Una carta para el amor a larga distancia.


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Cuando tienes una relación a distancia, (y no hablo de Satélite a Perisur) no hay quien repare en decirte: Amor de lejos, es de pendejos, o de pensarse, o felices los cuatro (favor de insertar aquí las variantes que se le ocurran).

La realidad es que no hay una verdad absoluta, he conocido parejas que lo han logrado, viviendo incluso a un continente de distancia, ahora son felizmente arrejuntados y/o casados.

Tampoco hay un secreto, es puro y real trabajo. Como los niños que aprenden a nadar y no dejan de intentarlo hasta que lo logran, o como el que ha perdido una parte de su cuerpo y ha aprendido a vivir con ello.

El amor a distancia es eso: Trabajo. Trabajar en permanecer enamorado y en tener una meta: permanecer juntos en el mismo punto del globo algún día.

Mi historia duró un año aproximadamente, todo comenzó como comienzan las relaciones que conozco hoy en día, un saludo de buenos días y pláticas de madrugada durante semanas. Broméabamos con vernos algún día y embriagarnos juntos en el Monumento a Lincoln mientras cada quien seguía con su vida.

Me repetía y te repetía que nunca usaría mi VISA para irte a ver. Nunca sucedió. O al menos, eso fue lo que dijiste al final.

Nunca escuchamos el Sea Change la primer noche que pasamos juntos, ni desperté la primera mañana en tu casa y me sentí completamente en mi hogar.

Nunca me presentaste a tu papá y a tu madrastra. Ese fin de semana solo imaginé que gritaste frente a tus amigos más cercanos, que habías encontrado a la elegida, mientras la fogata y los bombones con chocolate se consumían.

Nunca nos desvelamos hasta el día siguiente tratando de cambiar el mundo, ni tampoco fuimos al súper mexicano para que te hiciera de cenar, nunca bailé esa canción de Manu Chao mientras hacía tostadas de tinga y nunca alardeaste que las tostadas eran “the real mexican pizza”.

Nunca me despertaste con el desayuno en la cama, esas tiras de pollo con catsup y mostaza en forma de carita feliz fueron producto de mi imaginación.

Nunca fuimos a una fiesta hawaiiana con grados bajo cero, ni te hice beber más de 12 mojitos para probar que eras lo que tanto había esperado.

Nunca fuimos al parque de diversiones ni conocimos a un redneck que nos ayudó a pasar sin pagar, ni tampoco vimos a Lynyrd Skynyrd tocar para 100 personas después de habernos aventado por primera vez de un maldito bungee, a sabiendas de mi terror a las alturas y mi hipertensión.

Nunca me llevaste y embriagaste para subirme al micrófono abierto de coolcowcomedy.com, nunca plaeneamos ni escribimos una rutina en medio del tráfico, y jamás, gente desconocida y en otro idioma, me echó tantos elogios por mi “don de hacer reír” y notó mi “cierto parecido” con Margaret Cho.

Nunca te reíste de mí por mi obsesión con los cerezos y por cómo me pasé 45 minutos abrazada a uno mientras dabas vueltas en tu bicicleta por Tidal Basin.

Nunca me viste llorar en el concierto de The Album Leaf, ni me abrazaste mientras tocaban twentytofourteen, ni me susurraste al oído: “i’m so in love with you, i love you, i love you, i fucking love you”.

Nunca nos emborrachamos frente el Monumento a Lincoln con dos botellas de Pinot Noir, ni despertamos la última mañana con resaca fatal.

No hubo premisas, no hubo tiempo qué perder.

No manejaste hablando de incoherencias durante una hora mientras íbamos de regreso al aeropuerto, mientras yo, silenciosa, no podía pensar en otra cosa que no fuera mi corazón dormido entre tus cobijas. Corazón que unos meses después, se perdió junto con el olor de ese nefasto suavizante de ropa que usabas.

Nunca nos despedimos en silencio, ni nos abrazamos llorando mientras el oficial nos pedía que no hiciéramos más tráfico y que me dejaras ir “que seguramente no pasaría mucho tiempo para que nos volviéramos a ver”.

Nunca se rompieron corazones ni tampoco hubo planes de mudarme al Norte algún día…

“El amor es una cuestión de puntualidad, de nada sirve conocer a la persona indicada, si el tiempo o el espacio no son los precisos.” Esta es la mejor frase que se ha dicho en una película y me la creo. Lo creo porque es así.

Tal vez, de haber elegido otro continente para depositar mis ganas de enamorarme y ser feliz, mi historia sería distinta.

Guardo para mí, todos esos correos recibidos, la cursilería insipirada en mis pecas, las canciones dedicadas y las películas que te cambiaron la vida. No sé, tal vez, en algún momento de mi vida, las veré y escucharé otra vez.

Pero ¿Cómo se sobrevive a un amor a larga distancia? La respuesta es fácil: Honestidad y confianza.

¿Qué? ¿Pero quién habló de amores a distancia? No sé, no tengo respuestas, nunca lo he vivido, nunca he pasado por eso. No tengo idea ni sé ni por qué escribí esta entrada.

Comentarios
Lol Béh Vargas

No soy buena para las biografías.


Me gustan los chistes crueles, los tacos al pastor y dormir con mi perra de 43 kilos cuando hace frío.


Lol Béh Vargas

No soy buena para las biografías. Me gustan los chistes crueles, los tacos al pastor y dormir con mi perra de 43 kilos cuando hace frío.