Todos somos animales


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Los seres humanos fuimos creando diferencias tangibles con nuestro entorno por alguna razón absurda. Los pulgares opuestos; la capacidad de crear herramientas y comunicarnos a través de dibujos, señas o sonidos, nos convirtieron lentamente en una especie dominante que se abría paso en un mundo de muchas esperanzas. Sin embargo, la única capacidad que nos brindo la oportunidad de ser llamados seres evolucionados, es precisamente la única que ocupamos en menor proporción: La inteligencia.

El ser humano lentamente comenzó una voraz ventaja contra su entorno, llegando al punto de ser considerado el mayor depredador del planeta. Más peligroso que el mismo tiburón. Más temible que el mismo león; todo por su increíble capacidad de ser indiferente con ese entorno que lo cobija.

En nuestros días, la presión social y psicológica que juegan las redes sociales nos han orillado construir una conciencia sobre muchos factores que desde hace muchos años se encontraban abandonados, y que hoy podemos, con un solo clic, horrorizarnos por los actos que como “humanos” realizamos. El maltrato animal se ha convertido en el tabú de está nueva era donde el repudio se vuelve exponencial ante la creciente ola de maltratos, y sobre todo, ante la falta de conciencia al ser dueño de un animalito de la raza, el tamaño y las características que sean.

Pero lamentablemente, la sociedad se encuentra en un punto donde lo más sorprendente deja de sorprendernos. El dolor, la violencia y la sangre se han convertido en un terrorífico pan nuestro de cada día que bombardea nuestros sentidos de una manera continua, extraña, vulgar. Pero afortunadamente la expresión más cruda de nuestros sentidos ha encontrado defensores que poco a poco nivelan la balanza antes las desgracias de animales que hoy por hoy, aún se encuentran completamente desprotegidos y ven en esos ángeles sin motivo un poco de esperanza.

Los cambios sociales han vaticinado un futuro prometedor a especies que lentamente ven hasta en las legislaciones un espacio antes impensado. La propuesta de “Circos sin animales” se convirtió en un tema sobre casi todas las mesas especializadas del país careciendo de un sentido común, impulsado siempre por ese beligerante fulgor humano. El prohibir la presencia de animales en circos sin antes controlar o supervisar la transición de los mismos, se convirtió en un nuevo problema para los Amigos de los animales. La clandestinidad con la que muchas de esas especies pueden ser vendidas, ejecutadas, o simplemente abandonadas a su suerte, se convirtió en un nuevo nivel más de preocupación en un país donde a contracorriente, se ha intentado dar identidad a los seres más “indefensos” del planeta que ahora tienen su futuro en nuestras manos de manera paradójica.

Pero existen realidades más terribles que las que podemos percibir por pagar un boleto; existen esas realidades que se viven en una azotea, un cuarto, una jaula.

La semana pasada me encontré una familia de cuatro integrantes mientras caminaba por uno de los parques de la ciudad. El niño más pequeño llevaba a un cachorrito de Pastor Alemán color negro de la correa. El cachorrro venía con su lengua de fuera atento al camino y mientras sus continuos lenguatezasos denotaban su “alegría” sus ganas de correr hacían evidente un estado de ánimo, que aun, los más escepticos a ellos queremos reconocer. Como es entendible y obviamente por la edad del cachorro, este se lanzó sobre unas hojas que volaban sobre el pavimento. De inmediato el niño, dueño de su correa, lo jala de forma cruel y lo patea pidiéndole que no se alejara ante la sonrisa cómplice de sus padres. Todos debemos tener disciplina, y obviamente los animales no están fuera de esa prerrogativa; pero para todo (como decía mi abuela) existen modos y formas que deben respetarse. La sonrisa del pequeño era desconcertante. Sus ojos brillaban ante el maltrato mientras que con las orejas agachadas el cachorrito recordó que tenía cosas más importante que hacer;  así que corrió hacía la hoja y volvió a jugar. Me quedé atónito ante el cuadro. Me quedé sin palabras. Asustado, completamente decepcionado de lo que somos.

Los humanos somos afectivos por selección. Somos afectivos con la gente que nos ignora, nos desprecia, nos humilla; y también somos afectivos con los que nos demuestran amor, pasión, amistad; pero los animales no; ellos (a excepción de los gatos) expresan sus estados de ánimo de forma casi natural, probablemente para nosotros, como una forma silente de lección de vida.

El ser cruel con los animales deja mucho que desear  de la persona que lo ejecuta El ser intolerante con un ser que nosotros escogimos habla muy poco de nuestra integridad. El ser violento con un animal que más adelante nos mueve la cola y nos observa a la distancia, habla mucho de lo indiferentes que nos hemos vuelto.

Si. Definitivamente la naturaleza ha sido sabía en muchos sentidos. Por si sola ha creado maravillas tan grandes como las cascadas de Iguazú o seres tan diminutos como las bacterias. Nos enseño a maravillarnos con la fuerza del elefante y a conmovernos con la entrega de los pingüinos. La naturaleza fue sabía al entregarnos a seres tan comprometidos con su paternidad como las zarigüeyas o seres tan maravillosos como las águilas…Pero…todo experimento siempre se basa en un principio de prueba y error, siendo el más grande, el que “más piensa” : El ser humano.

El entregarnos la responsabilidad de su creación fue un error garrafal que no tiene vuelta de atrás. Lentamente el termino incluyente (a veces sangrón) de #todossomos… se sale de contexto cuando tratamos de excluirnos de una ecuación donde no estamos incluidos, pero que, indirectamente somos responsables. #Todossomosanimales. Si. Pero no por que todos estemos preocupados por ellos…¡No!…. #Todosomosanimales, porqué desafortunadamente, con nuestros actos, estamos muy lejos de ser la raza con mayor capacidad de razonar; estamos muy lejos de ser la especie dominante; solamente somos eso, unos animales que vamos depredando nuestro entorno hasta que ya no quede nada más que matar, hasta que quedemos solos; con nuestro entorno destruido y nuestra conciencia vacía.

#todossomosanimales…¡preocupémonos por ellos!… tratemos de devolver en el trato a los animales, lo mucho que le hemos quitado a la naturaleza con nuestros actos.

Hasta la próxima.

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Edel López
Escritor. Columnista. Apasionado del cine, el fútbol, la lectura, los videojuegos y la lucha libre. Director de Permanencias Voluntarias. Locutor del programa de radio "Sin daños a terceros"

Escritor. Columnista. Apasionado del cine, el fútbol, la lectura, los videojuegos y la lucha libre. Director de Permanencias Voluntarias. Locutor del programa de radio "Sin daños a terceros"