluso con experiencias de vida peores como es que uno tiene la capacidad de ser tan infeliz, pero uno la tiene y ya.

El caso es que no me morí y tome una decisión. Decidí que si estaría viva, no podía ser de esa manera. No creía en dios, no creía en nada. No vi una luz en el horizonte. No apareció el hombre de mi vida, ni ha aparecido, no tuve una revelación ni una epifanía. Quería tenerlas, pero no fue así. Simplemente, decidí que intentaría encontrar la felicidad, y para eso se necesitaba fe, pero yo no era una persona de fe. Decidí experimentar que pasaba si la tenía y como siempre la razón me ha dado mucha lata, me dijo que si en dos años mas mi fe no me llevaba a ningún lado, entonces sí me mataría.

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Han pasado muchas cosas desde entonces, entre ellas, mas de dos años.

Ayer, me vi a mi misma tocando la batería en casa de un amigo mas o menos nuevo en compañía de su ex novia (que es mi amiga muy querida) y otro amigo. A los tres los quiero y disfruto. Le estaba ayudando a pintar su sótano de color blanco. Mi amigo me gusta, me gusta mucho y parece ser que yo le gusto también. Me dan maripositas cuando lo veo, a veces, no siempre, tal vez mi subconsciente las amarra. Puede ser que no me guste tanto y no lo se. También puede ser que nunca vaya a ser mi novio ni mucho menos el amor de mi vida. También puede ser que me proponga matrimonio el próximo año con un anillo de tréboles o que dentro de dos semanas nos vayamos de vacaciones. Quizá me decepcione y me lastime, agarre mi corazón y lo azote contra el piso como nunca nadie lo ha hecho antes. Puede ser, también, que sea el amor de mi vida y que me ame como nunca me han amado jamás. También puede ser que no pase nada y que mi vida siga dando vueltas, vuelcos y chispazos alegres, como siempre desde que CREO que puede ser así.

Lo que si se, es que el amor es mucho mas que todos estos melodramas y que nuestra conexión con el universo es lo que nos hace seguir de pie a la par del amor de los amores: el amor a uno mismo.

Mientras dábamos brochazos color blanco, mi amigo me contó que su hermano menor, que pronto cumpliría 25 años se había vivido en ese sótano y se había suicidado, me parece que en otro lugar. Me contó como es que por algún tiempo vivieron juntos y que realmente no se lo esperaba. Me contó que el tenía sus propios problemas en ese momento pero que un día le reclamó que no lo comprendía. Me contó que trataba de atenuar las cosas diciendo que nada podría ser tan grave y que su Mamá estaba preocupada. El le decía a la Madre que seguramente superaría sus problemas que eran los de un adolescente.

Yo le conté como mi Papá, la persona que mas me ama en este planeta, durante años me dijo que “no era para tanto” porque eso era lo que el creía, y yo le creo a el. Por esa razón todo ese tiempo no tuve la ayuda adecuada, pero que eso no fue su culpa. No entender algo así no es la culpa de nadie. Es casi imposible si se no se ha experimentado esa sensación casi y siempre las personas que tienen la idea de suicidarse se las arreglan para que los demás no se den cuenta de que quieren hacerlo.

Después mi amigo me platicó como dos años mas tarde, el mejor amigo de su hermano muerto, vivió en ese sótano y se suicidó también, pero no ahí. El día anterior le llevo de cenar y describió como estaba sonriente y lleno de energía pero no se comió la cena. Al día siguiente viajo a New Jersey y se mató ahí.

Yo le conté como yo,  los días anteriores de quererme aventar del puente, fui una castañuela y reí con varios de mis amigos y parecía perfectamente normal, lo que hizo que ellos no se lo esperaran y se enojaran conmigo, porque todo aquello podía interpretarse como la actitud de un actriz de melodrama adicta a succionar la atención de los demás para la sobre-vivencia de su ego. Y aunque algo haya de cierto, eso no quita que uno es rotundamente infeliz y quiere desaparecer.

Y ahi estaba yo, contándole mi historia a un hombre al que se le mató su hermano y el amigo de su hermano y con el que me encantaría tener una historia de amor. Ahí estaba yo sintiéndome la persona ideal para pintar ese cuarto con una nueva historia, una historia de sobrevivencia y felicidad. Ahí estaba yo, completamente nueva capaz de ser feliz sin importar si el mundo se me cae encima y si el amor fracasa de nuevo.

Han pasado seis años de que intenté quitarme la vida, y pocos de que soy feliz de cabo a rabo, porque es algo que algunos tenemos que aprender, cultivar y ejercitar. Creo saber lo que es estar muerto, nulo, desaparecido. Por alguna razón, pude regresar a hablar de ello. Esa razón, me parece, fue aquella decisión.

En un acto de fe, te hablo a ti, que se que estás triste y no puedes más. A mí me llevo unos ocho años la lucha en la oscuridad, la confusión y la tristeza y cuatro mas llegar a ser feliz después de haberme querido suicidar. A ti puede llevarte más, ojalá sea menos, y puede ser menos si decides creer un poco en mis palabras. Por favor, no te mates, porque tiene sentido que estés aquí y quiero decirte que pase lo que pase, el universo te tiene un regalo, te lo aseguro.

Comentarios
Andrea Velázquez

¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo.


En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk.


Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje.


Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac.


Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.


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¡Hola! Yo soy el Conejo y me gusta la comida Etíope. En realidad soy Andrea y quiero ser tu amigo. En la primaria me destaqué por pegarle a niños pequeños. En la secundaria tuve mi primer banda. Solo existió el logo. En la cena baile de graduación, bebí en exceso. Mi segunda banda se llamó “Las VírgeneSurgidas”. Tocábamos Hong Kong Garden. Cuando ya no estaba urgida, toqué en Violenta y usaba playera de Korn. A la gente le encantaba que le gritáramos “Piojo Bastardo”. Con “Vedette” grabé un disco y se concretaron algunas de mis convicciones musicales en un álbum con influencias new wave, shoegaze, electronica y punk. Estudié Diseño Gráfico de la Comunicación Audiovisual en la UNAM para que fuera gratis por si la botaba. Afortunadamente me encantó y desde entonces me dedico a diseñar y programar páginas web, ser instructora, ilustrar un poco, escribir en mis tiempos libres e involucrarme en otras labores creativas como el joyfull coding. He considerado seriamente el espionaje. Me encantan las mesitas de los aviones con su mini comida y opino que hay que seguir peleando por tener el lugar de la ventana. Disfruto caminar por el National Mall cuando la gente no anda disparándose, andar en bici y remar por el Potomac. Actualmente vivo en Washington DC. Me apasiona el yoga y me gusta leer el Tarot.